Análisis: un balance algo más positivo de la economía mundial en el año 2025

Tras lo anunciado por Donald Trump el pasado abril en relación a las políticas arancelarias, el crecimiento de la economía mundial sorprendió a las grandes regiones en este último tramo del año.

Economía mundial. Foto: Pixabay
Economía mundial. Foto: Pixabay.

Por Miguel Jiménez González-Antelo/BBVA Research
El panorama de la economía global en la segunda mitad del año está siendo más positivo de lo previsto alrededor de abril, cuando se anunció el choque proteccionista de la economía americana. El crecimiento ha sorprendido al alza en el tercer trimestre en las grandes regiones de la economía mundial, y las perspectivas inmediatas están lejos del fuerte enfriamiento que se avistaba a principios de año por temor a los aranceles, el freno a la inmigración y la incertidumbre política. Esa narrativa se ha visto contrarrestada por elementos nuevos que compensan los factores de inestabilidad.

Por un lado, las precauciones de la administración estadounidense han llevado a negociar unos tasas efectivas de aranceles bastante por debajo de lo que se presumía, por lo que el comercio global no se ha desacelerado notablemente y sólo el bilateral entre China y Estados Unidos se ha visto impactado claramente.

Pero, principalmente, el boom de la inteligencia artificial (IA) ha potenciado la inversión en EE.UU. y, pese a los temores de burbuja, ha generado un efecto riqueza en bolsas que suele tener un efecto potente sobre el consumidor americano. Esto, unido a los estímulos fiscales, los tipos de interés más bajos y la energía barata han compensado los malos augurios del proteccionismo.

Inteligencia Artificial
Inteligencia Artificial.
Foto: Canva

Así, las perspectivas apuntan a un crecimiento ligeramente superior al esperado hace unos meses. En EE.UU., tras el 2% previsto ahora en 2025 (+0,3 puntos por encima del escenario anterior), puede haber una ligera desaceleración en los próximos dos años, aunque menor de lo previsto (+1,9% en 2026 y +1,7% en 2027). La zona euro cerrará el año con un crecimiento de alrededor del 1,4% gracias al adelanto de exportaciones durante la primera mitad del año, pero se situará en torno a valores más cercanos a su potencial en 2026-27 (+1,1% y +1,3%, respectivamente), en parte apoyada en los estímulos fiscales.

En China se mantiene la idea de desaceleración estructural, pese a datos recientes algo mejores: 5% en 2025, 4,5% en 2026 y 4% en 2027.

En inflación, el mapa sigue siendo heterogéneo, pero sin cambios sustanciales. En EE.UU., la tasa ronda el 3%, sin señales de moderación, presionada por aranceles; en la zona euro se mantiene algo por encima del 2%; en China, cercana a 0%.

Ante las recientes sorpresas al alza en actividad y las dudas aún no resueltas sobre la inflación, los bancos centrales calibran una pausa larga. El Banco Central Europeo lo tiene más claro gracias a una inflación menor. Ha mantenido las tasas de referencia en el 2%, y el debate interno ha basculado desde plantearse más bajadas ante los temores sobre el crecimiento hacia un tono más balanceado y un debate sobre cuándo habrá que volver a subir tasas, aunque no parece que vaya a ser durante el próximo año.

Para la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, la situación es más compleja, dada la persistencia de la inflación y la división interna entre sus miembros. Tras los dos últimos recortes, el ciclo de bajadas podría ser más gradual y la tasa terminal puede acabar en el 3,25% en el segundo semestre de 2026 según nuestras previsiones.

Reserva Federal
Reserva Federal.
Foto: Archivo El País

Pero la mejora percibida recientemente no elimina las fuentes de inestabilidad ni evitarán que perduren el próximo año. Es cierto que el balance de riesgos está más equilibrado. La IA puede empezar a generar ganancias en productividad antes de lo previsto. Los aranceles y el freno a la inmigración parecen tener, de momento, menos impacto del esperado, aunque siguen presentando riesgos —no olvidemos que históricamente el impacto arancelario suele extender sus efectos en el medio y largo plazo—.

Las tensiones geopolíticas han disminuido por los acuerdos sobre Gaza y las iniciativas de paz sobre Ucrania, aunque estas son de resultado muy dudoso y nuevas fuentes de conflicto aparecen en el radar (en el Caribe, entre China y Japón, o la recién anunciada estrategia de seguridad nacional estadounidense). Y el riesgo de una Fed menos independiente —ante la ratificación de varios gobernadores regionales en febrero y el cambio de su presidente en mayo— podría generar inestabilidad en los mercados rápidamente si no se resuelve adecuadamente.

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