Puede decirse que las expectativas en el gobierno de Yamandú Orsi sobre el futuro político de Brasil estaban atravesadas por dos sensaciones contradictorias: ciertamente, el deseo de todo el Ejecutivo y el Frente Amplio pasaba por la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, confirmada este domingo a la noche, sorprendiendo, una vez más, a las consultoras de opinión pública, y por una distancia que pocos esperaban. Pero en el equipo de Orsi también reinaba una suerte de serenidad ante el caso —en la previa más probable— de que Flávio Bolsonaro desplazara al líder del Partido de los Trabajadores (PT) del poder, porque en la Cancillería de Mario Lubetkin se había hecho una preparación para afrontar esa eventual circunstancia y ya se tenían, por ejemplo, los nombres de los posibles ministros de Relaciones Exteriores con los que iniciar una "construcción" de agenda desde cero.
"Estábamos preparados para las dos alternativas", reconoció a El País un jerarca del gobierno. Pero el escenario que se terminó configurando, y que tanto el Frente Amplio como el equipo de Orsi siguieron con extrema atención la tarde de este domingo, tuvo el efecto eufórico esperable en un oficialismo que, sin inclinarse públicamente por Lula desde la Torre Ejecutiva, lo hizo con gran intensidad desde la fuerza política —cuyo presidente, Fernando Pereira, acompañó al brasileño triunfante en el búnker de campaña.
Y ese escenario fue claramente el "más favorable" que se podía obtener, analizan por estas horas en el Ejecutivo, sobre todo por lo que significa en términos de posicionamiento ideológico en la región.
Porque aunque no supone un drama —sostienen desde la Cancillería— que en el continente sudamericano predominen ahora gobiernos de signo contrario al del Frente Amplio —Orsi procura integrarse a ámbitos con presidentes de derecha y con ellos también busca tener un fluido relacionamiento bilateral—, todos en el gabinete deseaban fervientemente la continuidad del PT. Medio en broma, medio en serio, entre ministros circulaba como chiste que Uruguay corría el riesgo de quedar "como los galos en la aldea de Astérix", es decir, aislados como el único gobierno progresista en Sudamérica
La emoción y la tranquilidad que supuso para Orsi saber que seguirá teniendo a un aliado invaluable en el país vecino lo llevaron a buscar lo más rápidamente posible la comunicación con el mandatario, lo que no fue nada fácil, puesto que Lula recorrió sus 81 años de vida sin tener un celular. Recién lo obtuvo días atrás, en el tramo final de la campaña, pero Orsi no tenía el número de teléfono. Fueron necesarias varias gestiones antes de dar con un integrante del círculo más cercano de Lula, que estaba con él en el momento de los festejos, y con el que se coordinó el breve diálogo al que el uruguayo hizo referencia casi a las 22 horas de este domingo. Costó, pero de esa manera se logró el buscado objetivo de saludar lo más rápido posible a quien Orsi no duda en llamar su amigo —y con quien tuvo un diálogo "cariñoso" y en el que ya se prometieron "seguir trabajando" en los temas conjuntos.
"Los triunfos de guerra se anuncian rápido", dijo a El País un integrante del equipo de Orsi.
Por lo pronto, pasadas las primeras horas de efusiva alegría, en la Cancillería ya piensan cómo dinamizar la agenda bilateral con Brasil y planifican el próximo encuentro entre los presidentes. De hecho, Pereira declaró este lunes que, tras abrazarse con Lula, supo de su boca que vendría muy "pronto" a Uruguay, a donde de todos modos deberá asistir por lo menos a fin de año, cuando Montevideo sea sede de una nueva cumbre del Mercosur.
Será una reunión que, según se estima, de algún modo continúe lo conversado el pasado 21 de setiembre, cuando ambos mandatarios se reunieron en Nueva York.
"En el caso nuestro, ya teníamos un conjunto de planes", afirmó Lubetkin en una de las tantas declaraciones públicas que hizo en las últimas horas. En esta oportunidad, desde el aeropuerto de Carrasco, donde se tomó un avión justamente hacia Brasil —para celebrar allí algunas reuniones oficiales y al mismo tiempo tomarse un par de días de descanso familiar—, el canciller recordó, precisamente, el último encuentro entre Orsi y Lula, "donde se hablaron temas comerciales, económicos y logísticos", y el estado de situación de la construcción del segundo puente internacional entre Río Branco y Yaguarón, un acuerdo al que se arribó en el período pasado y sobre el que se espera que haya avances significativos en los próximos meses.
"La agenda que tenemos es muy intensa, y la empezaremos a preparar en estos meses finales de esta gestión, porque seguramente el presidente Lula hará un cambio de gabinete y empezaremos a trabajar con el nuevo gabinete que nombrará", concluyó.
Pereira: "Ganó un amigo del Frente Amplio"
A pocas horas de volver de Brasil y tras participar de la Mesa Política, Fernando Pereira valoró como positiva la victoria de Lula y que lo haya hecho por casi cinco millones de votos. Destacó, además, el movimiento militante de las últimas semanas cuando se fue “a buscar el voto a voto”. ““No es una disputa solo de redes sociales, es también territorial. La izquierda volvió a ganar en Brasil y los brasileños definieron, porque Lula da Silva es el presidente que más vidas ha cambiado en ese país en los últimos 100 años”, opinó. “Ganó un gran amigo del Frente Amplio y, para la fuerza política, es un panorama bien distinto a que haya ganado Bolsonaro. No quiere decir que, con Bolsonaro, el gobierno no hubiese conversado, como lo hace con cualquier Estado, pero es mucho mejor que gane el progresismo”, añadió.
Sanguinetti: el "enorme triunfo personal" de Lula y la "luz amarilla en el horizonte" para Uruguay
En diálogo con El País, el expresidente Julio María Sanguinetti consideró que el resultado electoral de este domingo implicó un “enorme triunfo personal de Lula como líder”, a partir de una “comunicación vigorosa” que logró volcar la abstención de la primera vuelta hacia un voto favorable al histórico referente del Partido de los Trabajadores (PT).
“Mientras Bolsonaro agitaba el fantasma de un Lula viejo, el presidente de Brasil, en cambio, agitaba el fantasma de la supresión de todas las políticas sociales. Esa idea repercutió y hubo un voto anti Bolsonaro, fundamentalmente por ese aspecto”, resumió.
No obstante, el exprimer mandatario puso sobre la mesa algunas preocupaciones que tiene a futuro. En esta dirección, consideró que para Uruguay representa la continuidad del buen relacionamiento que hay entre ambos países, que se ha mantenido incluso durante la administración de Jair Bolsonaro.
“El Mercosur va a seguir en el mismo estancamiento, con la notoria distancia entre Lula y Milei. Habrá que ver ahora si en política exterior hay alguna variación gradual que lo aproxime a Estados Unidos. Eso creo que va a ocurrir, pero también Brasil va a vivir un tiempo económico muy complejo. Tiene prácticamente un 10% de déficit y eso tiene que llevar a Lula, le guste o no, a algún tipo de ajuste. Tampoco va a poder aumentar la deuda externa que anda por encima del 80%. No sé cuánto esto podrá repercutir luego en la relación cambiaria Brasil – Uruguay. Ahí puede haber alguna luz amarilla en el horizonte”, advirtió Sanguinetti.