Irán amenazó ayer domingo con "destruir infraestructuras energéticas, de tecnología de la información y de desalinización de agua” en Oriente Medio tras el ultimátum del presidente estadounidense Donald Trump el sábado, quien advirtió que atacaría centrales eléctricas iraníes “si no se reabre el estrecho de Ormuz en 48 horas”.
El cruce de amenazas avivó la preocupación sobre las plantas nucleares, tras más de tres semanas de una guerra que reta a la economía global por la posibilidad de que la fuerte alza del petróleo genere inflación. Trump -bajo una fuerte presión por el alza de los precios de los combustibles en un año de elecciones de mitad de mandato- dio un ultimátum a Irán para que reabra el estrecho de Ormuz. Por su parte, Irán impone un bloqueo casi total a esta vía marítima pero un número relativamente reducido de buques ha podido transitar por ella, alrededor de un 5% de su volumen previo a la guerra, según la consultora Kpler.
Si no se reabre esta vía clave para el comercio mundial de hidrocarburos, “Estados Unidos atacará y arrasará sus diversas CENTRALES ELÉCTRICAS, ¡EMPEZANDO POR LA MÁS GRANDE!”, dijo el presidente de Estados Unidos en un mensaje en Truth Social. Irán replicó de inmediato. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, amenazó con destruir “irreversiblemente” las infraestructuras energéticas, de tecnología de la información y de desalinización de agua de la región.
Además advirtió que esto hará subir los precios del petróleo por “mucho tiempo”.
Mientras tanto, hubo ataques iraníes sobre territorio israelí, y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, prometió que acabaría con los líderes terroristas en Teherán y en el Líbano, donde está el grupo Hezbolá que amenaza a Israel desde la frontera.
Irán busca desestabilizar el suministro mundial de hidrocarburos con sus ataques contra los países del Golfo. En otro frente, el grupo terrorista libanés proiraní Hezbolá afirmó que lanzó una salva de cohetes contra soldados israelíes en el norte de Israel. Y el ejército israelí atacó un importante puente situado en la principal carretera costera que conecta la región de Tiro con el resto del país, después de que el ministro de Defensa, Israel Katz, afirmara que el gobierno dio la orden de destruir más infraestructuras utilizadas por Hezbolá, como una forma de reforzar la seguridad en la zona.
En el sur de Israel, dos ataques de misiles iraníes dejaron el sábado más de un centenar de heridos y provocaron pánico. Uno de ellos alcanzó una zona residencial de Dimona, una ciudad que alberga un centro estratégico de investigación nuclear, en el desierto del Néguev, y causó una treintena de heridos. En el lugar del impacto, la magnitud de las destrucciones es impactante.
En ese contexto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, prometió que atacará “personalmente” a todos los dirigentes de Irán. “Vamos a ir a por el régimen”, dijo.
“Más semanas de combate”
Israel prevé varias semanas más de combates contra Irán y el grupo terrorista proiraní Hezbolá, declaró el general de brigada Effie Defrin.
“Ciudadanos de Israel, nos esperan más semanas de combates contra Irán y Hezbolá”, afirmó Defrin en una rueda de prensa televisada. El portavoz militar aseguró que no permitirán que Irán ni sus delegados “amenacen a los ciudadanos de Israel o la existencia del Estado de Israel”. De su lado, el jefe del Estado Mayor, el teniente Eyal Zamir, dijo: “La operación contra la organización terrorista Hezbolá no ha hecho más que empezar. Es una operación a largo plazo”.
Irán justificó los misiles lanzados hacia Dimona - a cinco kilómetros del centro de investigación nuclear israelí - como una “respuesta” a un ataque “enemigo” contra uno de sus complejos nucleares en Natanz. Sin embargo, el ejército israelí aseguró “no tener conocimiento” del ataque de Natanz. La televisión pública Kan lo atribuyó a las fuerzas estadounidenses.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), advirtió que con estos ataques contra instalaciones nucleares, el conflicto entró en una “fase peligrosa”.
Israel está considerado el único país dotado de armas nucleares en Oriente Medio pero mantiene una política de “ambigüedad estratégica” por la cual no lo confirma ni lo desmiente.
Bessent
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, defendió ayer domingo los ataques de EE.UU. e Israel a Irán asegurando que a veces es necesario “escalar” para “desescalar”.
En una entrevista con el programa ‘Meet the Press’, de NBC News, Bessent indicó que la Fuerza Aérea y la Armada iraníes están “completamente destruidas” y que cada día EE.UU. elimina misiles de Irán y las fábricas que los construyen. “¿Está el presidente en proceso de desescalar esta guerra o de volver a escalarla? No son mutuamente excluyentes. A veces hay que escalar para luego desescalar”, apuntó el secretario del Tesoro.
Bessent indicó además que Estados Unidos está llevando a cabo una campaña militar para “debilitar las fortificaciones iraníes” a lo largo del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que transita el 20 % del crudo mundial. También aseguró que el sistema de mando y control del régimen iraní “está sumido en el caos”: “La mayor parte de lo que se ve son acciones de lobos solitarios”.
La guerra por el agua potable
Los ataques a infraestructuras hídricas son poco habituales en tiempos de guerra, pero irrumpieron en la de Oriente Medio con bombardeos contra plantas de desalinización, un sector esencial para millones de personas en la región. Una planta desaladora en Baréin sufrió daños ayer domingo tras un ataque con drones iraníes, afirmaron las autoridades locales, un día después de que Teherán acusara al país de una ofensiva similar en Qeshm, en Irán, que habría afectado al suministro de agua de 30 pueblos. “El agua es la vida”, comentó ayer domingo en X el ministro emiratí de Relaciones Exteriores, Abdalá bin Zayed al Nahyan, quien se comprometió a que nadie “pase sed”. Este tipo de agresiones son aún limitadas, pero según Esther Crauser-Delbourg, economista especializada en agua, “el primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual”.
En una de las regiones más áridas del mundo, las plantas desaladoras desempeñan un papel fundamental para la economía y el consumo de agua potable de millones de habitantes. Alrededor del 42% de la capacidad global de desalinización se concentra en Oriente Medio, conforme a un reciente estudio publicado en la revista Nature. En Emiratos Árabes Unidos, el 42% del agua potable procede de estas plantas, mientras la cifra asciende al 70% en Arabia Saudita, al 86% en Omán y al 90% en Kuwait, según estudios. AFP
Con información de EFE y AFP