Gobierno ya espera por el gabinete de Bolsonaro mientras el FA asume el golpe del viraje a la derecha de la región

En el Ejecutivo se recibió con sorpresa el resultado electoral brasileño y se anticipan a eventuales consecuencias de un drástico cambio de mando en Itamaraty, como cambios en el futuro del Mercosur.

Reunion de Yamandu Orsi y Luiz Inacio Lula da Silva en la previa de Asamblea de la Organizacion de las Naciones Unidas, Nueva York, Estados Unidos, foto @LULAOFICIAL, 20260921, Presidente de la Republica y Presidente de Brasil
Reunion de los presidentes Yamandu Orsi y Luiz Inacio Lula da Silva.
Foto: @LULAOFICIAL

El gobierno de Yamandú Orsi fue —sigue siendo— un observador muy atento de las elecciones brasileñas de este domingo, por razones más que evidentes: la importancia de entender cuál será la conducción del país más grande de Sudamérica, del que Uruguay es limítrofe y socio comercial clave; si se plegará o no —tal parece que sí— al generalizado viraje hacia la derecha en la región; y por la inocultable afinidad y cercanía ideológica con Luiz Inácio Lula da Silva, aunque en las últimas horas la relevancia de este aspecto ha sido matizado por el propio mandatario y por su canciller, Mario Lubetkin.

El proceso electoral que el Ejecutivo ha seguido de cerca implicó ciertos niveles de incomodidad para el gobierno, en la medida en que el Frente Amplio hizo activa campaña en favor de Lula, y el Ejecutivo, si acaso, se limitó a mostrar hasta dónde llega la buena "sintonía" con el líder del Partido de los Trabajadores (PT) en reuniones como la mantenida días atrás en Nueva York. Aquel encuentro con el brasileño terminó con efusivos mensajes de agradecimiento recíproco en redes sociales —y el anuncio de que Uruguay cedía buena parte de sus cuotas de carne con acceso preferencial en China.

Aunque es prácticamente imposible ocultar la parcialidad del gobierno frenteamplista en este duelo electoral —en el que Flávio Bolsonaro se posiciona como claro favorito para el balotaje del próximo 25 de octubre—, el gobierno tiene planificado mantener equidistancia en este tramo final de campaña, algo que, por otra parte, ven casi imposible o incluso indeseable en filas frenteamplistas (ver recuadro).

Porque las expresiones del partido de gobierno han sido todo lo explícitas que podía esperarse. Fernando Pereira, presidente de esta fuerza política, aseguró ayer en declaraciones a Canal 5 que entendía el duelo electoral brasileño como una lucha entre "democracia y barbarie" y que a ningún militante identificado con la coalición de izquierda podía darle "lo mismo" el resultado de esta elección.

Pero Orsi volvió a afirmar un principio que en la Cancillería de Lubetkin, por lo bajo, repiten como un mantra: "El gobierno es el gobierno —sostuvo el presidente— y la fuerza política es la fuerza política. No hay que entreverar los tantos".

Esa rígida separación que sostiene una política de Estado de relacionamiento con todas las gestiones, dijo por su parte una fuente del Ejecutivo a El País, "se mantiene al firme".

Lo que nadie desconoce es que Lula es un "querido amigo" de Orsi —así lo afirmó días atrás el uruguayo—, mientras que con el candidato liberal no se tiene la más mínima relación.

"La afinidad o los conocimientos que uno tenga con las personas —reflexionó ayer el presidente, consultado precisamente por esto— no pueden interferir en lo que son las relaciones entre los países".

La sorpresa y las expectativas del gobierno

La victoria de Bolsonaro fue realmente una sorpresa en el gobierno, aunque Lubetkin declaró este lunes que no podía decirse que la hubo ni que no la hubo. Orsi lo admitió sin más. "Hay resultados que, de repente, sorprenden", dijo el mandatario, refiriéndose a lo que ninguna encuesta aventuraba: que el candidato del Partido Liberal podía superar a Lula por dos puntos porcentuales y quedar ya como favorito para imponerse en el balotaje.

Ahora bien, este nuevo escenario que se abre en la región —y para el que en el Ejecutivo estaban preparados, incluso si Lula terminaba a la cabeza en esta primera vuelta pero con pocos puntos de ventaja— no supone en sí mismo una novedad si se tiene en cuenta que esta es la novena elección en el continente en la que el proyecto de la izquierda es derrotado. Esto ya ha obligado a Orsi y Lubetkin a adaptar sus agendas e incluso generar instancias de cercanías con gobiernos que no pueden estar más en las antípodas de la cosmovisión frenteamplista —como ocurre, por ejemplo, con el chileno José Antonio Kast, con quien incluso se suscribió un acuerdo de seguridad.

Sí reconocen que, de todas ellas, la de este fin de semana, por tratarse de quien se trata, es la que "pesa más", aunque también entienden que debe esperarse a la confirmación del "gabinete" que armará Bolsonaro —es en lo que ya están pensando en el gobierno, señalaron los consultados— para tener una idea acabada de la orientación que tendrá la nueva administración brasileña, sobre todo en lo concerniente a la política exterior.

En este sentido, la incógnita más grande que tienen en el Ejecutivo es en relación al futuro del Mercosur, en la medida en que las señales de Bolsonaro al respecto apuntaron a, como mínimo, una mayor "flexibilidad" en el funcionamiento del bloque. También se teme que los planteos de Itamaray vayan más allá y propongan una salida de la alianza.

Los cuestionamientos de la coalición republicana

Las reacciones en el arco opositor coincidieron en denunciar lo perjudicial que pudo haber sido que el oficialismo se hubiera apegado tanto a Lula en este último tiempo. Uno de los más duros en esta línea fue el senador blanco Sebastián da Silva, para quien estas elecciones confirmaron "la torpeza que tiene el Frente Amplio a la hora de mantener relaciones con los Estados y no con sus amigotes ideológicos". "Hoy Uruguay va a quedar arrinconado en un rinconcito pintado de rojo, y eso a la hora de las definiciones de inversión no es nada bueno", indicó.

El senador colorado Andrés Ojeda, en tanto, criticó que Orsi se mostrara sorprendido —"ese no es un comentario feliz para hacer en estos momentos"— y envió una carta a Presidencia y la Cancillería en la que pidió que se mantenga "cautela, prudencia y equidistancia" en la recta final de esta campaña.

Interna

En el FA entienden que el gobierno no debería ocultar "la afinidad con Lula"

Las expresiones públicas de los referentes del Frente Amplio fueron de clara desazón, aunque hubo quienes, como
Fernando Pereira, que todavía tienen expectativas de que cambie la tendencia en estos 20 días que quedan de campaña. “La diferencia no llegó a dos puntos en primera vuelta y hay un 20% del electorado que no participó de la elección”, dijo este último, que agregó en esta línea que ese panorama le daba la “esperanza para pensar que el amor puede vencer al miedo”.

La senadora Liliam Kechichian, por su parte, recordó que el Frente Amplio “se ha expresado claramente a favor de la candidatura de Lula” y que el partido seguiría militando por el exsindicalista.

Esa es una realidad, dijo Gustavo González, senador socialista, que el partido de gobierno “no lo ocultó ni lo puede ocultar”, a pesar de que Orsi y Mario Lubetkin se van "a mantener equidistante”. “No lo veo ni bien ni mal —dijo González a El País—. Es la diferencia que establece Orsi con la fuerza política y el gobierno”. Sin embargo, agregó que, si fuera por él, y sin perder el “respeto” por lo definido por el Poder Ejecutivo, buscaría que el gobierno no escondiera su cercanía con el líder del PT. “Todo el mundo sabe que tenemos afinidad con Lula”, subrayó.

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