Casi cuatro meses después de su nombramiento como líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, no ha aparecido aún en público y hay expectativas de que lo haga por primera vez durante los funerales su padre y predecesor Alí Jameneí, muerto al comienzo de la guerra con Israel y Estados Unidos el 28 de febrero.
Observadores y analistas consideran que su aparición en los funerales de su padre tendría un enorme poder simbólico: se despide al hombre que dirigió los destinos de la República Islámica durante 36 años y se saluda al nuevo líder.
Las autoridades iraníes o bien guardan silencio acerca de la posible aparición del nuevo líder, de 56 años y que fue nombrado el 8 de marzo, o esquivan las preguntas sobre ello.
“La información sobre la presencia del líder supremo de la Revolución en esta ceremonia es competencia exclusiva de su oficina y no entra dentro de las atribuciones ni del conocimiento del comité organizador”, dijo en una rueda de prensa ayer martes el secretario del comité organizador de la ceremonia fúnebre del líder supremo, Ali Akbar Pourjameshidian, al ser preguntado por ello.
Aunque los funerales comienzan oficialmente el sábado, hoy viernes se realizará una ceremonia cerrada para altos cargos iraníes y representantes extranjeros.
El sábado y domingo se realizará un velorio en la mezquita Mosalla de Teherán y el lunes el cortejo recorrerá la capital; el martes, el funeral se trasladará a la ciudad religiosa de Qom; el miércoles a Irak y finalmente Jameneí será enterrado en la urbe sagrada de Mashad, en el noreste del país, en el mausoleo del imán Reza, el octavo del chiísmo.
Antes de su nombramiento como líder supremo la mayoría de los iraníes no habían escuchado ni oído a Mojtaba, quien optó por trabajar en la oficina de su padre con un perfil alejado de la luz pública. Desde el 8 de marzo la nueva máxima autoridad política y religiosa de la República Islámica tampoco ha aparecido en público y se ha limitado a emitir comunicados que o bien han sido leídos por presentadores en la televisión estatal o se han distribuido en sus redes sociales.
En contraste con esa ausencia física, las calles de Teherán se han llenado en los últimos meses de enormes carteles que muestran su retrato individual o junto a los de su padre, Alí Jameneí, y el fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeiní. Ello en medio de las especulaciones sobre su estado de salud y las informaciones acerca de que sufrió heridas en el ataque que mató a su padre y a varios miembros de sus familiares. EFE