La muerte de un profesor deja a Cambridge con preguntas sobre raza y contratación

Jason Arday, el profesor negro más joven de la universidad, fue encontrado muerto el viernes. La universidad ignoró una serie de advertencias sobre su historia de vida y su trabajo académico.

Jason Arday
Jason Arday
Foto: captura de video/ Cambridge University

Cuando la Universidad de Cambridge entrevistó a Jason Arday para uno de los puestos de sociología más prestigiosos del mundo, él era un académico en los inicios de su carrera y, según los propios estándares de la institución, no estaba lo suficientemente cualificado.

Los requisitos de Cambridge, revisados por The New York Times, exigían “un historial de investigación sobresaliente de alcance internacional” y un “historial comprobado de éxito” en la supervisión de estudiantes de doctorado. Arday tenía un historial de publicaciones modesto y había saltado de una universidad a otra, sin permanecer el tiempo suficiente para supervisar un doctorado completo de tres años o más.

Cambridge lo contrató de todos modos en 2023, con lo que lo convirtió, a los 37 años, en el profesor negro más joven de la universidad en un momento en que la institución enfrentaba presión para diversificarse. Al hacerlo, Cambridge lo lanzó al foco internacional, dándole una plataforma en una de las universidades de élite del mundo para defender la diversidad académica y convirtiéndolo en un blanco para los críticos.

Arday fue hallado muerto en Londres el viernes, días después de renunciar a su puesto en medio de acusaciones de que había plagiado fragmentos de sus artículos, embellecido partes de sus memorias recién publicadas y fabricado aspectos de la historia de su vida. La controversia estalló en torno a profundas divisiones culturales: la raza, la neurodiversidad y la contratación académica.

En su carta de renuncia del 5 de agosto, escribió: “Ya no deseo sentir que vivo bajo el foco constante, donde cada aspecto de mi vida está sujeto a escrutinio y juicio público”. Añadió: “Este no es el final de mi trabajo. Es simplemente el final de este capítulo”.

Su familia dijo que, desde que empezó a trabajar en Cambridge, Arday había sido objeto de una campaña de escrutinio enfocada a desacreditarlo. Eso se volvió demasiado para él, afirmaron.

Sin embargo, es poco probable que las preguntas sobre la carrera de Arday terminen con su muerte, porque se trataban tanto de Cambridge como de él. La centenaria alma máter de Isaac Newton, William Wordsworth y de reyes y reinas, Cambridge, se enfrenta ahora a un profundo escrutinio sobre su toma de decisiones, incluso por parte de su propio profesorado.

Jason Arday en entrevista con Channel 4
Jason Arday en entrevista con Channel 4
Foto: captura de video

Aunque Arday no estaba lo suficientemente cualificado para su puesto, tenía una historia extraordinaria: una en la que le diagnosticaron autismo a temprana edad y presentaba retrasos en el desarrollo tan significativos que pasó toda su infancia en una escuela para niños con necesidades especiales. Según su relato, no habló hasta los 11 años ni leyó hasta los 18, y sin embargo logró obtener su doctorado y comenzar a dar conferencias magistrales en el circuito académico. Además, había corrido 30 maratones en 35 días con fines benéficos, una hazaña que lo habría colocado entre los atletas de élite del mundo.

Si, en retrospectiva, elementos de la historia de Arday parecían demasiado buenos para ser verdad, Cambridge ignoró repetidas señales de alerta. Una revisión de documentos internos de Cambridge y de entrevistas con excolegas y asociados muestra que, además de descartar a candidatos más experimentados para el puesto, los administradores se deshicieron públicamente en elogios hacia la erudición de Arday y en privado ignoraron las quejas sobre su trabajo. Se negaron a investigar las inquietudes sobre plagio y acusaron a sus críticos de llevar a cabo una “campaña vil” para desacreditarlo.

Las afirmaciones de Arday de que no hablaba eran falsas, dijeron a The New York Times un excompañero de clase y un profesional del habla que trabajó con él. Su supuesta trayectoria extraordinaria de preadolescente no verbal a doctorado no tenía precedente en la literatura médica, según expertos en retrasos del desarrollo y del habla. Eso debería haber encendido las alarmas en el comité de contratación de Cambridge, que incluía a un psiquiatra infantil que había investigado sobre el autismo, dijeron los expertos.

Antes de la muerte de Arday, comentaristas conservadores usaron su caída como prueba de que los esfuerzos de diversidad e inclusión se habían salido de control. Dijeron que Cambridge había estado tan ansiosa por diversificarse que los administradores permitieron que se nublara su juicio.

“Parece que se tragaron todo el cuento de la DEI”, dijo Jacob Rees-Mogg, un exlegislador conservador británico, a principios de esta semana en el pódcast Daily T de The Telegraph, refiriéndose por su sigla a la diversidad, equidad e inclusión.

Destacados académicos de izquierda coinciden en que Cambridge debe responder por sus decisiones. Dicen que el episodio ha alimentado el racismo y ha arrojado sospechas injustificadas sobre académicos de minorías con trayectorias destacadas.

Cambridge dijo el viernes que estaba “profundamente entristecida” al enterarse de la muerte de Arday. Un administrador, en una carta al profesorado el martes, calificó a las acusaciones de mala conducta como “una aberración” y algo “preocupante”. Por separado, un portavoz se negó a responder a una lista de preguntas sobre su contratación y su tiempo en la institución, citando una investigación independiente ya planificada: una indagación difícil que probablemente se volverá aún más incómoda tras la muerte de Arday.

Arday, por su parte, se había esforzado para silenciar cualquier cuestionamiento sobre sus credenciales. Cuando un periodista de Times Higher Education, una respetada publicación del sector académico, preguntó el año pasado por el plagio, un destacado bufete británico especializado en difamación contribuyó a impedir la publicación del artículo, según el periodista. Posteriormente, Arday denunció al periodista ante la policía.

Cuando un académico de otra universidad cuestionó su trabajo, Arday dio vuelta la situación y presentó una denuncia por racismo ante la otra institución, según una persona con conocimiento directo de la denuncia. Esa persona, al igual que algunas otras que hablaron con el Times, lo hizo bajo condición de anonimato para evitar verse arrastrada públicamente a la controversia.

Arday nunca abordó de manera directa las cuestiones sobre el plagio y fabricación de datos.

Pero lo que queda claro a partir de entrevistas y registros públicos es que Cambridge habría podido verificar con facilidad ciertos elementos de la historia.

"Es demasiado inverosímil"

Arday, hijo de migrantes ghaneses, creció en una vivienda pública en un barrio obrero y étnicamente diverso del sur de Londres. Desde pequeño, se determinó que tenía dificultades de aprendizaje.

Arday ha afirmado que, antes de los 11 años, podía entender el lenguaje pero no hablar. En 2022, antes de entrevistarse con Cambridge, dijo que había sido educado exclusivamente en una escuela para niños con necesidades especiales “con otros alumnos que tenían dificultades de aprendizaje y discapacidades físicas muy graves”.

En sus memorias, publicadas el pasado martes, dio una versión distinta al decir que asistió a una escuela convencional, pero que pasó tiempo aislado, solo, en un salón de clases, de nuevo sin hablar.

Ambos relatos son falsos, según personas que conocieron a Arday de niño y hablaron con el Times antes de su muerte.

Portada del libro de memorias del profesor Jason Arday
Portada del libro de memorias del profesor Jason Arday
Foto: Difusión

Un profesional del habla que trabajó de cerca con el joven Arday recuerda que tenía un retraso en el lenguaje, pero que hablaba tanto con niños como con adultos.

Un excompañero de escuela, Jonathan Stewart, recordó que Arday hacía bromas y ponía acentos juguetones en una minivan de camino a actividades de la iglesia cuando eran niños.

Aunque los niños no verbales ciertamente pueden aprender a hablar, incluso a una edad tardía, el rápido desarrollo descrito por Arday no tiene precedente en la literatura clínica, dijeron tres expertos en autismo y habla.

“En más de 40 años de práctica y estando muy familiarizado con la literatura, nunca he oído que ocurra algo así”, dijo Stephen Camarata, experto en ciencias del habla del Laboratorio de Discapacidades del Desarrollo de Vanderbilt Health. “Es demasiado inverosímil”.

El profesor negro más joven de Cambridge

Una cátedra titular en Cambridge, un puesto con financiamiento permanente que conlleva prestigio y apoyo para la investigación, se encuentra entre los empleos más codiciados del mundo académico.

Arday se postuló a una cátedra titular de educación. La universidad publicó la convocatoria a nivel internacional y reunió a un panel de nueve expertos para revisar a los candidatos.

El panel seleccionó a cuatro finalistas, a los que invitó a Cambridge para dos días de entrevistas. Arday competía contra otros tres académicos con más trayectoria, incluidas dos mujeres de color, según una persona familiarizada con el proceso de contratación.

Los artículos publicados por Arday y su tesis tenían decenas de errores gramaticales, además de citas idénticas atribuidas a personas distintas.

En Cambridge, a los finalistas se les pidió presentar un solo trabajo de investigación, según la persona familiarizada con el proceso.

No está claro qué trabajo presentó, ni si los miembros del panel de contratación revisaron los discursos y entrevistas de Arday. Si lo hubieran hecho, habrían encontrado elementos de su historia que resultaban inverosímiles, como la afirmación sobre los maratones, o que eran demostrablemente falsos, como su declaración pública de que había estado en la serie de televisión británica Seven Up. (El portavoz de Arday dijo hace poco que esa afirmación no debía tomarse de manera literal).

Los expertos señalaron que el panel de contratación de Cambridge estaba bien preparado para cuestionar las afirmaciones tan públicas de Arday sobre su infancia. Algunos miembros del comité habían publicado artículos sobre la enseñanza a estudiantes con discapacidades de aprendizaje y sobre la inclusión en la educación.

Un miembro influyente del panel de contratación, el psiquiatra infantil Paul Ramchandani, había publicado un artículo sobre musicoterapia para niños con autismo. Dada su experiencia, habría estado en posición de cuestionar la afirmación de Arday de que aprendió a hablar a los 11 años y a leer a los 18, dijo Howard Shane, director emérito del Centro para el Mejoramiento de la Comunicación del Hospital Infantil de Boston.

“Eso debió ser una señal de alerta”, dijo en una entrevista a principios de esta semana. “No hay ninguna duda de eso”.

Ramchandani y otros miembros del panel no respondieron a las solicitudes de comentarios.

El comité contrató a Arday, en una decisión que la jefa del departamento de educación describió en su momento como unánime. El extenso anuncio de contratación de Cambridge destacaba su extraordinaria historia personal, la cual generó cobertura mediática a ambos lados del Atlántico.

Cambridge tenía tan pocos profesores negros que estaba bajo presión por parte del profesorado y de los estudiantes para diversificarse. Había establecido metas modestas para aumentar las postulaciones de personas de color a puestos académicos.

En la BBC, la jefa del departamento de educación, Hilary Cremin, le dijo a Arday que era “el mejor del mundo en cuanto al tipo de investigación que haces”. Ella no respondió a las solicitudes de comentarios.

Las primeras dudas surgen

Tres meses después de la contratación de Arday, dos académicos británicos, Martyn Hammersley y David Harris, le escribieron en privado a Cambridge para alertar a los administradores sobre un posible plagio en uno de los artículos de Arday.

Cremin, la jefa del departamento, respondió que se había reunido con Arday, y que él había accedido a abordar las inquietudes sobre el artículo. También mencionó sus “experiencias continuas de racismo directo e indirecto”, junto con “problemas de salud significativos” que habían afectado su trabajo en el artículo en cuestión, según un correo electrónico que fue reportado por primera vez en el boletín de un exprofesor y en el sitio de integridad académica Retraction Watch.

Harris, cuyo trabajo ha cuestionado si el racismo está arraigado en la sociedad, respondió sugiriendo que Cambridge también revisara los otros artículos y la tesis de Arday. “El profesor Arday necesita con urgencia amigos críticos, en mi opinión, no aduladores”, escribió.

Nunca obtuvo respuesta, afirmó.

Cambridge tampoco actuó meses después, cuando revistas académicas agregaron correcciones a dos de los artículos de Arday. Luego, en septiembre de 2025, Times Higher Education le envió a Cambridge un expediente de más de 60 páginas que detallaba un aparente plagio en el trabajo de Arday.

Jack Grove, reportero y editor de la publicación, había reclutado a expertos para revisar la tesis de Arday.

Uno de ellos, David Sanders, de la Universidad de Purdue, le dijo al Times que, antes de emprender la revisión, no sabía nada sobre Jason Arday. Pero cuando Sanders se sentó a analizar la tesis, concluyó que estaba “ampliamente plagiada”.

Cambridge continuó con el respaldo a su profesor estrella, y le dijo a Grove que las preguntas sobre la tesis de Arday tendrían que ser abordadas por la institución que le había otorgado su doctorado, la Universidad Liverpool John Moores. Las inquietudes sobre su investigación, dijo Cambridge, de igual forma tendrían que ser atendidas por otros. Liverpool John Moores respaldó su doctorado.

En Cambridge, miembros del profesorado y aliados redactaron apresuradamente una carta en anticipación al artículo de Grove. “La integridad de la educación superior está en riesgo si no tomamos una postura y alzamos la voz contra los intentos sistemáticos de borrar la labor académica de las personas negras”, escribieron en la carta, cuya copia fue vista por el Times.

Pero el artículo de Grove nunca se publicó. Los abogados de Arday amenazaron con emprender acciones legales, y Times Higher Education lo canceló. Arday también presentó una denuncia policial contra Grove, lo que llevó a una investigación por acoso que luego fue desestimada.

Un escándalo estalla

Las acusaciones de plagio salieron a la luz pública el mes pasado cuando un exacadémico de Cambridge, Nathan Cofnas, escribió sobre ellas en su boletín. Cofnas es conocido por su trabajo, en el que sugiere que las personas negras están genéticamente predispuestas a ser menos inteligentes que las personas blancas. La universidad rompió sus vínculos con él en 2024.

Retraction Watch rápidamente amplió el reporte de Cofnas. Pero una vez más, Cambridge defendió a Arday, diciendo que era “víctima de una campaña vil para socavar su credibilidad, la cual debe detenerse”, según un correo electrónico al que tuvo acceso el Times.

Después de que surgieran nuevas dudas que ponían en tela de juicio la historia de Arday, este renunció. El tono de Cambridge cambió.

Senate House, Universidad de Cambridge
Senate House, Universidad de Cambridge
Foto: Universidad de Cambridge

Pero las consecuencias de que Cambridge promoviera con tanto entusiasmo la historia de Arday podrían durar años. “Esto realmente ha causado daño”, dijo Camarata, el especialista en habla, antes de la muerte de Arday.

Dijo que, a lo largo de los años, había recibido mensajes de familias de niños con autismo severo que tenían esperanzas de un milagro. “Nunca quiero quitarle la esperanza a nadie”, dijo, “pero esta historia realmente ha generado expectativas poco razonables y falsas esperanzas, y eso me molesta”.

Heidi Mirza, profesora emérita de educación en la University College de Londres, quien alguna vez fue mentora de Arday, dijo en una entrevista la semana pasada que él había sido perjudicado por la negligencia de los administradores universitarios en sus esfuerzos por demostrar su compromiso con la diversidad.

“Es un peón”, dijo, “cuya ambición lo hizo vulnerable”.

Georgia Gee, Susan C. Beachy y Kitty Bennett colaboraron con investigación.

Mara Hvistendahl es reportera de investigación en la sección Internacional. Puedes contactarla en mara.hvistendahl@nytimes.com

Megan Specia cubre el Reino Unido, Irlanda y la guerra en Ucrania para el Times. Radica en Londres.

Leo Sands es corresponsal radicado en Londres del centro de noticias de último momento de The New York Times.

Ali Watkins cubre noticias internacionales y está radicada en Belfast.Susan Dominus ha sido escritora de The New York Times Magazine desde 2011.

Georgia Gee, Susan C. Beachy y Kitty Bennett colaboraron con investigación.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar