Cuando el séptimo arte dejó la avenida: por qué las salas de cine se fueron de 18 de Julio

Un libro del arquitecto León Kalansky repasa los cambios urbanos que atravesó Montevideo a lo largo de las décadas y se detiene, entre otros temas, en la oferta cultural.

Imagen del viejo cine Trocadero, en la Avenida 18 de Julio y Yaguarón
Imagen del viejo cine Trocadero, en la Avenida 18 de Julio y Yaguarón
Foto: archivo El País

En 2017, con varios antiguos cines ya convertidos en iglesias, Cinemateca pintó el mural de su sala en 18 de Julio con la imagen de cuatro “santos”. Eran cuatro santos para el cine: Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Luis Buñuel y Lucrecia Martel.

En 2018, y después de cerca de 20 años allí, Cinemateca dejó de alquilar esa sala. El espacio, que desde mediados del siglo XX había sido un teatro y cine bajo distintos nombres, corrió la misma suerte que muchas otras salas. Tu lugar de encuentro con Jesús, dice actualmente un cartel de la iglesia Vida Abundante que funciona ahora allí.

El mural de los cuatro santos se mantiene igual, como un emblema contemporáneo de la avenida, pero unas mallas puestas en los últimos días, que sugieren obras inminentes, preocuparon a la gestión actual de Cinemateca, aunque ya no tiene vínculo formal con ese edificio, y a las autoridades de la Intendencia de Montevideo.

Como símbolo, la directora de Cultura de la comuna, Débora Quiring, logró que se lo declarara “de interés” para la intendencia al mural. Este hecho enfocó la atención en un aspecto que la avenida hoy en día prácticamente carece: las salas de cine que una vez, hace quizá no tanto, la sobrepoblaron.

En los años 80, algunas salas del Centro se dedicaron al cine erótico y pornográfico. Ese fue el caso del Luxor
En los años 80, algunas salas del Centro se dedicaron al cine erótico y pornográfico. Ese fue el caso del Luxor.
Foto: archivo El País

Repaso

El libro Montevideo. Historia ilustrada del desarrollo urbano y del reciclaje edilicio del arquitecto León Kalansky repasa la evolución de la ciudad desde distintos puntos de vista, entre los que se encuentra el apartado cultural y, específicamente, los cines.

“Tuvieron una trascendencia tremenda en Montevideo. Era el medio de información y de cultivarse de aquellos años”, explica a El País.

Su libro recuerda el auge y la caída de los cines en la capital. “En muchos barrios hubo cine mudo o silente y alrededor de 1930 cambiaron a cine sonoro. En la década de 1930 no solo los que existían se transformaron, sino que surgieron muchos nuevos y en el Centro, especialmente sobre 18 de Julio, comenzaron a surgir grandes cines con salas de estreno, muchas propiedades de las distribuidoras de la época, como Glucksman primero y Censa después”. El más grande era justamente este último, el Censa, que estaba en 18 de Julio 1710, esquina Magallanes, y que tenía 2.715 butacas. Funcionó entre 1953 y 1989, pero actualmente hay allí una galería y está el cine Ópera.

Otro recinto con más de 2.000 butacas (específicamente 2.319) era el Cine Plaza, que era cine y teatro. Ubicado en Plaza Cagancha 1129, por su escenario pasaron artistas de la talla del jazzista Claude Luter. Funcionó como tal entre 1950 y 1988, aunque luego continuó un tiempo más solo como teatro, recibiendo en los años 2000 a figuras como Os Paralamas do Sucesso o Luis Alberto Spinetta. Aunque el edificio aún conserva el cartel con su antiguo nombre, hoy luce oculto en una esquina de la plaza, y en su planta baja se lee: Iglesia Pentecostal Dios es Amor. Para seguir poniendo ejemplos, aunque sería muy extenso nombrar todos los cines que estaban tanto en la avenida como en las calles perpendiculares, se puede nombrar el Trocadero. Estaba en 18 de Julio 1301, esquina Yaguarón, y cerró en 2001 tras 60 años de funciones. Tras su cierre, estuvo allí una iglesia, pero ahora está la cadena de ropa Renner.

En Ejido 1377, entre 18 de Julio y Colonia, funciona actualmente un complejo de la cadena Grupo Cine.
En Ejido 1377, entre 18 de Julio y Colonia, funciona actualmente un complejo de la cadena Grupo Cine.
Foto: archivo El País

La caída

Según el libro de Kalansky, primero desaparecieron los cines de barrio. La “enorme cantidad” de salas de estreno en el Centro, sumado a la llegada de la televisión, provocó este fenómeno en los 60.

El Centro empezó a decaer en las décadas siguientes, con un estacionamiento limitado y el cierre de las grandes tiendas. En lo que afecta a los cines, en los 80 aparece la televisión a color y los video clubes. Y, entonces, llegó el enemigo fatal del Centro: los shoppings. En 1985 se inauguró Montevideo Shopping, que fue el primero.

“En el 1994 surgieron tres shoppings más: Tres Cruces, Punta Carretas y Portones en simultáneo”, dice Kalansky. “Tienen el tema de seguridad, la amplitud de horario, la posibilidad de estacionamiento, de comer ahí, de tener entretenimiento”, explica el arquitecto, que justamente trabajó en la construcción de los de Punta Carretas y Punta del Este.

Álvaro Caso, distribuidor de cine desde hace más de 40 años, dice que lo que pasó fue que los cines no satisfacían al público. “Los hábitos de consumo cambiaron, pero también la gente dejó de ir al cine porque había otras competencias que eran la televisión color, el VHS, el cable”, explica el dueño de ENEC a El País.

“Fijate cómo sería de malo el sonido, la proyección y la falta de confort, que ver un VHS parecía mejor”, dice Caso, que fue uno de los responsables de la construcción de las salas de cine en el Punta Carretas. “Hoy la definición y el sonido son espectaculares”.

principal avenida

Dos casos de “éxito” en 18: Nelly Goitiño y Sala Zitarrosa

¿Una avenida clave para la ciudad puede darse el lujo de no contar con una oferta cultural como la que supo tener? “Desde el punto de vista comercial y cultural, el programa de una avenida como 18 de Julio tiene que ser variado”, dice a El País Leonardo Altmann, arquitecto y doctor en Estudios Urbanos. Y remata: “Tiene que ser y parecer la principal centralidad de la ciudad”.

La ausencia de salas tiene consecuencias en el ecosistema cultural y comercial de la avenida. “Incluso en esa vieja época de 18 de Julio, ir al cine era el paseo con tu familia, con tu pareja, con tus amigos. No era solo ir a ver la película, era comer algo antes o después”, explica.

De todas formas, señala casos de viejas salas de cine “que fueron rehabilitadas con bastante éxito”, ambas con dineros públicos. Por un lado, el viejo cine Eliseo, que nació en 1949 en 18 de Julio 930, entre Convención y Ferreira Aldunate. Después de varias etapas, funciona como el Auditorio Nelly Goitiño del Sodre desde 2008.

Por otro lado, el viejo Rex Theatre, de 18 de Julio 1012, entre Río Negro y Herrera y Obes. Pasando de cine mudo a cine sonoro, se inauguró en 1927 y estuvo activo hasta 1980. Ya en manos de la Intendencia de Montevideo, reabrió en 1999 con el nombre de Sala Zitarrosa.

Altmann destaca el impacto de ambos casos en una fracción de la avenida. “Por lo menos, en el primer tramo de 18 de Julio conforman una vida cultural, asociada a lugares gastronómicos y a otro tipo de servicios”.

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