El intendente de Cerro Largo, Christian Morel, tiene varias particularidades: es el primer jefe comunal que antes fue alcalde —aunque también ocupó otros cargos, como el de diputado— y, además, nació en Montevideo, aunque de chico se fue a vivir a Río Branco. En entrevista con El País, defendió a los que hacen surtidos grandes en la frontera para vender. Por otro lado, dijo que espera que Fiscalía actúe luego de presentar tres denuncias a partir de una auditoria sobre la gestión anterior, de José Yurramendi, también del Partido Nacional. Además, recordó las razones de su distanciamiento con Sergio Botana y el pedido que le hicieron para que no fuera candidato a la intendencia.
—Es el primer alcalde, en este caso de Río Branco, que llega a ser intendente. También fue diputado. ¿Cómo era su vida antes de dedicarse a la política?
—Hace 11 años que estoy enpolítica. Antes, durante cinco años, estuve en algunos proyectos particulares, como el de las canchas de fútbol sintético. También trabajé ocho años en Tienda Inglesa, en Montevideo, y tuve un puesto en los free shops de Río Branco, donde vendía mates, materas y bombillas. Era una linda fuente de ingresos.
—Vivió, trabajó y, además, nació en la capital...
—Al año y medio me llevaron a Treinta y Tres. Ahí estuve un año. Después viví toda la vida en Río Branco, salvo los ocho años que volví a Montevideo.
—¿Qué llevó a su familia a Río Branco?
—Mi padre ingresó en la Dirección Nacional de Aduanas y durante 35 años fue aduanero en la ciudad de Río Branco.
—La Aduana, justamente, ha sido un tema de conversación en su gestión. Ha habido movilizaciones de “bagayeros” y usted ha criticado la política de frontera del gobierno nacional.
—Ahora ha mejorado un poco. Por vivir en la frontera, ser hijo de un aduanero y haber tenido, en algún momento —no lo voy a negar—, eso como forma de vida, critiqué y criticaré que se ataque al que hace el surtido o a aquel que tiene algún boliche chico y trae mercadería en un surtido agrandado, que se mete en los barrios y vende las cosas fraccionadas.
—Se solidarizó con ellos en su momento...
—Siempre me solidarizo con los quileros, no con los que son más grandes. Los quileros no son los que verdaderamente mueven la aguja de la economía del país.
—¿Habló con Orsi de esto?
—Sí, tenemos un ida y vuelta con el presidente. El hecho de haber sido intendente le permite darnos una respuesta rápida. Nos dijo que iba a averiguar sobre el tema. Después bajó un poco el agua.
—¿Qué quiere decir con que “bajó un poco el agua”?
—Han empezado a entender que es al contrabando grande al que hay que atacar.
—Al poco tiempo de asumir, ordenó una auditoría sobre la intendencia. El anterior intendente José Yurramendi, fue el blanco de esa revisión. En mayo, tras conocerse los resultados, anunció el inicio de varias investigaciones administrativas y el envío de información a Fiscalía. ¿Cómo siguió esto?
—Me preocupa el poco avance de Fiscalía. Hay tres denuncias presentadas y ninguna se ha movido. Pero no está dentro de mis intereses que la gente caiga presa. Algunos no entendieron nada. Prometí hacer la auditoría durante la campaña y lo cumplí, pero eso también generó alarma en algunos. “¿Cómo lo va a hacer? Es un propio compañero del partido”. Si le dije a la gente que iba a gobernar de otra manera, tenía que hacerlo.
—¿Qué señalaban las investigaciones administrativas?
—Fueron muy interesantes. Una denuncia tiene mucho acervo para que Fiscalía pueda tomar una decisión importante. La verdad es que hay información muy delicada.
—Usted dijo en una conferencia de prensa que el 90% de las compras analizadas se hicieron sin un proceso competitivo de proveedores.
—Es lo que detectó la empresa auditora. Yo lo repetí. Esos han sido los puntos rojos.
—Yurramendi habló de “humo” y “revanchismo”.
—No fueron muy acertadas las palabras del exintendente. Se lo hice saber porque tengo con él un trato interesante, importante y de buena convivencia. Si es “humo”, que lo decida Fiscalía. En ese momento, José lo entendió. No necesariamente tiene que ser responsable el intendente. Capaz que el equipo cometió errores. Que cada uno de ellos se haga responsable.
—¿Yurramendi no sabía lo que pasaba?
—Capaz que se le escapó algo. Hay cosas que a mí no se me escapan porque sé que hay que estar atento a los lugares donde se prende la luz de alarma. Capaz que tengo un poco más de facilidad por saber cuáles son esos lugares. Su firma no está en cosas muy delicadas en las que debería estar. En mi gobierno, todo pasa por mis manos.
—También lo criticó el senador Sergio Botana, con quien se inició en política.
—No tenemos ningún tipo de vínculo, si bien hay un pasado. Entré al partido porque le pedí ser parte de su equipo. Durante el proceso de la interna de 2024, hice todo para conseguir los votos suficientes para ser candidato a diputado. Logré 8.800, más que Yurramendi, que obtuvo 4.000, y que la actual diputada Graciela Echenique, que consiguió 1.800. Por cómo Botana había puesto las cartas, tenía que ser candidato a diputado. Pero el entonces intendente Yurramendi dijo que, en el conjunto de las 42 listas, tenía 12.000 votos. Ahí me dijeron que, si quería ir en una lista sola a la diputación, tenía que bajarme de la candidatura a la intendencia. Pero ya le había dicho a la gente que quería ser intendente.
—¿Y qué sucedió?
—No nos entendimos. Nuestra relación se cortó cuando, faltando 30 minutos para el cierre de las listas, tomó la decisión de presentar su lista y dejarme afuera, cuando yo ya tenía pronta la mía. Fue una jornada maratónica porque presentamos las dos a último momento. Fui candidato a diputado y perdí por 180 votos, cuando pensé que iba a perder por 2.000 o 3.000. Luego Botana hizo una campaña fuerte contra mí, a favor de Yurramendi, diciendo cosas que me dolieron muchísimo, pero nunca encontró en mí una respuesta. Esas heridas algunos las curan con facilidad, pero a mí me cuesta un montón asimilar que aquella persona que idolatré, a la que ayudé muchísimo —si bien también me ayudó a mí—, se suba a un escenario a decir las cosas que dijo. Capaz que un día nos volvemos a hablar o nos volvemos a saludar.
—¿Cómo ve los movimientos que ha habido dentro del Partido Nacional? Martín Lema está armando su sector nacional, Aire Fresco busca reafirmarse y, en la capital, Valeria Ripoll lanzó su propia agrupación...
—Celebro y aplaudo a quienes hoy tienen tiempo para dedicarse a la política. Melo tiene una particularidad: se desayuna, se almuerza, se merienda y se cena política. Todo el día está politizado. Es una barbaridad a la que no estaba acostumbrado. El otro día me llamó un alcalde y me preguntó: “Che, ¿qué va a hacer políticamente dentro de cuatro años?”. Pero no tengo ni idea, quiero gestionar. Celebro los movimientos, pero los veo de lejos. Capaz que dentro de un año y medio empiezo a pensar dónde me voy a posicionar y qué quiero hacer. En Cerro Largo, la interna manda mucho. Si tenés votos, seguís adelante; si no, la gente ya te tira para afuera.
—Pero, ¿en qué sector del Partido Nacional está?
—Hoy por hoy, ante las invitaciones de cada uno de los sectores, participo. Por ese motivo, algunos pueden pensar que “anda firuleteando en todos los lugares”. No he tomado otra decisión que la de no estar en un sector. Voy a ir a una interna, en la que veré cuántos votos tengo, para después decidir.. Quiero aclarar que no es por las posiciones que me ofrecen en las listas. La palabra “independiente” suena muy fuerte, pero hoy no me considero parte de ninguno de los sectores.
—Dentro del Partido Nacional, el Directorio dice buscar una descentralización. ¿Se les da espacio a los departamentos del interior?
—He tenido un excelente trato con el presidente del directorio, Álvaro Delgado. Cuando se hizo la auditoría, nadie del partido me preguntó nada. Me dejaron hacerla tranquilo. Han sido muy contemplativos porque pasé por un momento difícil cuando tuve que decidir si me iba para mi casa o si enfrentaba a Botana, que era la persona políticamente más importante del departamento, algo que se mide en votos. Sentí que me abrieron la puerta y me apoyaron para tomar una decisión propia. El partido respetó mi decisión de ser candidato a intendente, aunque hubo algunos del otro sector del departamento que movieron sus fichas a nivel nacional para que figuras muy importantes “le hablaran a Cristian y le pidieran que se bajara”. Esa persona me pidió que lo pensara. Le respondí que estaba decidido y me dejaron ser. Por eso, voy a estar eternamente agradecido al partido.
—Entonces, ¿le pidieron dentro del partido que se bajara de la candidatura a la intendencia?
—Desde el sector del otro candidato llamaron a una figura importante del partido, a la que no quieren nombrar, y le dijeron que hablara conmigo para ver si había alguna posibilidad de que me bajara, de hacerme entender que tenía que hacerlo. Esa persona, cuando lea esta nota, va a saber que es ella. Es alguien del partido a quien le estaré eternamente agradecido porque me dejó ser quien tenía que ser. Si me hubiera planteado otro escenario, lo habría respetado porque para mí es una figura muy importante en mi vida política. No sé si la palabra es “pidieron”, pero sí me transmitieron cosas que tendrían que haber quedado en Cerro Largo.
—¿Siente que, de alguna manera, le quisieron “explicar” cómo era la situación?
—Sí. Un día me dijeron: “Mirá, por la unidad del partido, lo mejor es que seas candidato a diputado, que José sea candidato a intendente y que, por el bien del partido...”. Yo les respondí: “Eso es una mentira”. Es una mentira machaza. Es para que uno quede acomodado como intendente, yo como diputado y el otro como senador. Eso es una barbaridad. Me quisieron explicar algo que nunca entendí ni voy a entender, porque, mientras sea un político por vocación, voy a estar en los lugares donde más pueda dar respuesta a la gente. El día que quiera serlo por ambición, me voy para mi casa.
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