Cuando el papa Juan Pablo II llegó a Uruguay en el año 1988, uno de sus viajes fue a Salto, el 9 de mayo. Arribó en horas de la mañana en un vuelo de la desaparecida Pluna, aterrizando en el aeropuerto local de Nueva Hespérides, al sur de la ciudad.
Estuvo poco más de dos horas en la capital salteña, antes de retornar a Montevideo para partir hacia Chile. En Salto fue recibido por el entonces Obispo de la Diócesis de Salto -que comprende los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro- Marcelo Mendiharat, y por quien era intendente en esa oportunidad, Eduardo Malaquina.
La misa se ofreció en el Parque Mattos Netto, un espacio verde cercano a la ciudad sobre la Costanera Sur y el río Uruguay, que hoy está muy acotado por el crecimiento de construcciones de alto valor.
En esa instancia hubo cientos de asistentes, aunque "no tantos como realmente se esperaba", contaron a El País personas que participaron hace 38 años de esa instancia. "Se generó mucha expectativa y hubo muchos que quisieron hacerse la América comprando cientos de kilos de chorizos, pero se quedaron con todo, porque la gente vino a la misa y se fue", añadieron.
Para recibirlo, la comunidad de entonces decidió rendirle tributo con la construcción de un quincho de paja, llevado adelante por la empresa de construcción local Peirano. Fue un monumento que sorprendió y agradó a Juan Pablo II, que se refirió a este en varias oportunidades.
"Cuando lo visité en el Vaticano en una comitiva oficial encabezada por el presidente Julio María Sanguinetti en 1997, le mencioné Salto y se acordaba del quincho. Me dio pena decirle que ya no estaba", contó Malaquina en una entrevista por los 25 años de la visita de Juan Pablo II a Salto en el año 2013.
Incendio y vandalismo
Ese quincho criollo de entre ocho y 10 metros de altura, que representaba el estilo típico de las viviendas de la gente humilde de la región, permaneció más allá del evento como un lugar de recuerdo de la histórica visita. Sin embargo, una madrugada del verano de 1993, fue incendiado en un acto de vandalismo y se quemó en su totalidad.
El hecho causó congoja entre los fieles salteños y los vecinos de la zona, que rescataban ese espacio como un sitio que pretendía perdurar en el tiempo y a esa construcción como emblemática para las futuras generaciones.
En la actualidad allí se erige un monumento y una cruz de mármol de varios metros de altura, similar a la que existe en la zona de Tres Cruces en Montevideo, donde ocasionalmente se realizan misas en recuerdo de la presencia en Salto del ahora santo Juan Pablo II.
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