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El gobierno mantiene en "stand by" a los jerarcas hasta que llegue el presidente Lacalle Pou

Blancos analizan que el ministro Heber es el más insostenible; corre riesgo de censura parlamentaria.

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Conferencia del Presidente y ex Presidentes por aniversario del Golpe de Estado
El presidente Lacalle Pou en conferencia de prensa.
Foto: Juan Manuel Ramos

La suerte está echada para el ministro del Interior, Luis Alberto Heber; para quien lo sigue en el mando de la cartera de seguridad, Guillermo Maciel; y para el asesor presidencial Roberto Lafluf. Ese es el análisis que hacen dentro del gobierno de Luis Lacalle Pou y en forma unánime y enfática los principales dirigentes del Partido Nacional. Todos deben dejar sus cargos y se da por sentado que lo harán en las próximas horas.

Sin embargo, la situación está de momento en “stand by”, pues no está previsto que el presidente Luis Lacalle Pou tome ninguna decisión sobre este asunto hasta que retorne de Estados Unidos -a donde viajó para reunirse con Joe Biden y tener varias otros encuentros- este sábado a la tarde, indicaron a El País fuentes del gobierno.

Lo que a la distancia ha transmitido Lacalle Pou a sus allegados en la Torre Ejecutiva es que tiene planificado dar declaraciones públicas sobre todo el episodio -que ya implicó la renuncia del canciller Francisco Bustillo- una vez descendido del avión, en el aeropuerto.

Está al tanto de que en su partido -y ni que hablar en la coalición gobernante- no aceptan otro escenario que la dimisión de los tres jerarcas, y ha mantenido varias conversaciones con los involucrados y los referentes más importantes del Partido Nacional.

Pero, de momento, la definición es esa: esperar a su llegada el sábado, y esto pese a las intensas críticas que ha recibido en las últimas horas por parte del Frente Amplio, pero incluso -y nadie duda de que aquí hay cuentas que se están cobrando- del líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, quien dijo estar “convencido” de que el primer mandatario tiene algún grado de participación en el escándalo. Es decir, Manini dijo “tener derecho a pensar” que Lacalle Pou dio la “orden” a Lafluf para que les pidiera a Maciel y la exvicecanciller Carolina Ache -el 25 de noviembre de 2022- que borraran una comprometedora conversación mantenida entre ambos vía WhatsApp sobre el caso de la entrega del pasaporte al narcotraficante Sebastián Marset, de acuerdo a la versión que Ache aportó a la Fiscalía este miércoles al mediodía.

“Claramente el señor Lafluf no actuó por cuenta propia. Quiero saber por qué actuó como actuó”, dijo ayer Manini en declaraciones al Canal 12, que entiende que, dado que este es un hecho “tan grave”, Lacalle Pou “ya debería estar en Uruguay” .

Escenarios

La situación política es bien distinta según se analice el caso de Heber o el de los otros dos jerarcas.

Estos últimos están envueltos en una polémica compleja, pero su futuro no compromete a la coalición de gobierno y a la gobernabilidad de Lacalle Pou como sí ocurre con el escenario que enfrenta el ministro del Interior, como ya se verá.

De todos modos, la renuncia de Lafluf y Maciel se pide en el oficialismo con la misma vehemencia que la de Heber -quien, casualmente, en este último escándalo no fue mencionado ni afectado. Su impacto es político, pero indirecto.

Es que los dirigentes blancos están “indignados” con Lafluf y Maciel por no haber puesto su cargo a disposición hasta el momento, o haber comunicado su renuncia tal como hizo Bustillo el miércoles por la tarde, luego de que Búsqueda difundiera -y luego El País- una conversación mantenida con Ache en la que el entonces canciller le pedía a su subalterna que no entregara a las autoridades -y que incluso “perdiera” el celular si fuera necesario- un chat importante en la investigación sobre el caso Marset.

El enojo es de partida doble con Lafluf por haber viajado, en el medio de la crisis, hasta Río de Janeiro, en su calidad de asesor de la Conmebol, para presenciar la final de la copa Libertadores que se jugará este sábado.

Ninguno de los dos ha querido hacer declaraciones públicas y, según sondeos que hizo El País, están a la espera de lo que “el presidente decida”, aguantando en silencio las acusaciones públicas que reciben hora tras hora, o también las salidas en falso que quedan al descubierto.

El caso de Heber es más pesado, no solo por lo que significa políticamente, sino por el camino de consecuencias políticas y parlamentarias que en el oficialismo proyectan al muy corto plazo, en caso de que el ministro continúe en el cargo.

Porque es un hecho que no tiene respaldo en el Parlamento, ni siquiera de los propios legisladores nacionalistas. Debe enfrentar en pocos días una nueva interpelación, y la fundamentación del Frente Amplio abarca este caso, el de Astesiano y Penadés.

Además, en filas blancas dan también por seguro que la coalición de izquierda -que ha pedido una infinidad de veces la renuncia del ministro del Interior- irá ya por el mecanismo de la censura, que la Constitución establece en los artículos 147 y 148, y que se alcanzarían las mayorías necesarias para derribar al secretario de Estado ya que -los blancos también dan esto por seguro- se contaría con los votos de Cabildo Abierto. “Sabemos que Manini va por la venganza”, dijo un senador nacionalista, consciente de que el cabildante busca compensar todos los desacuerdos mantenidos en los últimos meses con Lacalle Pou, en especial la destitución de su esposa, Irene Moreira, del Ministerio de Vivienda.

Pero además se entiende que, en un escenario se esas características, de desafío de poderes del Estado, con toda la inestabilidad institucional que eso implicaría, habría integrantes del Partido Nacional “que se darían vuelta” contra el gobierno. Así de insostenible es el cargo de Heber. “Esto es como cuando el paciente tiene una pierna con gangrena; hay que cortarla por lo sano”, se ejemplificó.

Otro dirigente advirtió que la oposición está mostrando que “va por el presidente”, y ese ataque tendría dos planos: la responsabilización política del escándalo y la eventual solicitud de un juicio político. Para esto último sí no habría votos, pero el solo anuncio generaría un daño de difícil retorno.

Además

El escenario de Raffo ante un golpe que deberá absorber Sumar

Luis Alberto Heber, histórico referente nacionalista y, en particular, del sector del Herrerismo y de la Lista 71, no es una figura más ni para el gobierno ni para el Partido Nacional. Y además, luego de enfrentar una media docena de interpelaciones del Frente Amplio, se ha vuelto un fusible difícil de cambiar para Luis Lacalle Pou, porque ingresó en la “lógica política” del ministro cuestionado que cuanto más es criticado más es aferrado al cargo. Esto es, pedirle la renuncia, en un contexto en que la oposición exige eso mismo desde hace meses, en el gobierno -y en cualquier gobierno- es visto como una señal de debilidad política.

Ahora bien, a esto debe sumarse que Heber es, además, una figura clave de Sumar, el nuevo sector del Partido Nacional que se formó para impulsar la precandidatura de la economista Laura Raffo -y que ya es un conglomerado de agrupaciones blancas.

Es clave en el armado de la estrategia, y en el liderazgo en un eje de gestión -la seguridad- en la que Raffo ha hecho hincapié en las primeras ideas programáticas que ha dado a conocer en la ciudadanía como líder de este espacio y futura precandidata.

Por eso es que una renuncia como la que se prevé, en un contexto de cuestionamientos, no será fácil para este sector, que tiene el objetivo de competir contra los precandidatos Álvaro Delgado -aunque aún no lo es oficialmente- y Jorge Gandini.

Consultada al respecto, Laura Raffo dijo a El País que no emitiría declaraciones por el momento.

El regreso

La llegada de Luis Lacalle Pou está prevista para este sábado sobre las tres de la tarde. Allí, según se espera, dará una conferencia de prensa en la que comunicará un primer análisis sobre lo ocurrido y luego indicará las definiciones políticas tomadas. Y el lunes, el presidente tendrá al menos un evento de crucial importancia que destacan en el Partido Nacional: la inauguración del nuevo hospital de ASSE en el Cerro. Muchos blancos temen que esta crisis empañe ese “hito”.

Declaraciones en Fiscalía

Maciel y Ache se contradicen

Las declaraciones que hicieron ante el fiscal de Delitos Económicos Alejandro Machado tanto Carolina Ache como Guillermo Maciel fueron, en un punto clave de la indagatoria, contradictorias. Así, mientras Ache denunció que el gobierno quiso ocultar el intercambio por WhatsApp que tuvieron ambos referido a Marset, Maciel declaró que lejos se estuvo de esa intención. En ambos casos, las versiones difieren respecto a lo que se conversó en una reunión previa a la interpelación que hizo el Frente Amplio el 22 de agosto del año pasado.

“Esa reunión fue en la casona del Prado del Ministerio del Interior -dijo Ache-. Y participaron las autoridades del Ministerio del Interior. (...) Después estaba el asesor en Comunicación de Presidencia, Roberto Lafluf, el ministro Bustillo, estaba yo, estaba el director general de Secretaría, Diego Escuder, el director de prensa de Cancillería, Horacio Abadie, el jefe de gabinete y enlace de Inteligencia López Fabregat”.

El fiscal preguntó luego si “se conversó de ocultar el tenor de esos mensajes para bajarle el perfil de la interpelación”. A esto, Ache contestó: “Sí, se conversó de que esos WhatsApp no se mencionaran. Los WhatsApp estaban arriba de la mesa, los tenía impresos el subsecretario del Interior. Todos sabían de esos mensajes”. La versión de Maciel es que, por el contrario, se buscó otra cosa. “Previo a la interpelación -dijo Maciel- nos reunimos los dos ministerios, la cúpula y los asesores, y reafirmo todo lo que se mencionó en esa interpelación. Allí se planteó contar lo que había ocurrido en el trámite y no había ninguna intencionalidad de ocultar conversaciones con la subsecretaria”.

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