Redacción El País
María Corina Machado salió de la clandestinidad y se encuentra en Noruega. Nicolás Maduro sigue en Caracas aferrado a que su régimen se mantenga en el poder. Estados Unidos mantiene el despliegue militar en el Caribe. La pregunta por estas horas es: ¿y ahora qué pasará en Venezuela?
La líder opositora y premio Nobel de la Paz agradeció ayer jueves desde Oslo el apoyo de Estados Unidos para su salida de Venezuela y pidió ayuda a las democracias del mundo para bloquear los ingresos que permiten al dictador mantener su estructura. “Sí, recibimos ayuda del gobierno de Estados Unidos”, dijo Machado en una conferencia de prensa con el Instituto Nobel en Oslo, donde llegó la madrugada del jueves tras un viaje secreto.
También este jueves, durante una visita al Parlamento noruego, agradeció “a todos aquellos hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas” para que pudiera viajar a Oslo. Para Machado, las acciones de Trump en el Caribe han sido “decisivas para llegar al punto en el que se está ahora, en el que el régimen está más débil que nunca”.
Machado dijo desconocer si el presidente Donald Trump le ha marcado a Maduro un ultimátum, pero sí subrayó, en alusión a un cambio en Venezuela, que la oposición va “paso a paso” pero “hasta el final”. En su opinión, quien ha declarado la guerra a los venezolanos, ha sido Maduro.
Venezuela, subrayó Machado, volverá a ser libre y “la envidia del mundo”. En estos momentos, a su juicio, el país “afronta una crisis multidimensional”: no solo una crisis humanitaria, sino también una financiera, de servicios públicos y de seguridad.
Machado afirmó que lo primero que hay que hacer es “liberar” a Venezuela. Afirma que ella y su equipo están preparados para formar gobierno “desde el primer día” con Edmundo González Urrutia de presidente y que hay que reconstruir las instituciones del país para que pueda haber unas elecciones libres, en las que la ciudadanía pueda votar “sin miedo y con confianza”.
La líder opositora aseguró que era su “deber” ir a por el premio Nobel de la Paz “para llevarlo de vuelta a los venezolanos”, y dijo que volverá “pronto” a su país, donde llevaba más de un año en la clandestinidad por la persecución del régimen de Maduro.
Esta vuelta “será lo antes posible”, aunque aún no hay fecha ni tampoco detalles de cómo se realizará. Pero será “cuando se den las condiciones propicias” para su seguridad.
De momento, la opositora venezolana reveló que aprovechará para pasar “algunas horas” con sus amigos y la familia, para ir al médico y también para realizar “algunas reuniones que serán muy útiles antes de volver”.
El presidente del Comité Noruego, Jorgen Watne Frydnes, agradeció a Machado su lucha. En su opinión, Venezuela atraviesa “uno de los periodos más represivos en años”, en los que “el objetivo ya no es llenar prisiones, sino silenciar a aquellos que pueden movilizar a otros”.
Machado, dijo Frydnes, “es uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en la historia reciente latinoamericana”, y le transmitió una gratitud colectiva de que las amenazas recibidas no la hayan frenado, callado o evitado que ella pudiera estar presente en Oslo.
La presión de Estados Unidos al régimen venezolano se intensificó ayer, con sanciones financieras a tres sobrinos de Maduro, a los que acusa de tener vínculos con el narcotráfico. El Departamento del Tesoro incluyó en la lista de sancionados a Efraín Antonio Campo Flores, Francisco Flores de Freitas y a Carlos Erik Malpica Flores, todos ellos emparentados con la esposa de Maduro, Cilia Flores.
Los tres forman parte de una batería de sanciones de la Administración de Donald Trump que también afecta al sector petrolero venezolano, incluyendo a un empresario y seis compañías navieras, y bloqueando a seis buques.
Estas sanciones son un nuevo paso en la estrategia de presión de Trump sobre Maduro, tras haber incautado el miércoles un petrolero frente a las costas de Venezuela y haber destruido numerosas embarcaciones en el Caribe que, según Washington, formaban parte de una operación del narcotráfico vinculada con el régimen venezolano.
Washington ha desplegado una considerable fuerza de ataque y disuasión en la zona, con el mayor portaviones del mundo y decenas de cazas, así como miles de marines, a bordo de los buques en alta mar y en países como Puerto Rico.
Trump ha afirmado también que ha dado luz verde a su agencia de inteligencia, la CIA, para operar dentro de Venezuela.
El periplo hasta Oslo
El viaje a Oslo de María Corina Machado fue una odisea que comenzó con la salida de su país por vía marítima hacia Curazao, y se completó con un largo viaje en avión de casi 9.000 kilómetros a la capital noruega, con escala en Estados Unidos.
Durante las últimas semanas se tejieron distintas hipótesis sobre si Machado llegaría a Oslo para recibir el galardón, pues la líder opositora no aparecía en público desde enero y burlar la vigilancia del régimen de Maduro no sería fácil.
Sin embargo, Machado, de 58 años, llegó el jueves de madrugada a la capital noruega a bordo de un avión privado que, según las páginas de rastreo de vuelos FlightRadar24 y FlightAware, partió el miércoles por la mañana desde Curazao, una de las islas de los Países Bajos en el mar Caribe, situada a solo 65 kilómetros de la costa de Venezuela.
El diario The Wall Street Journal (WSJ) precisó que su travesía comenzó el lunes acompañada de dos personas. Primero tenía que salir de Caracas donde estuvo escondida en el último año hasta un pueblo pesquero costero venezolano, donde la estaba esperando una embarcación.
Ese primer viaje duró 10 horas, en las que Machado y sus acompañantes evitaron ser retenidos en diez puestos de control militares. La líder opositora llevaba disfraz y peluca.
En cuanto llegaron a ese pueblo pesquero el grupo descansó unas horas antes de embarcarse por el Caribe hasta Curazao, en un trayecto en el que encontraron fuertes vientos y un mar picado.
Antes de partir se pusieron en contacto con el Ejército estadounidense para advertirles de la identidad de los ocupantes de la embarcación y evitar que esta fuera atacada y confundida por una narcolancha.
El WSJ precisó que en el mismo momento en que Machado y sus acompañantes iban hacia Curazao un par de cazas F-18 de EE.UU. sobrevolaron durante 40 minutos el espacio aéreo venezolano sobre aguas del Golfo de Venezuela cerca de la ruta que iba a llevar al grupo a esa isla.
El relato que el diario hace de ese viaje precisa que Machado cuando llegó a Curazao el martes fue recibida por una persona de la Administración de Trump. El grupo fue a un hotel, pasó allí la noche y emprendió de nuevo el viaje de madrugada.
Según el registro de vuelo de FlightRadar24 y FlightAware, el avión que la llevó con destino a Oslo es un Legacy 600 del fabricante brasileño Embraer.
El aparato, con capacidad para 13 pasajeros, está matriculado en México, tiene como base el Aeropuerto Internacional Santiago de Querétaro y es operado por la compañía JetVip Business Aviation.
Para recoger a Machado, la aeronave partió el martes del Aeropuerto Ejecutivo de Miami Opa Locka, con destino al Aeropuerto Internacional Hato de Willemstad, capital de Curazao.
De allí viajó hasta el Aeropuerto Internacional de Bangor, en el estado de Maine, donde hizo una escala técnica. La última parte del trayecto, un vuelo de seis horas y 24 minutos desde Bangor hasta Oslo, concluyó cerca de la medianoche en la capital noruega.
En la madrugada del jueves en Noruega, Machado se reencontró en el balcón del Grand Hotel de Oslo con sus familiares, amigos, aliados políticos de varios países y decenas de venezolanos que la esperaron durante horas a la intemperie para recibir su saludo y festejar el Nobel.
Llamada a Putin
El dictador Maduro, por su parte, trata de conservar a los pocos, pero poderosos, aliados que le quedan. Ayer el presidente ruso Vladimir Putin reafirmó su apoyo a Maduro, en una conversación telefónica.
La llamada se produjo tras la captura el miércoles por parte de Estados Unidos de un petrolero frente a las costas de Venezuela, en medio del despliegue militar estadounidense en el Caribe iniciado a fines de agosto con el objetivo declarado de combatir el narcotráfico.
“Vladimir Putin expresó su solidaridad con el pueblo venezolano y confirmó su apoyo a la política del gobierno de Maduro, dirigida a proteger los intereses y la soberanía nacional ante la creciente presión externa”, informó el Kremlin.
Según la presidencia rusa, ambos mandatarios confirmaron además su “compromiso mutuo” con la puesta en marcha de proyectos ruso-venezolanos, especialmente en los ámbitos económico, energético y comercial.
El régimen de Maduro informó poco después que los mandatarios “reafirmaron el carácter estratégico, sólido y ascendente de las relaciones bilaterales”, según un comunicado de la cancillería venezolana.
Putin dijo a Maduro que “los canales de comunicación directa entre ambas naciones se mantienen abiertos de manera permanente, y aseguró que Rusia continuará apoyando a Venezuela en su lucha por hacer valer su soberanía, el derecho internacional y la paz en toda América Latina”, indicó el texto.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, negó ayer jueves que a Trump le preocupe la relación entre Maduro y Putin.
“No creo que eso preocupe en absoluto al presidente. Dejaré que él hable sobre ello”, dijo Leavitt en una rueda de prensa en la Casa Blanca.
La portavoz de la Casa Blanca descartó también que Trump haya hablado con su homólogo ruso tras su llamada con el venezolano. AFP, EFE
Colombia dispuesta a darle asilo al dictador
Colombia no descarta dar asilo a Nicolás Maduro, dijo ayer jueves la canciller colombiana, Rosa Villavicencio. Colombia podría otorgarle asilo a Maduro en caso de que llegue a un acuerdo con Washington, explicó.
“Si esa salida implica que él deba vivir en otro país o pedir la protección, pues Colombia no tendría por qué decirle que no”, dijo la diplomática en una entrevista con Caracol Radio. El presidente colombiano, Gustavo Petro, aseguró el miércoles que es “hora de una amnistía general y de un gobierno de transición” en Venezuela.
Villavicencio insistió en que esa “sería una solución para la situación” que vive la región en el marco del despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe para combatir al narcotráfico.
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