CORONAVIRUS

Salud Pública recomendará el uso masivo de tapabocas de tela en la vía pública

El objetivo es que toda persona que deba salir a la calle utilice tapabocas caseros para prevenir el contagio, de modo de mantener el stock de los convencionales para enfermos y personal de la salud.

MSP sugiere que los tapabocas convencionales y quirúrgicos se reserven para el personal médico y que la población asintomática use los hechos con tela. Foto: Archivo El País
MSP sugiere que los tapabocas convencionales y quirúrgicos se reserven para el personal médico. Foto: Archivo El País

El Ministerio de Salud Pública (MSP) recomendará a la población utilizar tapabocas de tela, caseros, en la vía pública ante la propagación del coronavirus. La nueva política surge de la evidencia internacional sobre la transmisión de la enfermedad en el aire.

Si bien los estudios científicos aún no son concluyentes, la evidencia indirecta, en base a comunidades en las cuales se ha extendido el uso de tapabocas, muestra que podría existir una contribución y que, de mantenerse las otras conductas de distanciamiento social e higiene, “el uso de mascarillas no estaría contraindicado”.

Fuentes de la salud informaron a El País que el objetivo es que toda persona que deba salir a la calle utilice tapabocas caseros para prevenir el contagio, de modo de mantener el stock de los convencionales para enfermos y personal de la salud.

Hace 96 horas, los Centros de Control Epidemiológico de los Estados Unidos (CDC, según sus siglas en inglés) decidieron recomendar a los norteamericanos que usen “máscaras faciales de tela” para evitar la propagación del nuevo coronavirus. En otras circunstancias, probablemente la noticia hubiera ocupado un lugar secundario, si no fuera porque el uso generalizado de tapabocas fue desaconsejado para la población general por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y además es motivo de controversia entre los epidemiólogos y de confusión entre los legos.

Y aunque la controversia sigue, por estas horas crece el consenso de que los tapabocas o mascarillas faciales (incluso caseras) pueden ser útiles para reducir el riesgo, especialmente en situaciones en las que no se pueda respetar el distanciamiento social y lavarse las manos con frecuencia. Especialistas de distintos países y autoridades sanitarias decidieron adoptar esta posición. Por ejemplo, la autoridad sanitaria de Colombia los aconsejó “cuando sea necesario salir y no se pueda mantener la distancia mínima de un metro, ideal dos, como en el transporte público masivo, taxis, plazas de mercado, etc.”. El presidente peruano, Martín Vizcarra, decretó el uso obligatorio de tapabocas en la vía pública y su gobierno empieza a repartirlos gratuitos. Y Chile hizo lo mismo para el transporte público.

En Uruguay, el MSP venía estudiando los informes internacionales y ayer adoptó un cambio de postura: no obligar, pero sí recomendar el uso.

Ayer, en la conferencias diaria de la OMS, el director Tedros Adhanom Ghebreyesus dijo que le “preocupa que el uso masivo de máscaras médicas por parte de la población general pueda exacerbar la escasez de estas máscaras especializadas para las personas que más las necesitan”.

¿Quiénes lo necesitan? La OMS le da prioridad al personal de salud, a los enfermos con síntomas y a quienes cuidan de esos pacientes en sus hogares. En esta línea, el representante de OPS en Uruguay, Giovanni Escalante, dijo que “el uso de mascarillas cuando no está indicada puede crear en las personas un falso sentido de seguridad que las pueden llevar a desatender otras medidas básicas como la higiene de las manos”. Y enfatizó: “No es necesario que las personas que no presenten síntomas respiratorios usen mascarillas; la escasez crónica de equipos de protección personal a nivel mundial es actualmente una de las amenazas más apremiantes que enfrentamos en nuestra labor colectiva de salvar vidas”.

Un joven usando una máscara en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto
Un joven usando una máscara en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto

Hasta ahora había dos consensos. El que podríamos llamar “oriental”, que rige en China, Corea y otros países del sudeste asiático recomendaba a todos usar mascarillas. Y el occidental, que sustentó las directrices de la OMS y adoptaron casi todos los países de esta parte del globo (con pocas excepciones, como la República Checa): deberían usar barbijos solo el equipo de salud, las personas sintomáticas y sus cuidadores. Pero, en un llamativo cambio de dirección, Robert Redfield, director del CDC, recomendó a los estadounidenses que utilicen “algo casero, como una bandana o un echarpe” para evitar expulsar gotitas con virus al exhalar.

La propia OMS ha abierto una posibilidad: “Los países podrían considerar el uso de máscaras en comunidades donde otras medidas, como la limpieza de manos y el distanciamiento físico son más difíciles de lograr debido a la falta de agua o las condiciones de vida apretadas. Lo que está claro es que hay una investigación limitada en esta área. Alentamos a los países que están considerando el uso de máscaras para la población en general a estudiar su efectividad para que todos podamos aprender”, dijo ayer Adhanom Ghebreyesus.

El uso de tapabocas, claro está, “no detiene la pandemia por sí solo”. En todo caso, “es un complemento”. (En base a nota de La Nación/GDA).

Dudas que sembró el COVID-19

Para evaluar con precisión si sirven o no los barbijos o máscaras, y de qué tipo, hay que analizar exactamente cómo viaja el virus a bordo del aliento. En un trabajo publicado en Intramed, se cuenta que en 1897 Carl Flügge demostró que en las gotas respiratorias podían viajar patógenos. Pero fue William Wells el que, tres décadas más tarde, en 1930, planteó que había que distinguir las emisiones de gotitas respiratorias en “grandes” y “pequeñas”. Las gotas grandes se depositan más rápido de lo que se evaporan; en cambio, las pequeñas se evaporan más rápido de lo que se asientan.

En este modelo, a medida que estas pasan de las condiciones cálidas y húmedas del sistema respiratorio al ambiente exterior más frío y seco, se evaporan y forman partículas residuales hechas del material seco de las gotas originales. Se llaman aerosoles. Las estrategias de control se desarrollaron en función de si la enfermedad se transmite principalmente a través de gotitas grandes o pequeñas, lo que determinaría, entre otras cosas, la distancia que pueden recorrer después de un estornudo. Pero la rápida propagación de COVID-19 sembró dudas acerca de que el tamaño de las gotas refleje con precisión lo que realmente ocurre con las emisiones respiratorias. Algunas investigaciones sugieren que las exhalaciones, los estornudos y la tos no solo consisten de gotas de corto alcance, sino que están formadas por una nube de gas que atrapa el aire ambiental y transporta un continuo de gotas de distinto tamaño.

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