ANÁLISIS

La democracia, ante nuevas amenazas para destruirla

En Estados Unidos no hubo golpe de Estado por el ataque de la turba pro Trump al Capitolio en Washington, pero el hecho socava las instituciones.

Uno de los militantes que asaltó la sede del Congreso roba la tarima desde la cual habla Pelosi. Foto: AFP
Uno de los militantes que asaltó la sede del Congreso roba la tarima desde la cual habla Pelosi. Foto: AFP

Los expertos consideran que las acciones recientes del presidente Donald Trump y sus seguidores son más difíciles de detener que un golpe de Estado y ofrecen como ejemplo los retrocesos democráticos de países como Turquía y Venezuela.

¿Las acciones del presidente Trump y de algunos de sus partidarios -que incluyeron el intento del presidente de presionar al secretario de Estado de Georgia para que cambiara los resultados de la elección presidencial y su incitación abierta a una turba violenta que luego atacó el Capitolio de Estados Unidos- constituyen un intento de golpe de Estado?

Si la pregunta es si esas acciones son tan serias como las de un golpe, la respuesta es sí, estimó Erica de Bruin, politóloga de Hamilton College que ha investigado golpes de Estado durante más de una década.

Pero el ataque violento y antidemocrático al edificio del Capitolio no encaja en la definición técnica de un golpe, a pesar de que el presidente lo incitó y lo alentó. Y, según los expertos, eso importa, porque se requieren distintas medidas para impedir que este tipo de ataques dañen a la democracia.

Trump alentó a los insurrectos.

Un golpe es un intento ilegal de tomar el poder a través de la fuerza o la amenaza de la fuerza que a menudo involucra al menos a una facción del ejército o de las fuerzas de seguridad.

Eso no fue lo que pasó el miércoles en Washington.

Aunque las personas que irrumpieron en el edificio del Capitolio estaban en algunos casos armadas, no parecen ser parte de ningún ejército organizado o de un grupo rebelde. Y, a pesar de que el presidente Trump alentó a los insurrectos en su papel de líder de ese movimiento, no intentó que el ejército los apoyara o usar otros de sus poderes presidenciales formales para ayudarlos, dijo Naunihal Singh, profesor de la Escuela de Guerra Naval.

Seguidores de Donald Trump se enfrentan a la policía en las afueras del Capitolio. Foto: AFP
Seguidores de Donald Trump se enfrentan a la policía en las afueras del Capitolio. Foto: AFP

Pero ahí no termina la historia. Estos días, las democracias tienden a colapsar tras recaídas graduales que no llegan a cuadrar con la definición técnica de golpe de estado pero que resultan ser más dañinas. En países de todo el mundo -entre ellos Turquía, Rusia y Venezuela- ha surgido un patrón claro en el que los líderes llegan al poder a través de elecciones pero luego socavan las normas, desmantelan las instituciones y cambian las leyes para retirar las restricciones a su poder. Al final, sus países son, excepto en nombre, dictaduras.

El ataque al Capitolio y el apoyo que recibió del presidente Trump, encaja muy bien en esa categoría. Y combatir ese tipo de retroceso antidemocrático requiere tácticas diferentes a las que se usarían contra un golpe.

“Sabemos cómo prevenir los golpes”, dijo De Bruin, quien literalmente ha escrito un manual sobre el tema. “Contamos con una colección de medidas que pueden emplear las organizaciones internacionales, los oficiales del ejército, las personas. Pero sabemos mucho menos sobre cómo prevenir acciones antidemocráticas”.

De Bruin advirtió que los golpes y los retrocesos democráticos no son mutuamente excluyentes y que, de hecho, podían reforzarse entre sí. “Por supuesto, los intentos de golpe suceden en un contexto de protesta violenta”, dijo. “Eso hace que sean más probables”.

Agentes del Capitolio protegen a punta de pistola una puerta de la sala de sesiones. Foto: AFP
Agentes del Capitolio protegen a punta de pistola una puerta de la sala de sesiones. Foto: AFP

Y, ya sea que triunfe o que fracase, como la recaída democrática es menos absoluta que un golpe de estado, que suele terminar en un par de horas, detenerlo requiere una intervención política más prolongada. Las soluciones legales, como las detenciones y los juicios políticos, pueden ayudar a poner un alto a estas recaídas democráticas. También son de ayuda las soluciones de carácter político como cortarle el presupuesto a los sectores involucrados.

También importan las respuestas más sutiles.

“Los líderes autoritarios tienen terror a hacer el ridículo porque una gran parte de su poder deriva de la conexión social”, dijo Singh. Tratarlos como si fueran respetables refuerza ese poder, dijo, pero tratar el ataque del miércoles y el apoyo que hizo Trump del mismo con el “escarnio y el resentimiento que merece” es un modo de neutralizar cualquier insinuación de que es legítimo o se realizó con autoridad.

Mitch McConnell, político de larga trayectoria y líder de la mayoría republicana en el Senado, reaccionó el miércoles en el plenario del Senado al sostener que anular la voluntad de los votantes “dañaría para siempre a nuestra república”.

Tres detenidos por asalto a sede legislativa; siguen los operativos

Las autoridades de EE.UU. comenzaron ayer sábado las detenciones de participantes en el asalto al Capitolio.

Uno de los primeros detenidos fue Richard Barnett, el hombre que en el asalto al Congreso del miércoles entró y se hizo fotografías en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y quien fue aprehendido en Arkansas,

Barnett, ha sido acusado de entrada ilegal y violenta a un edificio restringido, así como conducta desordenada en el Capitolio y robar propiedad pública, por el correo de la legisladora que presuntamente se llevó después de haber posado para los fotógrafos.

Asimismo, fueron arrestados Adam Christian Johnson, a quien se vio en las imágenes cargando con el atril de Pelosi en pleno asalto al Congreso; y Jake Angeli,un miembro del movimiento de teorías de la conspiración Qanon que se hace llamar “Yellowstone Wolf” en su canal de YouTube, en Florida y Arizona, respectivamente.

En esta jornada habría nuevos operativos para detener a otros atacantes identificados. Las escenas del asalto al Capitolio causaron estupor en EE.UU. y también en el ámbito internacional. (Con información de EFE)

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