Un artículo científico publicado en la revista Anales de Facultad de Medicina (Anfamed), de la Universidad de la República (Udelar), advirtió sobre el impacto del uso de las pantallas digitales en la salud de niños y adolescentes.
El estudio “Factores contextuales y familiares en el impacto del uso excesivo de pantalla sobre la salud y el neurodesarrollo en niños y adolescentes” analizó el uso de pantallas considerando investigaciones de diferentes bases de datos publicadas entre 2015 y 2025.
“Se evidencian asociaciones entre el uso excesivo de pantallas electrónicas y una amplia variedad de efectos adversos en la salud física, el neurodesarrollo y la salud mental de niños y adolescentes”, concluyó el estudio.
Entre los resultados se destacó que un tiempo de exposición a las pantallas digitales “superior a dos horas diarias” se asocia con una “mayor prevalencia de obesidad infantil, sedentarismo y alteraciones del sueño”, presentando diferentes impactos según el grupo etario.
Durante la primera infancia, “el uso individual y pasivo de pantallas se asocia con retrasos en el desarrollo del lenguaje y un menor rendimiento en las funciones ejecutivas”. Mientras que, en los adolescentes, “el uso intensivo de redes sociales recreativas incrementa los síntomas de ansiedad y depresión”, agregó la investigación.
“No obstante, cuando las pantallas se utilizaron con fines educativos y bajo la supervisión activa de un adulto, se observaron efectos protectores parciales que favorecen el neurodesarrollo y la salud mental”, puntualizó el estudio.
“El impacto de las pantallas electrónicas en la salud y el neurodesarrollo infantil está fuertemente modulado por factores contextuales y socioeconómicos, más allá de la mera cuantificación del tiempo”, remarcó.
Los investigadores plantearon que la exposición de menores de 18 años a las pantallas por dos o tres horas diarias, sobre todo “durante la noche o sin supervisión de los padres”, se relaciona con un “mayor riesgo de sedentarismo, obesidad, alteraciones del sueño, síntomas emocionales y dificultades cognitivas y conductuales”.
“Sin embargo, reducir el problema únicamente al número de horas frente a una pantalla sería una simplificación. La edad del niño, el tipo de contenido consumido, la forma de uso de los dispositivos y el contexto familiar modifican de manera importante el riesgo”, marcaron.
La evidencia sugiere que un “uso interactivo, educativo y supervisado presenta un perfil mucho más favorable que la exposición pasiva, recreativa y prolongada, lo que refuerza la importancia de promover hábitos digitales saludables desde los primeros años de vida”, indicó el estudio.
Los investigadores hicieron una revisión de estudios que analizaron la asociación entre la exposición a pantallas digitales y desenlaces en salud física, salud mental, neurodesarrollo, cognición, lenguaje, conducta y sueño, en bases de datos como Scopus, Web of Science, PubMed y SciELO, publicadas entre 2015 y 2025, en español e inglés.