Guillermo Lasso: "Hoy, el debate en América Latina es entre democracia y populismo"

En entrevista con El País, el expresidente de Ecuador habló sobre el escenario político que atraviesa América Latina; además dijo que la región tiene una "agenda pendiente en materia de IA".

Guillermo Lasso
Guillermo Lasso, expresidente de Ecuador.
Foto: Estefanía Leal

Con más de 40 años de trayectoria en los ámbitos público y privado, el expresidente de Ecuador Guillermo Lasso (2021-2023) es una influyente figura política y empresarial en el continente.

Se define a sí mismo como “liberal, demócrata y humanista”. Invitado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), participó de un coloquio en Montevideo acerca del escenario político actual de América Latina, los cambios que atraviesa la región y los desafíos de los próximos años. Sobre estos temas, la seguridad y la inteligencia artificial reflexionó en diálogo con El País.

-Usted fue candidato tres veces antes de ganar. Ese proceso de tres derrotas, ¿es algo que le recomienda hoy a alguien que quiere hacer política en América Latina ¿O cree que la concepción de política como servicio se está perdiendo?

-La política es un servicio, es la mejor herramienta para servir a tu país, a los ciudadanos. Mi visión sobre lo que está pasando en Latinoamérica es que el debate hoy no es entre derecha e izquierda. Yo creo que el debate hoy es entre democracia y populismo. Y la democracia no es monopolio del centro derecho o de la derecha, ni el populismo es un vicio exclusivamente de la izquierda. Hay gobiernos de izquierda que son democráticos y hay gobiernos de derecha que son populistas. Hay quienes están diciendo que Latinoamérica está dando un giro hacia la derecha y hacia el liberalismo. Yo pienso que hay algunos presidentes -no quiero entrar en problemas con ninguno- que no nos representan ni a los liberales ni a la derecha.

Guillermo Lasso
Guillermo Lasso, expresidente de Ecuador.
Foto: Estefanía Leal

-Aunque no quiera dar nombres, ¿a qué se refiere en cuanto a la no representatividad del liberalismo? ¿Es en lo económico, en lo social?

-El debate entre izquierda y derecha siempre era que la derecha no es humanista y la izquierda es humanista. Eso no es verdad. Es una catalogación injusta e inaceptable porque en mi caso, que me defino como demócrata, liberal y humanista, cuando fui presidente del Ecuador en dos años y medio, hice mucho más en lo social de lo que hicieron algunos gobiernos de izquierda.

-¿Qué quedó trunco al haber entregado el gobierno en 2023?

-Por ejemplo, el programa de lucha contra la desnutrición crónica. Mi gobierno fue el primero en la historia d la República del Ecuador que tomó ese tema como un desafío. Yo tomé el Ecuador con un indicador del 23%, y avalado por los organismos multilaterales quedó ese indicador en 20,1%. Logramos bajar y el número de niños salvamos a 20.000 niños de la desnutrición crónica. Eso, que para mí fue muy importante, quedó trunco. Como también otros programas, como “El hincha de mi barrio”, que era un proyecto social que reunía a los jóvenes de un barrio para jugar fútbol y para capacitarlos en valores. Esos proyectos quedaron truncos. Mi objetivo era quitarle los niños a los narcodelincuentes, evitar que ellos los preparen en el sicariato. Que el Estado se haga presente con una preparación virtuosa de los niños y evitar que sigan la ruta de la delincuencia y del narcotráfico.

-Es llamativo lo del “Estado presente” cuando la derecha latinoamericana, hoy en día, parece ir por el camino contrario.

-La realidad educa. Cuando se encuentra uno con una realidad social de una violencia en las calles que iba creciendo, y veía el fenómeno de que estos mafiosos narcotraficantes captaban a estos niños para prepararlos para el sicariato. Yo decía: “Bueno, tengo que competir con ellos de alguna manera eficiente”. Que el Estado se haga presente en cómo enfrentar y solucionar ese problema. Porque uno no puede ser indiferente. Los antecedentes míos de banquero, de ser un liberal de derecha, llevan a pensar “qué raro este individuo, que piensa que el Estado tiene que estar presente”. Sí, por supuesto que tiene que estar presente, de manera eficiente y combatiendo la corrupción. Porque la honestidad no es patrimonio ni de la derecha ni de la izquierda. La honestidad es patrimonio de quien quiere practicarla. Y yo la practiqué desde el primer día de gobierno, suscribiendo un código de ética al que yo me sometí.

-En cuanto a la seguridad y el narcotráfico, ¿cómo ve el modelo de Colombia y la autorización a que Estados Unidos pueda operar militarmente en ese país? ¿Es parecido al modelo que usted imaginaba?

-Yo negocié y firmé cuatro o cinco convenios importantes con los Estados Unidos en materia de seguridad. Me parece muy bien que el gobierno actual los utilice y actúe bajo ese marco para luchar contra el narcotráfico y contra los grupos delincuenciales organizados. Ahora, lo que yo planteaba desde la época del gobierno de Joe Biden, cuando fui presidente, es que deberíamos reunirnos en una cumbre por la seguridad en América Latina. Porque la seguridad no tiene ideología. Y en la cumbre que yo planteaba hablaba de homologar el código penal de los países latinoamericanos. Compartir los servicios de inteligencia y algunas otras cosas más. Una vez que América Latina se pusiera de acuerdo, negociar con Estados Unidos y luego con Europa. Llegó el presidente (Donald) Trump y adelantó el proceso. No digo que me escuchó y que hizo lo que yo dije, en lo absoluto. Eso sería una presunción inaceptable de mi parte. Pero lo que ha hecho el presidente Trump con este escudo de seguridad es que hoy se estén reuniendo países latinoamericanos para hablar del tema. Ojalá estuvieran todos, todos, porque la seguridad no es un tema ideológico.

Guillermo Lasso
Guillermo Lasso, expresidente de Ecuador.
Foto: Estefanía Leal

-Usted dice ser proamericano, pero hubo una relación muy importante con China durante su mandato. Las vacunas contra el covid-19, ni que hablar el comercio. ¿Cómo hace que converjan esas dos posiciones en un mundo como el de hoy?

-La invito a transportarnos al año 2021. Yo asumí el mando en mayo, plena pandemia. No había vacunas en América Latina. Y cuando llegué al gobierno, apenas al 3% de los ecuatorianos estaba vacunado. El gobierno previo al mío cometió la indelicadeza de que las primeras vacunas que compró fueron para vacunarse ellos y los familiares de los funcionarios del gobierno. Cuando yo llegué, me planteé el desafío de vacunar al 53% los ecuatorianos en 90 días con dos dosis. Y el país que estuvo dispuesto a proveernos de la vacuna fue la China. Yo necesitaba salvar a los ecuatorianos. Era mi obligación moral, mi obligación ética. Tengo la posibilidad de conseguir vacunas chinas, pues voy con los chinos. Y me proveyeron de 30 millones de dosis, de un total de 53 millones que requirió el Ecuador para el proceso de vacunación. Luego el presidente Xi Jinping me invitó a visitar China con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno. En febrero de 2022 tuvimos una reunión, hablamos y le agradecí por las vacunas. Le planteé un tratado de libre comercio. Le planteé renegociar la deuda china, que era un misterio en el Ecuador. Se transparentó todo y nos amplió el plazo de la deuda, lo cual nos generó flujos en un momento en que todos teníamos un problema fiscal por la pandemia. Me dijeron que China no condiciona políticamente a ningún país con el que colabora económicamente. Y China nunca me condicionó políticamente. Por lo tanto, hay un dicho popular que dice “uno habla de la feria según le vaya en ella”. A mí me fue muy bien con China y yo tengo que contar esa buena experiencia. Eso no me hace prochino porque con los Estados Unidos negocié temas de seguridad. Es pragmatismo.

-¿Cómo deberían actuar los países de América Latina para no caer en una dependencia, quizá por default a veces, de Estados Unidos o de China?

-Yo soy pragmático. Mis lentes son bifocales. Con la parte alta miro de lejos, con la parte baja miro de cerca. Hay que llevarse bien con China, con Estados Unidos, con Europa. Países pequeños como el Ecuador no tienen la posibilidad de decir “no, yo no quiero ser amigo tuyo, yo soy amigo de este”. El haber negociado un tratado libre de comercio con China no implica llevarse mal con los Estados Unidos. Y sobre América Latina quiero decir algo más, una reflexión de las últimas semanas, cuando se ha hablado mucho de la inteligencia artificial. Algunos optimistamente, otros pesimistamente. Yo creo que ahí también América Latina tiene una agenda pendiente donde claramente están compitiendo Estados Unidos y China. Pero esto nos va a impactar al mundo entero. Ahí está otro tema importante para una cumbre de América Latina. Y este no es un tema ideológico. Este es un tema tecnológico, donde se pueden poner de acuerdo y decir: “A ver, ¿cómo nosotros nos ubicamos en este panorama global, donde los grandes jugadores son Estados Unidos y China, y nosotros estamos acá en medio? ¿De qué manera nos posicionamos para que esa nueva corriente tecnológica que va a generar? Yo soy optimista y no pesimista. No tengo miedo de que mis nietos vivan en este mundo, en el mundo actual, con estas nuevas tecnologías. Ya sucedió con la revolución industrial, el temor de la pérdida de empleo, el temor de cómo una máquina puede sustituir al hombre. Y mire todo lo que ha sucedido desde la revolución industrial hasta ahora. Por lo tanto, yo soy católico, apostólico y romano, y yo creo que Dios es bueno y Dios no va a permitir al mundo un peligro que amenace con su existencia. Yo creo que el hombre tiene ahí la obligación y la capacidad de manejar con prudencia todos estos descubrimientos de la mente humana. Y es muy difícil oponerse a su desarrollo. Si yo tuviera una reunión con todos los presidentes de América Latina, les diría: ahí tienen un tema para una cumbre. Seguridad y tecnología; seguridad e inteligencia artificial.

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