La Justicia condenó este martes a un hombre de 23 años por el asesinato del repartidor Ismael Alonso ocurrido el 18 de octubre del año pasado en La Unión. El jóven fue encontrado culpable de un delito de homicidio muy especialmente agravado en calidad de coautor por el que deberá cumplir 22 años y seis meses de cárcel.
Las pruebas reunidas durante el juicio oral permitieron determinar que el joven condenado eligió una víctima al azar para robarle la moto con la intención de venderla, y así obtener pasta base para comercializar en la zona de Villa Española. El condenado tenía antecedentes por asociación para delinquir, receptación, estrago y hurto especialmente agravado.
Los hechos
El 18 de octubre del año pasado, cerca de las 21:00, la víctima se encontraba entregando un pedido en una casa de La Unión. En el momento en que se iba a subir nuevamente a su moto luego de cobrar, fue sorprendido por el condenado y otro individuo que venían a pié. En ese momento uno de los dos atacantes le disparó para robarle el vehículo.
Posteriormente, los dos se dieron a la fuga en la moto, que llevaba detrás un canasto de la marca Rappi. Momentos después, dejaron el vehículo oculto en una pieza en el corredor donde vive el jóven condenado.
La víctima recibió dos disparos de arma de fuego, uno en el antebrazo y otro en el tórax que le produjo una hemorragia interna que le provocó la muerte. Fue trasladado a la emergencia del Hospital Pasteur donde se constató su fallecimiento.
El repartidor trabajaba para la pizzería “Las Tejas”. Según el POS que llevaba consigo, ese día había recaudado $ 6.166.
Mediante registros de cámara de seguridad, testigos, pruebas de ADN, y audios de enviados por celular, se logró identificar y acreditar la participación del hoy condenado en el crimen. Su acompañante aún no fue identificado, pero se presume que es un menor de edad con su mismo nombre, que está siendo investigado.
La Fiscalía de Homicidios de 1° turno, a cargo de Sabrina Flores, solicitó una pena de 27 años de cárcel para el joven como autor de un homicidio especialmente agravado y dos delitos de porte de arma de fuego, uno de ellos en calidad de reincidente.
Sin embargo, las pericias no permitieron determinar cuál de los dos atacantes realizó los disparos que ocasionaron la muerte de Alonso. Por eso, el juez Matías Porciúncula condenó al joven en calidad de coautor y lo absolvió de los delitos vinculados a las armas de fuego.
“La vida de Ismael Alonso valía una moto, y eso merece un reproche penal importante”, dijo Porciúncula. No obstante, el magistrado consideró que los 27 años de cárcel solicitados eran “desproporcionados” para la rehabilitación de la persona y redujo la pena en cuatro años y seis meses.
Audios
Durante la investigación, el celular del condenado fue sometido a pericias. Allí se encontraron audios entre él y el menor que presuntamente lo acompañó en el crimen. Los archivos permitieron determinar que el condenado pretendía conseguir una moto mediante un robo, venderla para obtener dinero, comprar pasta base y empezar a comercializarla en el barrio. Además, los audios revelaron que Ismael Alonso fue elegido al azar como blanco del robo y el asesinato.
Inicialmente, el condenado quería vender otra moto destartalada que ya tenía, a cambio de pasta base para comercializar. “Voy a vender la moto y voy a empezar a vender pasta, y el que me dice algo le pego en la boca esta vez, ñeri; acá mando yo, de wan. Estaba haciendo las cosas bien; bueno ahora hay que hacer las cosas mal”, dijo el homicida en un audio al que accedió El País.
“Estoy pelado, gil, imaginate. Fui a laburar, 650 pesos, le tuve que echar 50 a la moto, y me quedaron 100 pesos, mano. Estoy como loco, mano, quiero hacer plata, bicho, quiero vender mi moto para comprar pasta”, dice en otro audio.
El plan de vender su moto luego quedó de lado porque de lo contrario iba a quedar a pie, lo que no le servía para trasladar droga. Entonces el condenado se decidió por robar al primer motociclista que apareciera. “Salimos a mancar, ñeri, de wan, el primero que flote con la moto lo dejo a pata, firme. Vos dame el fierro a mí que yo lo dejo a pata mano, de wan”, dice en otro audio.
Otras pruebas
El 19 de octubre de 2025, un día después del asesinato, la Policía allanó las viviendas del homicida y su madre, en Villa Española. Incautaron una campera negra con las llaves de la moto robada, prendas de vestir y dos gorros. En un apartamento abandonado entre ambas propiedades encontraron la motocicletade la víctima, sin matrícula.
Las muestras de ADN obtenidas de los dos gorros, y en el manubrio de la moto coincidieron con el perfil genético del condenado. Por otro lado, un testigo de identidad reservada declaró que escuchó llegar al homicida con una moto y que, minutos después, su madre le recriminó por llevar objetos robados y lastimar gente. La mujer confirmó que discutió con su hijo para que retirara el vehículo de la vivienda y que este le reconoció que había robado la moto y disparado contra su propietario.
Los hermanos del homicida también declararon que el joven había reconocido el robo y los disparos.
Para deslindarse del hecho, el condenado dijo que el menor investigado llegó a su casa con otra persona y le pidió la ropa que luego la Policía divisó en la escena del crimen. Además relató que posteriormente el menor le ofreció $3.000 para guardarle la moto. Sin embargo, la Justicia consideró que las pruebas reunidas descartaron ese relato. El homicida incluso subió fotos a redes sociales con el arma usada y la ropa detectada en la escena del crimen.
A lo largo del juicio oral, el joven nunca demostró arrepentimiento. Tras la audiencia de condena de este martes, la familia se mostró agradecida con el trabajo de la Policía y la Fiscalía.
La abogada de la familia, Libia Solórzano, declaró a El País estar conforme con la sentencia. “La pena es coherente con lo que pasó, teniendo en cuenta la legislación actual. La Fiscalía hizo un trabajo impecable para llegar a este resultado porque hay casos que son similares, en los que hay bastante prueba, en los que no hemos podido llegar a estas penas”, dijo la abogada.