La movilización de la Confederación General del Trabajo (CGT) contra el proyecto de reforma laboral se desarmó casi por completo ayer a media tarde, justo cuando la convocatoria tocaba su pico, luego de que se registraran graves incidentes entre un grupo de manifestantes de la izquierda y las fuerzas de seguridad, que avanzaron sobre la plaza y pusieron fin a la protesta gremial.
Sobrevivían anoche algunos grupos desarticulados de manifestantes, todavía en tensión con las fuerzas de seguridad.
La cúpula de la CGT, que apostaba a escenificar su fortaleza y descontento, alcanzó a tomarse una foto frente al Congreso antes de que la plaza se vaciara casi por entero tras los primeros disturbios.
El clima de la protesta se quebró de manera irreversible alrededor de las 16:30, con la segunda tanda de enfrentamientos entre algunos manifestantes, que derribaron vallas y lanzaron bombas molotov, y la Policía, que respondió con carros hidrantes, gas lacrimógeno y balas de goma.
El diseño y la disposición inicial de la convocatoria colapsaron con los desmanes. Los efectivos avanzaron por la plaza, en filas y con motos, y las columnas conformadas por sindicatos, agrupaciones sociales y grupos de izquierda se dispersaron rumbo a Avenida de Mayo.
El primer foco de tensión se vivió cerca de las 15:30, con enfrentamientos casi cuerpo a cuerpo. Los manifestantes tiraron dos vallas y los efectivos respondieron primero con camiones hidrantes y luego con ráfagas esporádicas de gases lacrimógenos.
Consiguieron hacer retroceder al grupo más combativo y despejaron ese lado de la plaza, pero los policías perdieron una de las vallas a manos de los manifestantes.
Después de ese primer episodio, y en respuesta a nuevos enfrentamientos, sobrevino la avanzada policial que alteró por completo el curso de la manifestación. La plaza, que estuvo cargada de carpas y puestos de comida y en la que por momentos costó desplazarse, quedó despoblada casi por entero, con apenas unos grupos pequeños de manifestantes desarticulados.
En medio de los incidentes, desde el Ministerio de Seguridad, liderado por Alejandra Monteoliva, informaron que hay más de 10 “personas identificadas” que serán “judicializadas”, y luego que dos manifestantes habían sido detenidos.
En paralelo, el gobierno porteño informó que la Policía de la Ciudad detuvo “al menos” a once manifestantes que −sostuvo− agredieron a los efectivos o provocaron daños en el espacio público. Como en otras protestas de gran tamaño y como resultado del operativo policial, las calles alrededor del Congreso permanecieron cortadas al tránsito durante todo lo que duró la protesta. El Congreso estuvo siempre vallado y rodeado de un operativo especial de las fuerzas de Seguridad, que incluyó a la Policía Federal, a la Gendarmería Nacional y a la Prefectura, además del aporte que hizo en la periferia la Policía de la Ciudad.
Pese al revés que sufrió en la Justicia a fines del año pasado, el Gobierno dejó trascender antes de la convocatoria que desplegaría ayer el llamado “protocolo antipiquetes”, el mecanismo con el que durante estos dos años consiguió sofocar las protestas no masivas, muchas de ellas frente al Congreso, con saldo dispar. Federico González del Solar / La Nación (GDA)
Respaldo a protestas semanales de jubilados
Con Patricia Bullrich en la Cámara alta, la convocatoria de la CGT se convirtió en el segundo gran desafío para la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. Ya enfrentó una marcha similar en diciembre, aunque el epicentro había sido la Plaza de Mayo. También en rechazo a la iniciativa laboral. Además de los gremios de la CGT, en las calles estuvieron ayer las dos vertientes de la CTA, entre otras expresiones sindicales.
Hubo presencia de municipales bonaerenses, ferroviarios, portuarios, empleados de comercio, trabajadores bancarios y judiciales, entre otros. La marcha de la CGT también pretendía darle cobijo a la protesta semanal que llevan adelante grupos de jubilados los miércoles, en las que ya se registraron numerosos incidentes pese a ser convocatorias más modestas.