En el ecosistema emprendedor y tecnológico de Silicon Valley, las luces se las llevan las empresas, los emprendedores, los fondos de inversión y las aceleradoras. Pero para que todo este engranaje funcione de forma armoniosa, hay otra pieza importante: los estudios de abogados. Gunderson Dettmer es uno de ellos y tiene a la uruguaya Paulina Muñoz Guynot de Boismenu entre sus asociadas corporativas.
Muñoz ingresó al estudio en enero de este año y tiene como clientes a startups de América Latina que se encuentran en expansión y buscan inversión en Estados Unidos. «Son más de 20 startups desde México a Uruguay. Una de ellas, por ejemplo, es OrderEat, que llegó en marzo. Los asesoramos en el armado de la estructura para levantar su inversión seed yen cómo negociar con los inversores lo relacionado al gobierno corporativo y la toma de decisiones al sumarlos a la compañía», explicó.
Gunderson Dettmer fue fundado en 1995, en Palo Alto, el epicentro tecnológico de Silicon Valley, y se define como «el bufete de abogados internacional más destacado, especializado exclusivamente en la economía de la innovación». La empresa asesora a inversores líderes en capital de riesgo y capital de crecimiento, empresas privadas durante su creación, crecimiento y consolidación, y compañías que cotizan en bolsa surgidas del ecosistema global de venture capital.
La firma cuenta 12 oficinas en el mundo (nueve en Estados Unidos y tres en otros países), unos 770 empleados y más de 100 socios. Su casa central está en Palo Alto y también tiene sedes en San Francisco y San Pablo (Brasil), desde donde atiende al mercado regional. Muñoz trabaja en la primera junto a un equipo de cuatro socios y unos 10 asociados, todos abocados a Latinoamérica.
Insistir, clave de éxito
Muñoz nació y creció en el barrio Punta Carretas. A los 18 años, tras terminar el liceo, comenzó a interesarse por el sector tecnológico y, sobre todo, por las startups.
En 2018 comenzó la carrera de abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (Udelar) y tres años después ingresó al estudio Guyer & Regules. «Ahí se profundizó mi interés por el mundo de las startups. En un momento, en Guyer empecé a trabajar en un proyecto corporativo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) para la iniciativa de Uruguay Innovation Hub y me di cuenta que era lo que quería hacer: involucrarme en el mundo de la tecnología y las startups por su impacto en el país. Puede ser un gran cambio; genera puestos de trabajo de calidad como lo hacen empresas como dLocal, PedidosYa y otras», señaló.
Esa experiencia hizo germinar en Muñoz la idea de seguir capacitándose, y para ello decidió mirar al exterior. Analizó opciones y se decantó por la Universidad de California en Berkeley, institución pública referente en el ámbito tecnológico. «En 2023 lo hablamos con mi marido, que también está en el sector tecnológico, y decidimos postularnos. Yo para hacer un LLM (máster en leyes). Nos mudamos allí en julio de 2024 y si bien fui para hacer el máster, mi meta era quedarme y trabajar en el ámbito tecnológico», recordó.
Al ser extranjera, la uruguaya decidió darse a conocer en el rubro tecnológico de forma proactiva, a través de correos electrónicos y contactos en la red LinkedIn. La estrategia dio frutos en el primer año. «Entré a estudiar y comencé a contactarme con gente. En un momento le escribí a la abogada de Y Combinator para entrevistarla para la universidad. Después de la actividad le dije que quería dedicarme a este mundo en Latinoamérica. En ese momento me comentó que conocía el estudio para mí y me contactó con los socios de Gunderson Dettmer para la región», relató.
En noviembre de ese año tuvo una entrevista pero no fue seleccionada. «Me dijeron que tenía un buen perfil, pero que no contaban con una posición para mí en ese momento. Por un tiempo, les escribí cada dos meses para contarles lo que venía haciendo. Pero nada, incluso cuando me recibí de abogada en EE.UU., algo que logra solo el 20% de los extranjeros. Incluso, me convertí en la primera abogada uruguaya en obtener el Bar (examen oficial para obtener el título de abogacía) en California».
Tras casi un año de idas y vueltas, en diciembre de 2025, mientras visitaba a unos amigos en Chile, le llegó un correo del estudio. «Me avisaban que para 2026 tenían un lugar para mí y me preguntaban si podía ir. Por supuesto que acepté y en enero de este año comencé», indicó.
Muñoz reconoce que este tipo de insistencia puede ser mal vista en Uruguay, pero considera que en Estados unidos «es lo que hay que hacer» porque es «la cultura en Silicon Valley». «Valoran si demostrás que realmente querés ese trabajo, que te interesa lo que hacen. Acá, si querés algo tenés que insistir; lo máximo que te puede pasar es recibir un no. Es un ecosistema súper colaborador. Esa abogada de Y Combinator que me contactó es un ejemplo», dijo.
Hoy, Muñoz aún vive en Berkeley con su esposo y disfruta de hacer asados con amigos uruguayos y de otros países de la región.
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