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Hamás desató terror inédito en Israel; lanzó misiles, dejó al menos 600 muertos y tomó rehenes

"Todos los lugares en los que Hamás está desplegado, escondido y operando, los convertiremos en islas de escombros", respondió el primer ministro israelí.

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Ataque de Hamás en Israel.
Ataque de Hamás en Israel.
Foto: Baz Ratner / AFP

Redacción El País
"Estamos en guerra". La frase del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, sonó tan fuerte como los misiles lanzados por la organización terrorista palestina Hamás en la madrugada del sábado. El ataque fue por aire, mar y tierra desde la Franja de Gaza, e incluyó el secuestro de soldados y civiles israelíes. Hasta la mañana de este domingo, se estimaba al menos 600 muertos, además de 1.600 de heridos.

El ejército de Israel, que fue tomado por sorpresa, indicó que anoche aún libraba combates en unos 22 lugares con “cientos de infiltrados”.

“Estamos en guerra”, declaró Netanyahu al ordenar la movilización de reservistas. “Las Fuerzas de Defensa de Israel están a punto de utilizar todo su poder para destruir las capacidades de Hamás”, dijo Netanyahu en un discurso televisado. “Los destruiremos y vengaremos con fuerza este día oscuro que han impuesto al Estado de Israel y a sus ciudadanos”, subrayó.

Además, el primer ministro israelí llamó a los habitantes de Gaza a evacuar la franja ante la inminente ofensiva. “Les digo a los residentes de Gaza: váyanse ahora porque actuaremos con fuerza. Todos los lugares en los que Hamás está desplegado, escondido y operando, los convertiremos en islas de escombros”, advirtió.

Calificando los ataques de este sábado como algo “nunca antes visto en Israel”, el primer ministro prometió ganar la guerra, aunque advirtió que “el precio será alto”.

El Ministerio de Energía ordenó ayer cortar el suministro de electricidad a Gaza, un enclave de 362 km2 donde viven 2,3 millones de palestinos.

El ejército israelí acusó a Hamás de cometer masacres contra los civiles en sus propias casas.

Los terroristas palestinos difundieron imágenes del secuestro de varios israelíes.

“Hay soldados y civiles secuestrados. No puedo dar cifras en este momento. Es un crimen de guerra cometido por Hamás y pagarán las consecuencias”, admitió el portavoz del ejército israelí, Daniel Hagari.

El jefe de Hamás, Ismail Haniyeh, proclamó en la televisión Al Aqsa, dirigida por el grupo armado, que vislumbraba una “gran victoria”.

Esta guerra, la sexta entre Israel y Gaza en los últimos 15 años, puso en alerta a la comunidad internacional.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunirá este domingo para abordar la situación. Estados Unidos, la Unión Europea y la mayoría de los países de América Latina, entre ellos Uruguay, condenaron estos ataques de Hamás, que no dudaron en calificar de terroristas.

La embajadora de Israel en Uruguay, Michal Hershkovitz, dijo a El País que la primera acción que hará su gobierno será “sacar de Israel a todos los terroristas”.

Los ataques de Hamás fueron celebrados por dos enemigos de Israel en la región, el movimiento chiita libanés Hezbolá e Irán.

La ofensiva se desencadenó hacia las 06.30 hora de Israel (media hora después de la medianoche en Uruguay) con el lanzamiento de miles de cohetes desde la Franja de Gaza.

El brazo armado de Hamás reivindicó el ataque e Israel respondió bombardeando objetivos del grupo terrorista palestino.

En la ciudad de Sederot, a escasos kilómetros del enclave palestino, un periodista de la AFP vio cuerpos de civiles tendidos en la calle.

“¡Manden ayuda, por favor!”, suplicaba una mujer israelí junto a su hijo de dos años, mientras un grupo de milicias abría fuego contra su casa, describieron los medios israelíes.

Las sirenas sonaron tanto en el sur de Israel como en Jerusalén y la policía pidió a la población permanecer cerca de los refugios antiaéreos.

Compañías aéreas como Iberia, Lufthansa, Transavia, Swiss, Aegean Airlines y Air France anularon sus vuelos de este fin de semana a Tel Aviv.

El general israelí Rassan Alian, al frente del órgano del Ministerio de Defensa que supervisa las actividades civiles en los Territorios Palestinos, afirmó que Hamás había “abierto las puertas del infierno” y que “pagaría las consecuencias”.

La operación israelí de represalias ha sido llamada “Espadas de hierro”. Hamás, por su parte, bautizó su operación como “Diluvio de Al Aqsa”.

Esta guerra que acaba de comenzar entre Hamás e Israel tendrá consecuencias en todo Medio Oriente.

Israel normalizó hace décadas sus relaciones con los vecinos Egipto y Jordania y en 2020 añadió otros tres Estados árabes a la lista -Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos- y está en negociaciones para establecer relaciones con Arabia Saudita con la mediación de Estados Unidos.

Israel, Arabia Saudita y Estados Unidos tienen un enemigo en común: Irán, que financia y apoya a los grupos armados palestinos.

El 22 de septiembre pasado, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Netanyahu se mostró muy optimista de cómo venían las conversaciones con Arabia Saudita. Tras calificar los acuerdos de Abraham de 2020 para normalizar las relaciones con tres estados árabes como “el amanecer de una nueva era de paz”, Netanyahu anunció que “estamos cerca de un avance aún mayor en la paz histórica entre Israel y Arabia Saudita”.

También el príncipe heredero saudita, Mohamed ben Salman, había anunciado por esos días en el canal estadounidense Fow News que la monarquía sunita y el Estado hebreo estaban “cada día más cerca” de una normalización de sus relaciones.

Sin embargo, este acercamiento a los países árabes tiene una piedra en el zapato: según Netanyahu, son los palestinos los que se oponen a la paz con Israel con “su constante demonización del pueblo de Israel”.

Ahora, la nueva guerra con Hamás, medio siglo después de la de Yom Kipur, puede hacerlos retroceder varios casilleros en el tablero de Medio Oriente.

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