La administración de Donald Trump inició el desmantelamiento de la Iniciativa de Observatorios Oceánicos (OOI, por sus siglas en inglés), una red científica de US$ 368 millones compuesta por más de 900 instrumentos submarinos en los océanos Atlántico y Pacífico. Esta medida, que afectará la recolección de datos críticos sobre la salud de los océanos, corrientes marinas, variabilidad climática y biodiversidad en plena crisis climática, ha generado una profunda alarma y rechazo en la comunidad científica global y en la oposición legislativa estadounidense.
El impacto científico del recorte ambiental
La Fundación Nacional de Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés) anunció formalmente la reducción de elementos de la Iniciativa de Observatorios Oceánicos, un sofisticado sistema que opera de forma continua desde junio de 2016, dio a conocer el organismo en un comunicado. El plan oficial contempla el retiro total de la infraestructura instalada en el agua frente a las costas de Carolina del Norte, Oregón, Washington y Alaska, así como en el mar de Irminger, ubicado entre Groenlandia e Islandia. Jim Edson, investigador principal del programa, confirmó que este proceso de remoción demandará un período aproximado de 15 meses, según The Guardian. A medida que los equipos sean retirados, las transmisiones de datos en tiempo real y las capacidades de observación llegarán a su fin definitivo.
La recolección de información autónoma permitía a múltiples investigadores acceder a mediciones atmosféricas y de la superficie marina sin necesidad de costosas expediciones individuales. Hilary Palevsky, profesora especializada en biogeoquímica marina en el Boston College, advirtió sobre las severas consecuencias de interrumpir este flujo informático. "El regreso de los datos había ido mejorando cada vez más con el tiempo. La comunidad científica estaba llegando al punto de capitalizar la información recolectada hasta ahora. Estoy realmente decepcionada por la continuidad de este importante conjunto de datos", manifestó la experta al ser consultada por los medios internacionales.
Amenazas al estudio de corrientes en los océanos
La desactivación de los instrumentos debilita de forma drástica el seguimiento de la circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés), el sistema de corrientes oceánicas que regula el clima global y transporta el calor desde los trópicos hacia el norte de Europa. Diversos estudios recientes alertan que este mecanismo es mucho más vulnerable al colapso de lo que se estimaba anteriormente. Las boyas científicas situadas en el mar de Irminger registraban los procesos de convección invernal, donde el enfriamiento de la superficie marina mezcla las aguas profundas y estabiliza el flujo planetario.
El cese de estas observaciones coincide con un escenario especialmente crítico marcado por el desarrollo de un super El Niño en el océano Pacífico, caracterizado por temperaturas elevadas sin precedentes, segun PBS. La parálisis de los controles impide anticipar con precisión eventos meteorológicos extremos que pueden dañar la seguridad alimentaria mundial. Las alteraciones proyectadas en la circulación marina amenazan con desencadenar inviernos extremadamente severos en territorio europeo, intensificar los huracanes en la costa este de los Estados Unidos y modificar los regímenes de lluvias que abastecen la producción agrícola en América del Sur, Asia y África.
Tensiones políticas ante el desmantelamiento del programa
La medida adoptada por la Casa Blanca se dio a conocer pocos días después de que se removiera a la totalidad de los miembros de la junta independiente que supervisaba la NSF, informó The Guardian. El jefe de asuntos de medios del organismo, Mike England, argumentó que la decisión responde a una estrategia para priorizar tecnologías emergentes y gestionar de forma inteligente el ciclo de vida de la infraestructura de investigación. Sin embargo, legisladores demócratas rechazaron los argumentos técnicos oficiales y anunciaron duras batallas presupuestarias en el Congreso. El senador Chris Van Hollen calificó el desmantelamiento como una maniobra corta de vista que terminará costando más dinero a los contribuyentes, según The New York Times.
El malestar político se alinea con las críticas del sector científico, que define la política ambiental de la administración de Trump como una opción deliberada por la ignorancia frente a la crisis climática y el calentamiento global. Palevsky comparó el conocimiento científico acumulado con una torre de bloques inestable, explicando que la remoción de componentes esenciales vulnera la estructura analítica general de la sociedad. "No sabemos qué pieza de esa torre va a ser realmente crítica para ver los cambios que se avecinan en el futuro. Realmente estamos en un momento en el que necesitamos más, y no menos, sensores en el océano", concluyó la investigadora.
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.
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