El Banco Central (BCU) espera un “menor dinamismo” de la economía uruguaya en el primer semestre de 2026 que el que estimaba a principios de año y eso hará que el crecimiento en 2026 sea “más moderado”. A su vez, evaluó que se redujo el “mal llamado” atraso cambiario y estimó el impacto sobre la economía y la inflación en Uruguay de una mayor extensión del conflicto en Medio Oriente.
Esos y otros aspectos están contenido en el Informe de Política Monetaria (IPOM) del BCU correspondiente al primer trimestre de 2026, divulgado anoche.
Allí el Central analiza que en ese período “los indicadores de avance vinculados al consumo, registran señales positivas”. En ese sentido, “las ventas de automóviles crecieron en términos desestacionalizados 7,9% en el primer trimestre del año” y “el Índice de Confianza del Consumidor mejoró 0,7 puntos porcentuales en febrero respecto de diciembre, ubicándose nuevamente en niveles de moderado optimismo”.
Algo similar ocurre con “los primeros datos disponibles de 2026” del mercado laboral que “muestran leves señales de mejora en el margen”. En febrero la tasa de empleo en tendencia-ciclo aumentó 0,15 puntos porcentuales respecto a diciembre, para ubicarse en 59,8% y los puestos cotizantes al Banco de Previsión Social “presentaron un crecimiento desestacionalizado de 0,4% en el primer trimestre de 2026 con respecto al último de 2025”, recordó.
“En lo que refiere a los salarios reales, mantuvieron su tendencia de crecimiento, por lo que la masa salarial real continuó expandiéndose de forma gradual”, añadió.
En cuanto a los indicadores parciales de inversión, “en el primer trimestre del año las ventas de camiones aumentaron 12% desestacionalizado en comparación con el último del año pasado. Las importaciones de bienes intermedios sin petróleo y destilados, por su parte, exhibieron un aumento desestacionalizado en volumen de 0,9% en el primer trimestre del año (preliminar), mientras que las de bienes de capital presentaron una caída moderada de 2,4%”, indicó el BCU.
A su vez, “la información disponible para los primeros meses de 2026 muestra señales positivas para las exportaciones de bienes, mientras que los datos vinculados al turismo apuntan a caída en términos de gasto, luego de un dato favorable al cierre del año pasado”, indicó.
Con ese panorama “la proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se revisa a la baja, principalmente para 2026, debido a un menor dinamismo esperado en el primer semestre respecto al IPOM anterior”, señaló el documento, aunque no reveló cuál es la nueva estimación.
“Esto refleja la desaceleración de la segunda mitad de 2025 (menor efecto arrastre para 2026), el impacto de la sequía sobre la producción de soja y el efecto negativo del shock (por el conflicto de Medio Oriente) a los términos de intercambio. De esta forma, el crecimiento esperado para 2026 sería más moderado que el previsto” anteriormente agregó.
En cuanto a la inflación “parte de un nivel inferior, se acelera (con el riesgo de que este fuera de la meta de 4,5% para fin de 2026) hasta el primer trimestre de 2027 y converge a la meta a partir de entonces”, estimó el BCU. De hecho, según los gráficos que acompañan el reporte, recién en el segundo semestre de 2027 la suba de precios estaría en la meta. Aunque en ningún momento saldría del rango de tolerancia (de entre 3% y 6%).
El "efecto Medio Oriente" en la economía uruguaya
El BCU simuló el impacto de un shock sobre la economía uruguaya por una prolongación del conflicto bélico en Medio Oriente.
En ese sentido, “el marco de referencia es que el precio del barril de petróleo se mantiene a junio de 2026 un 55% por encima del nivel proyectado antes del inicio de la guerra”.
En el corto plazo, el efecto “sobre la inflación es de 0,58 puntos porcentuales acumulado hasta junio”.
A un plazo mayor, el “efecto Medio Oriente” se “traduce en un impacto acumulado de -0,7 puntos porcentuales en el PIB y de 1 punto porcentual en la inflación al cabo de cuatro trimestres”.
El "mal llamado" atraso cambiario
Respecto al “mal llamado” atraso cambiario (la denominación “atraso cambiario” corresponde a economías que fijan su tipo de cambio, algo que Uruguay dejó de hacer en junio de 2002) el BCU dijo que “en términos de precios relativos , la economía uruguaya se abarató frente a sus socios comerciales en el primer trimestre del año, a instancias de la depreciación del tipo de cambio y la trayectoria descendente de la inflación”.
Así, “en el promedio del trimestre (marzo, preliminar), el Tipo de Cambio Real Efectivo (TCRE) habría registrado una depreciación de 2% frente al trimestre anterior, explicado principalmente por la relación con Argentina y Brasil”, indicó el BCU. Es decir Uruguay se abarató en dólares 2%.
¿Cómo se puede determinar entonces el “mal llamado” atraso cambiario? Para ello el Central calcula el Tipo de Cambio Real de fundamentos, que no tiene en cuenta solamente la situación puntual del TCRE, sino que incorpora lo que marcan los fundamentos económicos, para determinar si hay brecha negativa (dólar ajustado por inflación “más barato” de lo que debería) o positiva (dólar ajustado por inflación “más caro” de lo que debería).
“La brecha del TCR —promedio de cinco metodologías que combinan modelos y filtros— se ubicó en –6,9% en el primer trimestre de 2026. Al cierre de 2025 esa brecha era de -9,9% por lo que el “mal llamado” atraso cambiario, se redujo.
Por otro lado, en cuanto al mercado de cambios, el BCU señaló que “a nivel de agentes, el primer trimestre se destacó por ventas de divisas de familias y empresas excepcionalmente altas, en donde a su pauta estacional se agregó, sobre todo en el cierre del trimestre, el abastecimiento de una mayor demanda de divisas de algunos agentes financieros”.
Las empresas públicas, como es habitual, “fueron en el principal agente comprador de divisas, comprando montos ligeramente inferiores a trimestres previos. Dentro del sector privado, las AFAP y los bancos en su conjunto demandaron dólares y aumentó la venta neta de divisas de familias y empresas”, agregó.
“La coyuntura internacional impulsó la demanda de dólares del sector financiero. El sistema bancario aumentó su posición en moneda extranjera y las AFAP compraron dólares para adquirir bonos globales del gobierno”, que se integran en esa moneda, explicó el reporte.
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