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según fiscal

Los lujos de Morabito en prisión: desde combos de McDonald's “para todos los policías” hasta echar al “funcionario que lo molestaba”

Ricardo Lackner le marcó a Layera que el mafioso tenía “una celda reservada como despensa gourmet”, que comía “corderos” y tenía a disposición “cuchillos y un gimnasio”; y que incluso las visitas que recibía “no eran registradas”.

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Rocco Morabito.
Rocco Morabito.
Foto: Archivo

Por Joaquín Silva
Ni el mafioso italiano Rocco Morabito ni el narcotraficante mexicano Gerardo González Valencia eran presos comunes y corrientes cuando estuvieron recluidos en Uruguay.

No lo eran no solo por la peligrosidad que representaban -buscados por medio mundo- sino por los privilegios que tenían en sus centros de detención -uno en Cárcel Central, el otro en la sede de la Guardia Republicana-, los cuales constituyen una de las tantas líneas de investigación que tiene la Fiscalía desde junio de 2019, cuando el italiano se escapó de prisión.

Porque no se privaban de casi nada. Es decir: recibían las visitas que querían, no tenían mayores controles y gozaban de servicios más similares a los de un hotel que a los de una prisión.

Todo esto fue descrito con bastante detalle por el fiscal Ricardo Lackner -que estaba a cargo de la causa hasta hace pocos días, cuando fue trasladado a otra unidad- en una indagatoria que llevó adelante el 15 de diciembre pasado, en la que catalogó todo este tema como un “escándalo” que le causaba “indignación” y “tristeza”, como informó El País este domingo.

Aquel día, entre las 13:11 y las 14:00 horas, el fiscal interrogaba sin pausa a quien fue director nacional de la Policía, Mario Layera, acerca de los “sistemáticos” traslados que se hicieron en esos años de González Valencia -conocido como El Cuini- desde el edificio de la Guardia Republicana hasta Cárcel Central, con el argumento de que en donde estaba el mexicano tenía vulnerados sus “derechos humanos”. Así fue planteado por el ministro de aquel momento, el fallecido Eduardo Bonomi, dado que el contenedor donde se encontraba alojado el narcotraficante no brindaba la suficiente intimidad para que el detenido tuviera relaciones sexuales con su esposa.

Pero la verdadera razón de esas visitas, que se hacían mediante costosos y complejos operativos de seguridad, era que el Cuini pudiera encontrarse con Morabito, como le puntualizó Lackner a Layera, cuyas respuestas eran, en su mayoría, que todos estos asuntos no estaban en “su competencia”, tal como consta en el registro del audio de esta indagatoria.

De cualquier manera, Layera sí estaba al tanto de la posibilidad de que ambos reclusos fueran encerrados en una misma cárcel, algo que dejó sentado en un informe que fue citado por Lackner en el interrogatorio. Allí el exjerarca había avisado sobre los riesgos de “juntar dos potencias en un lugar permanente de reclusión”, una advertencia que venía al caso para Lackner porque los hechos luego demostraron que terminó ocurriendo, precisamente, eso mismo que el propio Layera “quiso evitar”.

Sin embargo, el indagado hizo hincapié en que su informe señalaba el peligro de “un lugar permanente de reclusión” y no la eventualidad de que ambos delincuentes “se comuniquen de cualquier manera, personalmente, por carta, (o) por intermedio de abogados”.

—No, no —lo interrumpió Lackner en ese momento—. Conversaron tomando un café. Pegado a la Jefatura de Policía.

—Usted sabe más que yo porque está haciendo la investigación —dijo Layera.

El fiscal decidió entonces, dado que el indagado manifestaba no conocer los detalles de todos estos hechos, aportarle “un poco más” de contexto.

Dijo que el destino de todos los traslados del Cuini no era otro que “un lugar dominado por Morabito”.

—Lo llevaban a un lugar donde mandaba Morabito, donde se desplazaba libremente por todos los pisos.

—Sí...

—Donde hacía entrar lo que quería —siguió el fiscal—. Donde sacaba al funcionario que le molestaba o que él entendía que le faltaba el respeto a su esposa o a su hija. A ese funcionario, el único que le puso límites, lo echaron y no le dieron ninguna garantía. Ahí yo creo que la persona que es íntegra moralmente había que darle respaldo y no la vergüenza que está pasando hoy, que tenemos funcionarios policiales que están haciendo denuncias por el 0800 5000 porque no tienen respaldo, ¿no?

Y luego pasó a detallar cómo funcionaba la “microcorrupción” en Cárcel Central en los tiempos en que Morabito estuvo preso, y que incluía hasta la gestión de “préstamos”, aunque sobre esto no se explayó.

—¿Una vuelta sabe lo que hizo? Les trajo un combo de McDonald’s para todos —contó Lackner—. Todo el McDonald’s de 18 (de Julio) desfilando por Cárcel Central, llevándoles combos a todos los policías que estaban ahí y a los presos. Hacían corderos, cobraban para tomar el té en la azotea, (tenía) teléfonos...

Layera permanecía en silencio.

—(Tenía) una celda reservada como dispensa gourmet, tenía a su disposición cuchillos, un gimnasio, todo ahí... Las visitas no eran registradas. Cuando pedimos el informe de quién lo había visitado, la investigación de urgencia fue una vergüenza realmente, porque nos ocultaron que el ruso lo había visitado.

Lackner se refirió aquí a uno de los dos imputados por esta causa, un ciudadano ruso que vivía en Uruguay y que fue cómplice en la fuga de Morabito al permitirle dormir en su casa luego del escape, además de asistirlo en sus primeras horas de libertad.

Pero Lackner además agregó un dato clave.

—Se sabe que ese mismo ruso —dijo—, paralelamente, visitaba a González Valencia.

Y entonces, como lo hizo en otros pasajes del interrogatorio, el fiscal dejó ver su sorpresa por la pasividad que el indagado, de larga trayectoria en la Policía -había sido jefe de Montevideo y director de la brigada antidrogas, entre otros cargos-, tuvo ante estas situaciones.

—Yo me pregunto, le tengo que preguntar a un discípulo de (Julio) Guarteche, ¿cómo es que eso pasó?

—No está en mi competencia.

—No está en su competencia... —repitió el fiscal, resignado, casi aburrido.

—Volvemos a lo mismo de la gestión —repuso Layera—. La gestión de los presos, de las personas detenidas, no me corresponden. Es más...

—¿No sintió tampoco, siendo un funcionario de particular confianza, (que debía) alertar a las autoridades de una posibilidad? Ya que en ese momento usted era un funcionario de particular confianza, ¿(No creyó que debía) empaparse un poco más del asunto, hacer una visita sorpresa para ver cómo están las condiciones? ¿No se podía hacer eso?

Layera contestó que no le “daban los tiempos” para algo así.

—Lo que pasa es que este nos dejó pegados en el mundo —cuestionó Lackner.

—Bueno, pero nos dejó pegados después que pasó el hecho.

—Hay que prevenir.

—Sí, bueno, si tuviéramos el 100% y fuéramos capaces de...

—¿Pero sabe cómo se prevenía esto? Poniendo un candado en la puerta; no dejándolos con la puerta abierta de noche.

Porque Lackner, en varias partes del interrogatorio, mostró su incredulidad con las cosas de las que se fue enterando en estos tres años y medio de investigación. Otro ejemplo, según relató, es que las autoridades carcelarias de esos años, teniendo “conocimiento de un posible escape por la azotea” de Cárcel Central, autorizaban que Morabito tomara “sol en la azotea”.

Layera: “Reserva del caso fue vulnerada”

“El ministro Heber no es un referente de seguridad para mí y no me asombra que considere increíbles mis expresiones”, apuntó ayer Mario Layera, director nacional de Policía durante el último gobierno del Frente Amplio, en entrevista con VTV Noticias.

Sus dichos responden a la crítica que el ministro del Interior, Luis Alberto Heber expresó luego de que El País informara que Layera declaró en Fiscalía que las visitas del narcotraficante González Valencia a la celda de Morabito eran “responsabilidad” del exministro del Interior, el fallecido Eduardo Bonomi .

“Increíbles declaraciones de Layera. No tener conocimiento del traslado del narcotraficante más peligroso de América a entrevistarse con Morabito, integrante de la mafia calabresa en 13 oportunidades y culpar a Bonomi. ¿Jorge Vázquez tampoco sabía? ¿Director del INR tampoco? ¿Nadie sabía?”, había apuntado Heber más temprano en su cuenta de Twitter.

Layera también recordó que hay una investigación en curso y que en su momento, el fiscal Ricardo Lackner, le había dicho que la había mantenido en reserva, y le solicitó que hiciera lo mismo respecto a sus declaraciones.

El exjerarca de la Policía aseguró que no es correcto que se interprete que responsabilizó directamente a Bonomi por el hecho de que González Valencia y Morabito mantuvieran encuentros en Cárcel Central.

“Esa es una tergiversación -afirmó- para decir que yo estoy acusando al (ex) ministro Bonomi de corrupción”. Layera además lamentó que este hecho se dé cuando se recuerda el año del fallecimiento del dirigente del MPP, lo que, además, lo tiene “conmovido”.

En el senado

Evalúan investigar tema en el Parlamento

La comisión investigadora formada en el Senado para indagar las denuncias contra Charles Carrera por la “asistencia humanitaria” que dio desde 2012 a 2017 a un hombre que recibió un disparo presuntamente de un policía, podrá incluir también el abordaje a las irregularidades cometidas en torno al caso Morabito.

Esto es algo que analizan algunos senadores del Partido Nacional, amparados en que la denuncia que dio origen a este ámbito especifica que podrá incorporarse la investigación sobre “otras irregularidades”, sin especificar.

Consultado por El País, el senador blanco Jorge Gandini -uno de los legisladores del oficialismo más activos en este asunto- aseguró que, más allá de la labor de la comisión -de la que además es denunciante- las autoridades políticas del Frente Amplio deberían dar ahora las explicaciones sobre este tema.

Por otro lado, Gandini subrayó la labor del fiscal Lackner luego de haber sido muy crítico sobre el trabajo hecho en este caso. “La verdad es que va a fondo”, admitió Gandini luego de conocer las preguntas que el fiscal hizo a Layera el 15 de diciembre pasado. “Confirma la visión que tengo sobre las irregularidades con intencionalidad política que existieron. A mi juicio, Layera y Alfredo Clavijo (en ese entonces director de la Guardia Republicana) son los principales responsables”.

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