Las elecciones presidenciales en Brasil del próximo 4 de octubre, con un margen de diferencia acotada entre el presidente Lula da Silva y Flávio Bolsonaro en las preferencias de la opinión pública, mantienen en vilo la interna en el país, así como las expectativas en Uruguay sobre el impacto del resultado, que en primera instancia no debería sacudir mayormente de este lado, aunque sí en el marco del Mercosur y los tratados firmantes con terceros, según analistas.
El País conversó con Magno Karl, máster en políticas públicas y director ejecutivo del Instituto Livres en San Pablo, quien, sobre el ambiente en Brasil, comentó que “el cuadro acá es más estable de lo que sugiere la temperatura del debate en internet” y que, aunque en general los brasileños no suelen decidir su voto con anticipación, en este caso sí está bastante definido y las encuestas vienen siendo un retrato de la estabilización de opiniones.
A comienzos de marzo, en al menos 20 ciudades de Brasil hubo fuertes manifestaciones a favor de la amnistía del expresidente Jair Bolsonaro y en confrontación con el Supremo Tribunal Federal, que se extendieron con la discusión sobre quiénes heredan su capital electoral, si su hijo Flávio, su esposa u otros líderes de su partido. Pero, según Karl, “Jair Bolsonaro se convirtió en un símbolo, pero como símbolo moviliza al electorado menos de lo que movilizaba como candidato”, opinó.
Sin embargo, hay que esperar cómo las acusaciones de los últimos días contra Alexandre de Moraes (el juez que lideró procesos legales que llevaron a la cárcel a Jair Bolsonaro, por golpe de Estado en 2022) salpican o no la campaña electoral de Lula.
Cabe recordar que De Moraes es ahora señalado por sus vínculos contra un banquero que habría llevado a cabo un gran fraude financiero en Brasil. De todas formas, Flávio Bolsonaro también tiene acusaciones en su contra por corrupción, lo que tampoco actúa a su favor. Habrá que esperar.
“Para Uruguay, si gana Lula, veo previsibilidad, pero sin apertura. En caso de ganar Bolsonaro, el alineamiento brasileño con Washington y con Milei podría empujar al Mercosur hacia alguna flexibilización”, proyectó. “El precio de eso podría ser una presión sobre la relación de la región con China, principal socio comercial de Brasil y principal destino de las exportaciones uruguayas, con el doble de lo que Brasil compra”, agregó.
Por su parte, Ignacio Bartesaghi, director de Relaciones Internacionales de la Universidad Católica (UCU), dijo a El País que no proyecta ningún cambio abrupto en la política económica de Brasil, si gana Lula o Bolsonaro, sí a nivel de las políticas sociales, seguridad, educación u otras de orden interno. De hecho, los mercados internacionales no muestran preocupación por el resultado electoral. “Hay cierta continuidad en la política de Brasil y los mercados no creen que eso cambie. Más allá de que se verá a un Bolsonaro más alineado con Estados Unidos, es difícil pensar que va cortar o disminuir su relación con China cuando le genera a su país millones de dólares de superávit al año”, afirmó.
Tampoco ocurrió algo así cuando asumió Javier Milei a la presidencia de Argentina, a pesar de estar muy focalizado en la administración Trump.
El analista destacó que la fortaleza de la relación estructural entre Brasil y Uruguay, lo que se va a sostener “gane quien gane”, así como los “temas de frontera, los reclamos de dumping o los problemas con la leche y el arroz que ya ocurrieron”, proyectó.
Para él, Uruguay debería mirar de cerca los asuntos en proceso, como el avance de las obras de infraestructura con el país vecino, como la hidrovía que vincula la Laguna Merín y la Laguna de los Patos, que permitirá la salida hacia los puertos de Brasil, que mucho convienen a Uruguay. “Todo eso va a continuar en la agenda bilateral, más allá de quien gane, y hay que cuidar”, acotó.
Sobre el Mercosur, Bartesaghi entiende que la dificultad podría estar no solo en que Lula podría querer frenar algo la flexibilización del bloque, sino en los enfrentamientos retóricos con Milei, que enturbian la discusión de temas conjuntos de todos los miembros. “Eso preocupa por el Mercosur mismo y por nosotros (Uruguay) que queremos avanzar en otros acuerdos en forma unilateral si fuera el caso, como con el Transpacífico”, observó Bartesaghi. “No descarto maniobras de Brasil para evitar que Uruguay avance con el Transpacífico, justo en este momento favorable porque Argentina también pidió ingresar a ese acuerdo”.
Nicolás Pose-Ferraro, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de la República (UdelaR), en diálogo con El País, destacó que el escenario de continuidad con Lula reelecto sería interesante para el gobierno uruguayo, en un escenario regional con prevalencia de gobiernos del centro a la derecha en el espectro político”.
“Que continúe Lula, le otorga al gobierno de Uruguay cierto margen de respaldo en este contexto, al tener más puntos de coincidencia con la política exterior de Itamaraty”, señaló.
En cambio, de ganar Bolsonaro, piensa que el escenario será de mayor desafío para Uruguay en la capacidad de articular agendas comunes, por tener prioridades distintas.
De todas formas, Uruguay tiene una agenda en política exterior muy alineada con Estados Unidos, por lo que las coincidencias con un Brasil de Bolsonaro serán en parte coincidentes, además de que ambos seguirán sus relaciones con China. Pose-Ferraro también proyectó que si a los republicanos no les va bien en las elecciones de medio término en Estados Unidos, Trump podría moderarse un poco y aliviar el peso de su política en los países de América Latina. De lo contrario, se intensificarán sus iniciativas.
Consultado por el Mercosur, el analista prevé que, con Lula, es probable que las negociaciones del bloque con Canadá se concreten (por la guerra comercial que ese país mantiene con EE.UU.) y que se avancen más las conversaciones con Japón. Y el capítulo asiático (Vietnam, Corea) mantendría sus dificultades, tanto con un gobierno de Lula como de Bolsonaro, porque son “estructurales”, según señaló.