Medio Oriente es de lejos la zona del mundo más golpeada económicamente por la guerra contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, pero el impacto del conflicto resulta muy asimétrico dentro de la propia región, según subrayó el Fondo Monetario Internacional (FMI).
“El conflicto, cuyo estallido ha provocado una conmoción grave y polifacética en uno de los sectores económicos más importantes del mundo, ha afectado a tres pilares de la estabilidad: el mercado energético, las rutas comerciales y la confianza empresarial”, explicó en rueda de prensa el director del departamento de Oriente Medio y Asia Central del FMI, Jihad Azour.
El cierre del estrecho de Ormuz, el lugar de paso para el suministro energético “más crítico del mundo”, no solo estrangula a los grandes productores de hidrocarburos de la región, sino también a aquellos países que exportan insumos derivados para el sector agrícola dentro y fuera de estas dos regiones. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Catar, Kuwait, Baréin y Omán producen más del 40 % de las exportaciones mundiales de azufre y el 20 % de las exportaciones de amoníaco y fertilizantes nitrogenados.
Es por eso que el cierre de Ormuz plantea grandes riesgos para los mercados mundiales agrícolas y ya se está traduciendo “en mayores costos de los alimentos para algunas de las poblaciones más vulnerables del mundo”, en economías de Oriente Medio, África, el Sur de Asia, Afganistán y Pakistán, según Azour. En estados frágiles como Yemen, Sudán, Cisjordania y Gaza, Siria y Somalia, los alimentos ya suponen hasta la mitad de las importaciones y “más de la mitad de la población” en varios de ellos sufre inseguridad alimentaria.
Por su parte, las economías importadoras de petróleo como Egipto, Jordania, Líbano y Pakistán afrontan “vulnerabilidades agravadas” por su fuerte dependencia del gas de Israel y de remesas de trabajadores residentes en Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Catar.
EFE
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