LA MARCHA DE LA PANDEMIA

La nueva cepa británica del COVID-19 todavía no fue encontrada en Uruguay

Hasta el momento, no se ha encontrado en Uruguay la “nueva cepa británica”. Eso no significa que esté ausente en el país, sino que, simplemente, no ha sido hallada aún.

Gregorio Iraola, responsable del Laboratorio de Genómica Microbiana del Instituto Pasteur. Foto: Francisco Flores
Gregorio Iraola, responsable del Laboratorio de Genómica Microbiana del Instituto Pasteur. Foto: Francisco Flores

Las muestras estudiadas en 20 pacientes del Hospital Español, todos ellos COVID-19 positivo, revelan que, hasta el momento, no se ha encontrado en Uruguay la “nueva cepa británica”. Eso no significa que esté ausente en el país, sino que, simplemente, no ha sido hallada aún.

Mucho menos significa que la nueva variante genética del virus -esa que ha sido encontrada en Reino Unido por primera vez en setiembre pero que alcanzó su “fama” a mediados de diciembre luego de que más de tres cuartas partes de los nuevos contagios en Londres fueran infecciones con esta mutación viral- no vaya a ingresar a Uruguay. “Lo esperable es que, si se sigue imponiendo en el mundo, llegará”, explica Gregorio Iraola, responsable del Laboratorio de Genómica Microbiana del Instituto Pasteur.

De hecho, esta variante está extendida por casi toda Europa, Australia, Corea del Sur, Hong Kong y ayer fue detectada en Chile (se trata del primer caso en América Latina). La paciente es una mujer que había estado en Londres y llegó a Santiago de Chile desde Madrid.

Los virus mutan. Es parte de su capacidad de adaptación, de supervivencia o de volverse más efectivos. El SARS-CoV-2 (nombre científico del nuevo coronavirus) no es la excepción. Hace menos de un año que se conoce las características genéticas del virus y ya se han registrado 3.800 variantes. A tal punto ocurre esa transformación que se hace difícil encontrar un genoma idéntico a aquellas primeras cepas del mercado de animales silvestres de Wuhan, en China.

Uruguay está asistiendo desde noviembre a su primera ola de la pandemia. Por eso el laboratorio que dirige Iraola, junto a otro que lideran Gonzalo Moratorio y Pilar Moreno, se propuso volver a caracterizar las variantes que podían estar circulando en el país. Para eso estudiaron las muestras de 20 pacientes del Hospital Español, de distintas edades, sexo y residentes en distintos departamentos, que habían ingresado a ese centro de referencia del COVID-19 entre octubre y diciembre.

La pesquisa, que en la práctica le fue encomendada a las científicas Cecila Salazar y Paula Perbolianachis, muestra que los 20 casos analizados se corresponden con variantes que ya circulaban en Uruguay.

Incluso, 15 muestras corresponden a “uno de los linajes de más alta circulación en Brasil” (cuya nomenclatura es B.1.1.33), el que ya había sido encontrado en mayo en Rivera, según sostuvo Iraola.

Las restantes cinco también son derivaciones “B.1.1”, un tronco común que, en Uruguay, había sido hallado en el brote del hospital psiquiátrico Vilardebó. Una ramificación que se ha extendido a al menos 94 países y que representa la cuarta parte de las más de 300.000 secuencias de genomas que reúne Global Initiative on Sharing All Influenza Data (Gisaid), una base de datos, con sede en Alemania, en la que los científicos uruguayos cotejaron sus hallazgos.

¿Qué significa mutar? El genoma de todo organismo tiene la forma de una secuencia de caracteres (como si fuera un largo código que combina letras). La información genética del SARS-CoV-2 se compone de unos 30.000 caracteres. Cuando cualquiera de esas letras cambia de posición, se produce una mutación. Y aunque parezca “temeroso”, la nueva cepa británica es la que acumula más mutaciones: 35.

Pero el mutar, aclara Iraola, no necesariamente vuelve al virus más agresivo. “De la variante británica hasta ahora los ensayos de laboratorios solo han demostrado que podría haber una transmisibilidad mayor y por eso se impone sobre otras variantes”.

Hallazgo en Sudamérica

Una mujer chilena que arribó a Santiago proveniente de Madrid y luego se trasladó al sur del país, dio positivo el 21 de diciembre y ayer se supo que se había infectado con la nueva variante británica. Es el primer caso regional. Chile canceló los vuelos a Reino Unido.

Un virus que muta menos que otros
Foto: Pixabay

En el grosor de un solo cabello humano, caben entre 400 y 1.000 partículas del SARS-CoV-2. Pese a lo diminuto y novedoso de este virus, ha sido el más estudiado de la historia reciente. Tanto que sus mutaciones genéticas “se conocen casi en tiempo real”, cuenta el científico Gregorio Iraola, del Institut Pasteur de Montevideo.

Y uno de los hallazgos más positivos en este año de investigaciones sobre el pequeño desconocido es que, dentro de los virus de genoma de ARN (que son los organismos que más fácilmente se transforman), “es uno de los que menos muta”.

Las variantes genéticas son menores y más lentas que las encontradas en el zika, chikungunya, ébola y las influenzas que causan la gripe. Si bien la variación en la secuencia genética no necesariamente vuelve más virulento a un virus, “el hecho que mute menos es una buena señal cuando se piensa en una vacuna como medida de contención de la pandemia”.

La profesora en Patología Pediátrica de la Universidad de Sheffield, Martha Cohen, había dicho a El País que, de haber muchas mutaciones, en el futuro las vacunas podrían no funcionar con el porcentaje de eficacia que se está anunciando (superior al 90%). En este sentido, había dicho que las variantes de la cepa británica tienen una mutación en el glocoproteína “S”, hallada en la espícula del virus y que funcionaría como la llave que encaja en la cerradura (la célula humana) para ingresar al organismo.

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