El senador Javier García dijo hace unos días en el aniversario de la lista 40 que había que “dejarse de embromar” con un debate que está siempre latente, siempre esperando una nueva oportunidad para explotar: si los partidos Nacional y Colorado -más otros aliados menores, como por ejemplo el Partido Independiente- deben o no superar ciertos prejuicios y temores más o menos fundados, y conformar un lema único en las próximas elecciones nacionales.
Se puede decir que hay tres posturas: la de los que, como García, piden avanzar en esa dirección sin tanta vuelta; la de algunos colorados -siendo Pedro Bordaberry el más claro- que ven que el asunto es complejo y, además, inoportuno de discutir en este momento; y la de los que no tienen definición, también porque reconocen la cantidad de aristas a las que hay que prestar atención, y razonan como el sociólogo Rafael Porzekanski: que los riesgos existen y que, más allá de atenderlos y estudiar la realidad, se debe trabajar en cómo profundizar en el imaginario colectivo la identificación con un bloque llamado coalición republicana.
En el Partido Nacional el tema no está “nada claro”, dijo uno de sus senadores consultados por El País, por lo que se está bien lejos de adoptar “una definición partidaria”. Además, hay varios dirigentes que entienden que se trata de un debate que no está enfocado en las “necesidades” básicas que reclama a diario la ciudadanía, a la que “le rechina ver políticos hablando de maniobras electorales, porque además percibe que todo el tiempo se está haciendo referencia a las elecciones”.
Del otro lado hay posturas tan contrapuestas como la que manifiesta casi a diario el secretario general del Partido Colorado, Andrés Ojeda, quien ha dicho en reiteradas oportunidades que “la gente” le reclama en “la calle” que los partidos tradicionales se unan y junten fuerzas para ganarle al Frente Amplio.
En este punto es cuando entra en juego el problema medular de la discusión, ya abordado unas cuantas veces durante el período pasado: si la cantidad de votos que los partidos integrantes de la coalición consiguen por separado en la primera vuelta -cada uno con su fórmula presidencial y sus acentos programáticos- puede mantenerse en caso de competir todos encolumnados en un mismo partido; o sea, con una única fórmula presidencial y un único programa de gobierno. Este es un embrollo bien importante en función del sistema de representación proporcional que rige en Uruguay para conformar el Parlamento y que habilita el escenario configurado en la elección de 2024: que aunque las fuerzas coalicionistas, sumadas, lograron un 47% de los votos -tres puntos más que los conseguidos por el Frente Amplio-, en cantidad de escaños fue la izquierda la que sacó ventaja, ya que tiene tres bancas más en el Senado. La cuenta que en este sentido hace García es lineal: “Tanto en las elecciones de 2019 como en las de 2024, entre octubre y noviembre perdimos 100 mil votos. En las primeras ganamos, en las segundas perdimos. ¿Por qué pasó esto? Porque hubo 100 mil personas que primero votaron a partidos de la coalición, pero luego no se sintieron parte de la institucionalidad. Hay una cuestión de pertenencia”.
“No se pierden las identidades”
De entre tantos dilemas que hoy procesan los dirigentes de la coalición, uno de ellos tiene que ver con las identidades partidarias, históricas y de gran peso de blancos y colorados. El sociólogo Óscar Licandro, asesor de Álvaro Delgado durante la última campaña electoral, no ve en ello un problema: “Ese argumento, que lo he escuchado por parte de varios politólogos de izquierda, es falso. El mayor ejemplo de esto es el FA, donde los diferentes sectores conservan su identidad interna a pesar de compartir una estructura”. Licandro es de los que entienden que una alianza electoral de este tipo permitiría a los partidos tradicionales, junto con sus aliados, “competir con éxito en departamentos clave como Montevideo y Canelones y evitar las divisiones entre blancos y colorados en el interior que puedan beneficiar al FA”.
Batallas internas
El asunto genera una interna pública y acalorada. Y en ambos partidos. Bordaberry, que ya ha dedicado tiempo a explicar por qué es cauteloso con el proyecto del lema en común -dado que no se afilia al cálculo matemático de García-, dijo, entrevistado por En Clave País el lunes pasado, que veía como “una falta de respeto para la gente” dar ahora este debate -alineado aquí con algunas opiniones nacionalistas-, cuando falta tanto para el 2029.
El diputado colorado Conrado Rodríguez, integrante de Vamos Uruguay, señaló a La Diaria poco después que, aunque abierto a dar hoy el intercambio, “ir en un lema único en la elección interna y luego en la elección de octubre tiene más cosas en contra que a favor”, y que lo que razona García “no necesariamente” podría darse en la realidad. “Ese razonamiento no es del todo exacto”, matizó, además de referirse a que “hay un tema de identidades partidarias”, algo que no es tal para el sociólogo nacionalista Óscar Licandro, quien incluso atribuyó su instalación en la agenda a los “politólogos de izquierda”.
Licandro también discrepó públicamente con Santiago Gutiérrez, porque, desde la vereda opuesta a García y a los promotores de caminar en esa dirección, el dirigente wilsonista dijo que el planteo de lema único es “cortoplacista”, que no atiende el problema de las “identidades políticas” de blancos y colorados y que, “con la historia que tiene” el Partido Nacional, no quería “formar parte de los que por primera vez” fueran a las urnas siendo nacionalistas, pero poniendo una lista de otro color.
Reposteando esas declaraciones -realizadas también a La Diaria-, Licandro dijo en la red social X que Gutiérrez equivocaba “el enfoque” y que “en política no se decide por emociones ni apegos”. “Se decide -escribió- en función de ganar para poder implementar un proyecto político”.
Tres pronunciamientos
Javier García Senador del partido nacional
“Empezamos a dar un debate que no se encierra en el directorio. No hay que encerrarlo en las estructuras partidarias. Esto se tiene que hablar con los militantes. Lo que hicimos fue disparar una discusión y ahora la pelota quedó picando. Pero no podemos negar que existe un reclamo y que hay argumentos políticos y electorales que están en el sentir de muchos votantes de la coalición”.
Andrés Ojeda Secretario general del Partido Colorado
“Yo fui el primero en declararme nativo coalicionista. Sigo siendo más coalicionista que nunca y tengo claro que el futuro es en coalición. La gente nos reclama esto mismo en la calle: nos reclama todos los días que nos juntemos. Y no nos perdonaría si no hacemos todo lo que está a nuestro alcance para ganar y cambiar el rumbo del país, que no puede seguir siendo así”.
Pedro Bordaberry Senador del partido colorado
“Siento que es una falta de respeto pensar en las elecciones de 2029 en estos momentos. Es una falta de respeto hacia los uruguayos. Tenemos un drama en la seguridad pública que lo vemos todos los días. Tenemos un problema enorme de economía, un problema enorme de trabajo, ¿y yo voy a empezar a hablar de las elecciones de 2029? Cuando llegue, lo pensaremos”.
El sociólogo Francisco Faig, también vinculado al Partido Nacional -fue coordinador de programa de la exprecandidata Laura Raffo-, al igual que Licandro, no compartió las expresiones de Gutiérrez, a quien además le señaló “errores históricos graves”, en la medida en que “no sería la primera vez que blancos, colorados y otros votarían fuera de sus lemas: en 2025, 2020 y 2015 ya ocurrió; pero también en 1917: coalición popular se llamó”, sostuvo en referencia a una alianza legislativa que crearon entonces blancos, colorados riveristas y la Unión Cívica para oponerse, en unas elecciones legislativas, al régimen colegiado en el Ejecutivo que estaba promoviendo José Batlle y Ordóñez. “Ninguno ha perdido por ello personalidad ni perfil propios”.
Entre los colorados el panorama es similar. Ya quedó claro que, una vez más, Ojeda se sitúa también en este asunto en las antípodas de Bordaberry: “Yo fui el primero en declararme coalicionista nativo”, dijo a El País el excandidato a presidente colorado. La advertencia de sus votantes es que “no perdonarían” que, a nivel nacional, no se intente la alianza ya estrenada en Montevideo, Canelones y Salto por primera vez en las últimas elecciones departamentales, aunque con éxito solo en el norte.
“Le falta carne a la marca de la coalición”
“No es una decisión trivial” la que está en juego respecto al lema único para la coalición republicana, dejó en claro de entrada el sociólogo Rafael Porzekanski. De todos modos, no tiene respuestas concluyentes a esta altura del partido, ni “argumentos” claros que permitan dilucidar el problema medular: a saber, si el bloque mantendría o perdería los votos que hoy recoge en la primera vuelta.
“A nivel de las amenazas, hay una que es muy obvia: cuando uno tiene una candidatura única, la oferta se restringe. Este riesgo es indiscutible”, advirtió el director de Opción Consultores.
La apuesta, el beneficio potencial, está en lograr que “la unidad haga la fuerza”, pero para ello es clave que la sociedad, y en particular los votantes del actual bloque oficialista, integre en su imaginario a la “marca” coalición republicana. “Se tiene que transmitir un plus”, dijo Porzekanski, que recordó de este modo lo que ocurrió con el FA en la elección de 1971, cuando “quizás fue más que la suma de las partes, porque la marca se instaló muy fuerte de entrada y contagió a un segmento importante de los votantes”. La pregunta “difícil de contestar es, entonces, si la coalición republicana generaría un efecto de entusiasmo y contagio en su electorado, que compense el riesgo de presentarse con una sola fórmula presidencial”.
Hoy, consideró, la marca está “en construcción”, porque “es bajo el porcentaje de uruguayos que se dicen coalicionistas”. “Lo que hay -explicó- es una especie de identidad de la coalición implícita. Esas personas tienen claro que no votarían nunca al FA, y que pueden hacerlo perfectamente por el Partido Nacional, por el Partido Colorado, por el Partido Independiente y quizás por Cabildo Abierto (aunque ahora la situación de este partido es mucho más vidriosa), o por Eduardo Lust. Pero tienen claro que hay una diferencia entre ese conjunto de partidos y lo que representa el FA”.
Para entender el punto de institucionalidad o instalación de marca en el que se encuentra hoy la coalición, puede observarse que no existe “una bandera oficial, un himno o una fecha simbólica”. Acá el razonamiento intuitivo es correcto: “Cuanto más instalada esté la identidad coalicionista, independientemente del formato de competencia, mayor será la retención de sus votantes”.