Para el director de Factum, Eduardo Bottinelli, hubo un punto de inflexión comunicacional en la administración de Yamandú Orsi con la presentación de la última Rendición de Cuentas. El sociólogo, sin embargo, considera que la espontaneidad del presidente constituye, al mismo tiempo, una virtud y un defecto que lo ha llevado a cometer errores políticos al sobreexponerse.
-¿Qué conclusiones saca de la última encuesta dada a conocer por Factum el pasado miércoles? ¿Qué hay detrás de esa baja en la desapobración y el mantenimiento en la aprobación del presidente Yamandú Orsi?
-Hay pequeños movimientos que se dieron en las últimas mediciones. Lo que muestran es que llegó a un techo en términos de desaprobación entre los votantes de la coalición y ahora se retrajo un poco. Eso explica el último movimiento.
-¿La desaprobación cae por los votantes de la coalición?
-En esta encuesta ocurrió eso (Según la última medición de Factum cerrada al 17 de octubre, en el quinto bimestre del año la aprobación de la gestión del presidente Yamandú Orsi se ubica en 26%, la desaprobación alcanza el 52% y quienes no aprueban ni desaprueban son el 22%). En la anterior había sido por los votantes del Frente Amplio (FA). Son todos movimientos relativamente pequeños, pero el último dentro de la coalición podemos decir que es más sólido. La caída de la desaprobación se divide entre los votantes de la coalición en partes. Hay un poco más de la mitad que van hacia el neutro y un poco menos que van hacia la aprobación. Hay que recordar que la aprobación entre los votantes de la coalición estaba en 2%, había llegado a un piso. Ahora está en 5%.
-¿Ha habido algún cambio?
Ha ido cambiando a lo largo de este tiempo. Orsi arrancó con niveles de aprobación relativamente altos dentro de los votantes de la coalición, pero sobre todo marcando un término neutro muy elevado. Estaba esa idea por las propias características personales del presidente -de no ser confrontativo- y del comienzo del gobierno. Digamos que fue muy “amistoso” en términos de que no venimos a refundar nada, no vamos a mover todas las estanterías. Eso llevó a un compás de espera. Posteriormente, llegó la época de la Rendición de Cuentas del gobierno anterior y ahí empezaron las primeras rispideces fuertes. Y después pasa lo de Cardama.
-¿Hubo un punto de inflexión a partir de la conferencia del 22 de octubre de 2025 cuando se anuncia la intención de rescindir con el astillero?
-Fue in crescendo la confrontación política entre oficialismo y oposición, a nivel de agenda y a nivel discursivo. Sobre todo la oposición comienza a ser mucho más dura a raíz de que se empiezan a discutir estos temas. Eso va provocando un proceso fuerte de aumento de la desaprobación en particular entre los votantes de la coalición. Al mismo tiempo, empieza a darse un proceso de caída en la aprobación entre los propios votantes del FA, que se intensifica más a fines de 2025 y a comienzos de este año. Las razones que lo explican tienen que ver con las expectativas que había, con un gobierno que arrancó con señales que no sintonizaban con la velocidad y con la profundidad con respecto a las expectativas que había de sus votantes.
-¿Se hablaba entre la militancia sobre la “tibieza” del gobierno?
-Había una línea que hablaba de eso, pero tiene que ver mismo con la metáfora que usó el presidente cuando dijo que el que creía que se iba a tirar abajo la estantería se equivocaba. Y que el que esperaba una cosa distinta de él se equivocaba también. Eso de alguna forma confrontaba con una parte del electorado del FA, que quería que se moviera la estantería.
-¿De dónde surge esa pretensión?
-Estaba alimentada por dos razones fundamentales. La primera estaba anclada en las expectativas generadas con respecto a lo que habían sido los anteriores gobiernos del FA, sobre todo los dos primeros (2005-2015). La memoria estaba situada ahí. Y la segunda es que el FA estuvo cinco años en la oposición y durante ese quinquenio se encargó como toda oposición de marcar todas las diferencias. De confrontar permanentemente con las medidas que tomaba el gobierno anterior. Pero al inicio de esta administración no modificó sustancialmente eso que criticaba. Hay pocos cambios en el arranque. Entonces, esos mensajes fueron permeando en los propios votantes del FA. Las expectativas de aumento de gasto en la primera Rendición de Cuentas, lo que se esperaba del Presupuesto, de una segunda Rendición de Cuentas. Todo eso fue alimentando (el descontento). Y en el medio además pasa el tema de la camioneta. Ahí es donde podemos identificar el piso, cuando el episodio de la camioneta. Afecta a votantes de la coalición y a los del FA.
-Según las últimas dos encuestas ahora parece haberse estabilizado la opinión pública.
-Estos movimientos finales que estamos teniendo dan cuenta de una estabilización sí, pero con una leve mejora. En el saldo aprobación-desaprobación es bastante más claro. Cuando miramos por separado, aprobación tiene un pequeño repunte de dos puntos -subió en la anterior encuesta y se mantuvo-y la desaprobación suma dos caídas consecutivas.
-Algunos dirigentes del oficialismo consideran que después de que se votó la Rendición de Cuentas hubo una mejora en el rumbo del gobierno. ¿Comparte?
-El anuncio de la baja de la pobreza cayó, aunque ya avanzado, en el medio del relevamiento para la última encuesta. De todas formas, eso tarda en decantar. Tiene que ver con la construcción de un discurso, con que le empiece a llegar a la gente ese cambio. Un indicador frío, como el de pobreza medida por ingresos, no necesariamente implica que la gente diga: “Ah, yo dejé de ser pobre”. Es muy interesante cuando analizamos los principales problemas del país como se separa la forma de vivirlos por clases sociales o nivel educativo (están más o menos asociados). Por lo general, los niveles más bajos tienden a vivirlo en primera persona y los más altos en tercera. Es decir: “No me alcanza la plata, no llego a fin de mes, tengo miedo a perder el trabajo, me robaron”. Esos son los bajos. Los otros: “La inseguridad, el Estado, el costo del Estado”. También hay diferencias entre los votantes del FA y los de la coalición.
-¿Cómo lo viven?
-Los del FA tienden a hablar de los temas económicos más enfocados en pobreza infantil, política social, situación de calle (bajó la preocupación, según Factum), empleo. Mientras que los de la coalición tienden a verlo en términos de “costo del Estado, los impuestos”. También sí pobreza y empleo, pero son encares distintos. Entonces, cuánto impacta la variación de la pobreza puede decantar de una forma en los votantes del FA y de otra en los de la coalición. Otro cambio relevante fue que podíamos prever una Rendición de Cuentas con una discusión interna fuerte dentro del FA, con mayores demandas de algunos sectores. Sin embargo, en parte por la jugada de la coalición de anunciar tempranamente el no acompañamiento y lo que se sufrió en la negociación para obtener los votos de Cabildo Abierto, llevó a que se homogenice el FA, que las diferencias no se expusieran y se calmaran. Lo otro fue que el gobierno salió ordenado como no lo había hecho antes. Señaló cuatro o cinco puntos que iban a ser los centrales de la Rendición. Lo dijo (Gabriel) Oddone en conferencia de prensa, lo dijo Orsi, se envió un comunicado de prensa y ese mensaje fue replicado por las bancadas.
-¿Hay una mejora en el posicionamiento?
-Se están dando varias circunstancias simultáneas, pero que todavía no decantaron en la opinión pública. Ahora hay que ver qué pasa con la baja de la pobreza, los datos de inseguridad alimentaria en menores de seis años, las inversiones anunciadas, pero el gobierno aparece un poco más ordenado.
-¿Cómo analista político nota que hay una mejora en la comunicación?
-El gobierno todavía está en un proceso para generar una línea clara y empieza a verse un mayor ordenamiento, aunque convive con esa virtud y defecto del presidente: la espontaneidad.
-¿En qué sentido?
-Lo de tener salidas en ronda de prensa después de un evento de lo que sea y eso todavía lo están tratando de pulir… Mujica lo tenía, hablaba en cualquier lado, en cualquier momento y decía cualquier cosa. Pero era Mujica, se podía contradecir en la misma nota. (Luis) Lacalle Pou lo tenía bastante, pero con una estrategia muy ordenada, con los conceptos muy claros y sabía las palabras que iba a usar. Habrá tenido dos o tres salidas un poco desordenadas, pero tuvieron más que ver con los escándalos. Este gobierno parece estar yendo en la línea de ordenarlo hacia ese lugar, pero todavía lo está puliendo. Por eso lo de virtud y defecto. Es un presidente que habla llano, que se comunica en forma sencilla y espontánea. Pero la virtud de ser espontáneo lleva a veces a usar una palabra que no era la indicada para ese momento. O no tiene toda la información de lo que ha sucedido. Ha tenido algunas de esas cuestiones, que es virtud porque es valorado, pero también le ha generado problemas. No encontrar la palabra adecuada en el momento o comenzar a buscarla mientras se habla puede hacer que el mensaje no quede claro. El punto de quiebre comunicacional lo identifico en la última Rendición de Cuentas.
-¿Con los videos de los jerarcas o por el comunicado que envía el Ministerio de Economía y Finanzas?
-El comunicado es el ordenador de todo lo que vino después. Es el punto de inflexión cuando por primera vez se alinean muy claro el Ejecutivo, la bancada oficialista, el gobierno. Hablaba Fernando Pereira, diputados, senadores, ministros. Todo era el guión: de qué y cómo hablar. Esa fue la primera vez que lograron instalarlo y es la línea que se está siguiendo adelante. También veo presente algo que usaba bastante el gobierno anterior: la dosificación de las buenas noticias. Ir pegando golpes permanentes y apropiándose de una agenda que durante un año y medio no había podido controlar. En este último tiempo lograron apropiarse de la agenda, algo que durante un año y pico no habían conseguido, en parte porque no había demasiadas cosas de impacto para anunciar y, además, porque el gobierno tuvo una actitud muy reactiva. Cardama fue un punto que marcó agenda, sí, pero fue reactivo.
-¿Y la oposición?
-Hay cuestiones distintas. Por un lado tenés cómo está visualizada la imagen de la oposición en términos globales y por el otro está Lacalle Pou.
-¿Cómo dos carriles?
-Lacalle Pou está en su mundo y su contexto, con buena imagen, muchos apoyos. Pero el conjunto de la actuación de la oposición sigue siendo cuestionada, por propios y ajenos. Sus propios votantes no están del todo conformes con su rol como oposición. Hay una parte que dice que debería ser más dialoguista y otra que sostiene que tiene que ser más dura. Entonces, hay gente que no está conforme porque la ve demasiada dura y lo que trasciende es el insulto, el palo en la rueda. Mientras que otros opinan que están siendo muy blandos. Hay dos pedidos en realidad. Por eso la frase de Sebastián Da Silva “Antón Pirulero” se aplica. Efectivamente la oposición tiene roles diferenciados internamente. Y es razonable que así sea. El tema es lo que trasciende más mediáticamente y llega más al electorado. Y hoy en prensa y redes lo que está vendiendo más es la parte dura.