El juez de Crimen Organizado de 1er Turno, Fernando Islas, rechazó el segundo habeas corpus presentado por la defensa de Luis Fernando Fernández Albín. El señalado como líder de uno de los grupos delictivos más importantes del país aseguró nuevamente estar siendo “torturado” en “aislamiento prolongado” y realizó una serie de pedidos, los cuales fueron rechazados (entre ellos un televisor y una heladera).
Luego de llegar a un acuerdo con el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) y desistir de su primer habeas corpus, los abogados del narcotraficante volvieron a presentarse ante la Justicia en enero. Esto se debió a que el “acuerdo” había sido que el INR se expediría oficialmente sobre el centro carcelario en el que Fernández Albín pasaría a cumplir prisión preventiva. Tras conocer que permanecería en el Centro de Ingreso, Diagnóstico y Derivación (CIDD) en régimen especial, la defensa presentó un nuevo habeas corpus solicitando que se ordene el traslado a otra unidad penitenciaria.
En este marco, el juez realizó una inspección ocular de la celda en la que se encuentra Fernández Albín, con el objetivo de conocer en profundidad sus condiciones. Allí observó que tiene luz eléctrica, agua potable fría y caliente, ducha y elementos de higiene. “Si no se aclarara cuál es la unidad y el sector, mal podría cualquier observador” creer que el delincuente se encuentra “en una cárcel”, manifestó Islas.
Durante el proceso, en el que el delincuente denunció un “régimen de aislamiento de facto”, se fueron aportando pericias y la declaración de testigos. Como “agravantes del encierro”, Fernández Albín mencionó la “privación de televisión y heladera” y una “alimentación inadecuada”.
Representantes del INR que comparecieron ante el juez aseguraron que la limpieza y alimentación que recibe es la misma que el resto del sector, ya que se trata de un régimen público-privado.
Las condiciones de reclusión de Fernández Albín fueron definidas tras analizar un conjunto de herramientas y evaluaciones, entre ellas un informe de la Policía Nacional. “Se lo trata de contener, que tenga un acceso limitado al exterior por la capacidad de organización que pueda tener”, explicó el director del centro en el que se encuentra Fernández Albín, Darío Suárez.
Uno de los motivos de discusión fue el régimen en el que vive, que fue establecido por el INR para delincuentes de alto perfil de riesgo. Se trata de una resolución firmada a medidados de diciembre que forma parte de un “proceso de reorganización del sistema penitenciario”, según surge de documentos a los que accedió El País.
El subdirector operativo del INR, Assael Arcos, explicó al juez que si bien hay personas que ya han pasado por este régimen anteriormente, lo que se hizo fue protocolizarlo. Este régimen puede aplicarse en el CIDD, el Penal de Libertad o la Unidad 25 (conocida como máxima seguridad).
Por su parte, el subdirector administrativo, Jorge Camargo, explicó que “existen privados de libertad que tienen determinada capacidad de organización, poder adquisitivo y capacidad de corromper el sistema” que requieren su alojamiento separado del resto para evitar que “vehiculicen la violencia” a través de otros reclusos. Este es el motivo por el cual, si bien el delincuente solicitó tener contacto con otros presos, permanece aislado.
Uno de los elementos reclamados por Fernández Albín fue la alimentación, por lo que se trató de un punto central en las audiencias. Allí declararon licenciadas en nutrición y personas vinculadas a la empresa que brinda la comida, quienes aseguraron que está prevista una distribución de 3.000 calorías diarias en tres comidas. Se trata de lo mismo que reciben el resto de los presos.
Desde el INR informaron que además, desde el comienzo de su reclusión ha recibido golosinas desde el exterior. Por ejemplo, el 14 de enero recibió paquetes de galletas, una tableta de chocolate y paquetes de gomitas. Fuera del menú también recibe pan elaborado en la Unidad 6 del INR. Esto fue constatado en la inspección del juez, quien al ingresar a la celda encontró un paquete de galletas dulces abierto y una bolsa con panes.
Si bien a Fernández Albín le fue autorizada una compra de $ 3.000 mensuales en el economato (mercado interno manejado por la empresa privada) este lo rechazó voluntariamente ya que entiende que no se trata de un beneficio. Esto se debe a que el resto de los presos tienen la posibilidad de gastar $ 10.000 por mes.
Si bien el juez hizo énfasis en que la “competencia exclusiva” de definir el lugar de reclusión es del INR, manifestó que no existen elementos para pensar en que Fernández Albín esté sufriendo “un intenso daño físico o mental”, por lo que no hizo lugar al recurso de habeas corpus. “No es posible disponer u ordenar el traslado como lo solicita la defensa, no solo por tener competencia exclusiva el INR, sino que queda debidamente probado que profesionales y técnicos con expertise demostrada lo han evaluado”, sentenció Islas.
Radio rechazada, sensación de hambre y comparación con Mandela
Durante su declaración ante el juez, Fernández Albín insistió en que se lo está "torturando" con un aislamiento prolongado. "Lo único que me falta para parecer Mandela es que me pongan a picar piedras", sostuvo. Al igual que había hecho durante la presentación del primer habeas corpus, volvió a destacar su descontento con la soledad.
"Estoy todo el día encerrado dentro de la celda. Sin nada para hacer, sin ningún compañero con quien hablar, sin nada para entretenerme", manifestó, según consta en la sentencia a la que accedió El País. También dijo padecer crisis de ansiedad, por lo que tuvo que concurrir al médico de la cárcel en más de una oportunidad. "Tengo que decirle al juez que si me pasa algo, que alguien se haga responsable, porque ya no aguanto más", dijo.
Actualmente, se encuentra solo en su celda y cuenta con medidas especiales de vigilancia. Tiene dos horas de patio al día, dos llamadas telefónicas por semana de tres minutos cada una y una excepcional de igual duración. Además, recibe una vez por semana la visita de sus hijas.
Si bien el INR le ofreció una radio para enterarse de las noticias y tener algo de acompañamiento, decidió rechazarla porque no le brindan un televisor. Desde el organismo se explicó en audiencia que el pedido fue rechazado porque "ninguno de los otros privados de libertad bajo el mismo régimen tienen televisión en su celda".
Con respecto a la comida, el delincuente manifestó quedar con "sensación de hambre" luego de recibir las raciones, pero el juez consideró que no se está incumpliendo ningún requerimiento.
"Ahora dicen que soy una amenaza para la seguridad pública y yo hace dos meses andaba en la calle rodeado de todos ustedes. Andaba por todos lados con mis hijas, mi señora, mi padre, mi perro. No sé que amenaza. Salí a la calle, estuve cinco meses en libertad y cambié para bien, porque antes era más joven y andaba a otro ritmo", dijo Fernández Albín ante el juez, a quien le advirtió que si bien su celda está en buen estado porque "fue dejada prolijita" por el INR, "la gente está desesperada adentro de la cárcel" y "la realidad (de los presos) es otra".
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