Todo se sucede a la velocidad de las redes sociales: el dinamismo como se concatenan hechos nuevos que surgen hora tras hora, todos tributarios de la sorprendente incursión militar norteamericana en Caracas en la madrugada del 3 de enero y la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, no da casi tiempo a producir sus explicaciones y, menos aún, a entender o interpretar las posibles implicancias que todo esto puede tener en los demás los procesos abiertos en el resto del globo.
Uno de ellos, de primer orden para el gobierno de Yamandú Orsi, y el de todos los países socios del Mercosur, apunta a Europa y al postergadísimo acuerdo de libre comercio con el viejo continente, que estaba a las puertas de cerrarse a fines del año pasado y que volvió a ponerse en pausa por reiterados reclamos de algunos de los socios de la Unión Europea (UE), en particular Francia e Italia —este último el Estado que, con su peso clave, pidió tiempo para lidiar con el reclamo de sus agricultores.
Esta noticia, que tiró por la borda las esperanzas de que el tratado fuera ratificado en la cumbre del Mercosur del pasado 20 de diciembre en Foz de Iguazú (Brasil), sigue igualmente esperándose en Sudamérica, aunque sin tener en agenda una fecha concreta —como ha dicho el canciller Mario Lubetkin—, ya que se espera, únicamente, por señales que vuelvan a llegar de parte de los europeos.
Y más aún tras lo ocurrido en la madrugada del sábado, y los subsiguientes mensajes que ha enviado Donald Trump en conferencias y sendas entrevistas, que han dejado al descubierto su política expansionista en la región, que igualmente ya estaba expresada en la Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, dada a conocer semanas atrás.
Que el escenario mundial cambió, y que la valoración geopolítica que puede hacerse sobre el eventual acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es muy distinta ahora que antes del 3 de enero, es una conclusión a la que arribó el gobierno de Orsi, quien transmitió al presidente español Pedro Sánchez en una conversación telefónica que mantuvo este fin de semana que la oportunidad no podía ser más propicia.
Los movimientos que están habiendo en Europa y los esperados para esta semana, han generado a su vez cierto nivel de expectativas en el gobierno uruguayo y en la Cancillería.
“Hay varias reuniones previstas en Bruselas para mañana y el viernes”, dijo a El País una fuente del Poder Ejecutivo”. “Y allí sacaremos conclusiones sobre si se está avanzando o no”, agregó el informante.
Los pasos en Europa
El elemento más importante que explica el congelamiento actual de la posible asociación proviene de los reclamos de los sectores agroexportadores de la UE, y los voceros de este bloque han comunicado al Mercosur que estos días están abocados a encontrar soluciones a las demandas de los productores más allá de las aportadas en los últimos ajustes a los textos del futuro acuerdo.
Por lo pronto, tal como informó AFP, la UE ofreció este martes un incentivo a los agricultores descontentos.
Esto implicará que la Comisión Europea, que es el brazo ejecutivo del bloque, modifique su propuesta presupuestaria para el período 2028-2034 y permitir así a los agricultores acceder de manera anticipada a unos € 45.000 millones, de acuerdo a lo establecido en una carta firmada por su presidenta, Ursula von der Leyen.
Asimismo, la UE mencionó el lunes que esperaba firmar “pronto” este acuerdo, pese a las mencionadas resistencias, que serán abordadas este miércoles, de hecho, en una reunión entre ministros de Agricultura de los socios del bloque y la Comisión. El viernes, en tanto, según informó El País de Madrid, se prevé que los Estados miembros de la UE voten los textos legales del acuerdo, una instancia interna que nada tiene que ver con el posterior proceso de validación que cada país deberá hacer en los meses subsiguientes.
Como sea, las señales que siguen llegando desde el otro lado del Atlántico buscan mostrarse alentadoras, aunque en los ámbitos diplomáticos, en donde en un primer momento reaccionar con sorpresa por la posibilidad certera de que todo quedara culminado el 20 de diciembre pasado, ahora analizan con escepticismo y reticencia que los europeos se decidan, ahora sí, a poner su firma.
Por lo pronto, la portavoz de la Comisión Europea, Paula Pinho, evitó confirmar que siga estando arriba de la mesa la fecha del 12 de enero como el mojón para rubricar el acuerdo , aunque de todos modos aseguró que el bloque iba por “buen camino”. "No tengo una fecha para confirmar, ninguna fecha concreta, pero puedo confirmar que estamos en el camino correcto para poder considerar una firma, con suerte, pronto”, subrayó la portuguesa.
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