Durante la anterior administración, cuando equipos del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) realizaban operativos de asistencia a personas en situación de calle —en un contexto de fuerte trabajo en traslados—, en una ubicación puntual de la capital departamental nueve de cada diez personas habían egresado del sistema carcelario en las últimas 24 horas.
El ejemplo, comentado a El País por una alta autoridad de la gestión pasada, puede sonar o parecer exagerado, pero refleja uno de los principales factores —aunque no el único— que inciden en la problemática de las personas en situación de calle.
Una suerte de puerta giratoria: mientras el Estado, por un lado, hace lo posible por sacar a las personas de esa situación mediante diversos operativos, por otro las empuja nuevamente hacia esa realidad. Esta dinámica se profundiza al sumarse otros factores como las adicciones, la salud mental y el acceso a la vivienda, que aparecen como los principales focos del problema.
El presidente de la República, Yamandú Orsi, señaló que en Uruguay egresan de la cárcel entre 25 y 30 personas por día. A esto se suma que, según el último censo de personas en situación de calle realizado en agosto de 2023, el 53% de los encuestados afirmó haber estado privado de libertad, y de ese grupo, la mitad indicó haber pasado por prisión hasta tres veces.
Uno de cada diez encuestados afirmó haber estado vinculado al Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU). A su vez, cinco de cada diez señalaron que ya habían dormido en la calle antes de estar privados de libertad, mientras que el 52% indicó que quedó en situación de calle tras salir de la reclusión.
“La magnitud de la situación es bastante mayor de lo que suponíamos y es a nivel nacional. Lo que venimos haciendo no termina de resolver el problema. Es difícil que vayamos a llegar al punto cero, pero tenemos que hacer el esfuerzo para frenar este crecimiento y de ser posible hacerlo retroceder, amortiguar esta situación que nos rompe los ojos y el alma”, reconoció el presidente.
Estos datos, más allá de que fueron relevados durante solo una noche hace más de dos años y medio —y la problemática de calle todos los actores reconocen se ha agravado—, arroja una pregunta: ¿Es realmente capaz el Estado uruguayo —no solo el Mides— en este momento de dar una respuesta que solucione el problema de calle? ¿Hasta qué punto la salida de la cárcel está alimentando el crecimiento de la población en situación de calle?
En diálogo con El País, el director de la Dirección Nacional de Apoyo al Liberado (Dinali), Luis Parodi, señaló que uno de los factores más relevantes para que esto ocurra es cuando se cortan los vínculos sociales, que pudo ser antes de la privación de libertad.
“La situación de calle tiene que ver con círculos sociales rotos y con un fenómeno mundial que responde a que hay un montón de gente que no quiere vivir en esta sociedad, haya estado o no preso. No es la única variable, pero hacer hincapié en eso es hacerlo en algo que todos ya sabemos: la cárcel fracasó”, afirma.
Por esta razón, el exdirector de la Unidad 6 de la cárcel de Punta Rieles —considerada modelo— sostiene que, si a los reclusos se les priva de lo que ocurre en la sociedad, resulta muy complejo que, al salir, logren reinsertarse.
“Está muy difícil. Punta Rieles fue eso: un intento de que la cárcel y el afuera se parecieran lo más posible para que el tránsito hacia el afuera fuera lo menos mentiroso posible”, cuestiona Parodi.
En esta línea, el educador reconoce que de los 30 liberados diarios efectivamente “algunos terminan en calle”, muchos de los cuales, agrega, están bajo la órbita de la Dinali en refugios, estudiando y trabajando.
No obstante, agrega: “El circuito calle hoy existe. Tiene sus reglas, normas, solidaridades y también sus robos. Si esos circuitos no se combaten con otros mejores, se reproducen. Difícilmente veas a alguien solo en la calle: casi siempre hay dos o tres. Siguen siendo seres humanos, pero esos circuitos empiezan a desarrollar modalidades y códigos propios, muchos de los cuales provienen de la cárcel. Por eso deberíamos acordar que estas personas necesitan reconstruir vínculos y generar otros circuitos sociales. El Mides no puede quedar solo con la responsabilidad de gestionar esos procesos”, reclama.
La institución total
Para Parodi, que considera esencial introducir “la democracia” en las instituciones que gestionan la privación de la libertad de las personas, en Uruguay todavía es aplicable para las cárceles un concepto acuñado por el sociólogo Erving Goffman en 1966: “Las instituciones totales terminan reproduciendo lo que quieren combatir”.
“Es así, los hospitales psiquiátricos, los internados son otros ejemplos. No es que niegue el internado, pero no tiene por qué ser total. Se puede trabajar, producir, organizarse, hacer música, política. Es total cuando depende absolutamente de mí (el recluso) para cagar, para dormir, para bañarse, para salir. Esa es la totalidad: la dependencia absoluta de alguien para hacer las cosas más básicas. El tipo se transforma en un idiota. No lo digo yo, está dicho hace muchísimos años. El individuo termina convertido en un pedigüeño del “dame, dame, dame”, pero a la vez recibe únicamente aquello que la institución decide que quiere darle. Por lo tanto, para lograr algo tiene que hacer un verso todo el tiempo. En la cárcel para lograr una salida de dos minutos tengo que mentirle al guardia, al operador, al sargento”, grafica.
Para el senador del Partido Nacional Martín Lema la conferencia dada por el ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila, junto a a Orsi estuvo “mal planteada” y considera que no se toma “real dimensión del problema”.
“No puede recaer un fenómeno tan complejo en una sola institución. No alcanza con aceptarlo, hay que actuar en consecuencia. Ministerio de Salud Pública (MSP), ASSE, Ministerio del Interior, Ministerio de Vivienda y el Congreso de Intendentes debieron estar de arranque en la conferencia dando a conocer las políticas que aplicarán. ¿Qué compromiso asume ASSE y el MSP en el tratamiento de adicciones y salud mental para personas en situación de calle? Porque el Mides no tiene una función asistencial sanitaria”, cuestionó el exministro.
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