La escasez de combustible en Cuba ha comenzado a alterar visiblemente la vida cotidiana de la población. Desde el lunes, el gobierno cubano implementa nuevas medidas de emergencia para ahorrar energía ante el agravamiento de la crisis energética, que La Habana atribuye al bloqueo impuesto por Estados Unidos. El impacto se siente en las calles, el transporte, el turismo e incluso en el funcionamiento de escuelas y universidades.
En la capital, el tráfico era inferior al normal, y zonas tradicionalmente concurridas, como el barrio de El Vedado, tenían las aceras casi vacías. Rosa Ramos, enfermera de 37 años, llevaba más de una hora esperando el transporte que la llevara al hospital donde trabaja, a unos diez kilómetros de su casa.
Según ella, las decisiones anunciadas por el gobierno el pasado viernes —que incluyen la adopción de una semana laboral de cuatro días, la expansión del teletrabajo y el racionamiento de la venta de combustible a particulares— "son medidas de resistencia para evitar el colapso del país". Aun así, lamenta: "Pero, al mismo tiempo, generan mucha incertidumbre en la población, porque nos preguntamos cuánto tiempo podrá sobrevivir un país en estas condiciones".
El efecto inmediato se sintió en sus bolsillos. Los usuarios de taxis privados reportaron un aumento en las tarifas, que en algunas rutas pasaron de 200 pesos cubanos (unos 40 centavos de dólar estadounidense) a 350 pesos.
La situación se considera especialmente delicada tras el cese de los envíos de petróleo desde Venezuela, tras el derrocamiento de Nicolás Maduro en una incursión armada estadounidense. Mientras tanto, Washington amenaza con imponer aranceles a los países que suministran petróleo a La Habana. México negocia con el gobierno estadounidense la manera de mantener el suministro a Cuba sin sufrir sanciones comerciales.
Denuncia por "medidas asfixiantes"
El lunes, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, calificó la amenaza de represalias de "muy injusta". "No se puede estrangular a un pueblo así, es muy injusto", declaró. El domingo, México anunció el envío de más de 814 toneladas de alimentos a la población cubana, transportadas por dos buques de su Armada.
Rusia también reaccionó, denunciando las "medidas asfixiantes" adoptadas por Estados Unidos. "La situación en Cuba es verdaderamente crítica", declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, y añadió que Moscú está en conversaciones con las autoridades cubanas para brindar asistencia. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó que el objetivo de Washington, "como siempre, es quebrar la voluntad política del pueblo cubano". "El escenario es duro y requerirá un gran sacrificio", escribió en la red social X.
Como muestra de la gravedad de la crisis, el gobierno cubano informó a las aerolíneas que operan en el país que el suministro de combustible se suspenderá durante un mes a partir de la medianoche de este lunes. Esta medida obligará a los vuelos de larga distancia a realizar paradas técnicas para repostar. También se anunció el cierre de hoteles con baja ocupación y la redistribución de los turistas a otros establecimientos. "Ya están cerrando hoteles en Varadero, el principal balneario del país, pero también en otras provincias", declaró a la AFP un empleado del sector, que habló bajo anonimato.
Además, se redujeron los servicios interprovinciales de ómnibus y tren, así como el número de días lectivos. Las universidades comenzaron a operar de forma remota o en formato híbrido, repitiendo el modelo adoptado durante la pandemia de covid-19.
Según el vicepresidente del gobierno cubano, Óscar Pérez-Oliva Fraga, las medidas pretenden ahorrar combustible para priorizar "la producción de alimentos y la generación eléctrica", así como garantizar "la protección de actividades fundamentales generadoras de divisas", como el sector tabacalero.
O Globo/GDA
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