OPINIÓN

La realidad con dos enfoques

El escenario económico continúa muy incierto..

Foto: Pixabay
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Lo único que se puede anticipar es lo que todos ya han internalizado y es que, cuando se conozcan y se vuelquen al público, los números de la realidad económica que vivimos confirmarán que ellos no son buenos y que ese será su tono por algún tiempo más. Como no lo son tampoco los datos que ya se conocen a nivel internacional, en los países desarrollados y en los emergentes. Nivel de actividad, desempleo, comportamiento de los precios y otros indicadores macroeconómicos por el estilo, como el consumo, la inversión y el resultado de la política fiscal, por ejemplo, mostrarán registros que son peores de lo que ya venían siendo.

Ante este vaticinio generalizado, que difícilmente no se comparta, ¿puede haber alguien o algún grupo, que tenga la capacidad y el capital humano para afirmar que, si se hacen cosas diferentes a las que se vienen realizando, el desenlace económico sería mejor?

Tras las numerosas intervenciones que veo en la prensa por parte de técnicos, políticos, sindicalistas y personas en general, mostrando diferencias importantes con las medidas que se vienen tomando en este singular momento, he llegado a la conclusión que es muy difícil que se pueda sustituir el enfoque económico y social de las autoridades de hoy por otro, con las medidas que repiten programas anteriores y que son las que resultaron en una muy mala situación económica al momento de asumir la nueva administración de gobierno.

No parece conveniente llevar adelante una mezcla de acciones que han derivado, antes de desatarse la pandemia, en una economía en recesión, con un desempleo ya de dos dígitos, con el empleo cayendo significativamente desde hace ocho años, con la inflación prácticamente nunca alineada con la tasa objetivo y con el déficit fiscal más alto del último cuarto de siglo, y esto a pesar de una reforma tributaria que ha castigado al ahorro y a la inversión. Una mezcla de políticas que perdura desde hace ya tiempo sin haber logrado, tras una caída reconocible de la pobreza, evitar que vuelva a aumentar, que la informalidad laboral reasuma tendencia creciente y que el despilfarro inversor y en otros gastos del Estado haya crecido notablemente. Una combinación de políticas que aspira a que la organización de la economía sea hecha central y autoritariamente y desconociendo la historia de los países exitosos económicamente, en los que el Estado, cuanto menos interviene en las relaciones económicas privadas, mejores son los beneficios para todos en la sociedad.

Enfoques

Hoy la situación se caracteriza por la existencia de recursos escasos para satisfacer necesidades y deseos múltiples. La pandemia encuentra al país con esos recursos sumamente escasos para solucionar el problema económico que la acompaña y las consecuencias sociales que por él derivan. La creciente importancia del déficit fiscal es una restricción que limita el alcance de cualquier programa que aspire, al menos, a mantener la ya mala situación previa al despunte de la pandemia. Y observo que, pese a ello, se han inaugurado programas de apoyo a los que la crisis sanitaria más golpea —a personas que han perdido su trabajo, a otras sin trabajo y sin posibilidad de lograr un subsidio por desempleo y sin tener alternativas de ingresos de otra naturaleza—. Esos programas emplean recursos extraordinarios de naturaleza externa, como los créditos de organismos multilaterales. También, con el empleo de recursos de naturaleza interna como el relajamiento de la política monetaria para aliviar el peso financiero sobre las empresas, los créditos directos de los bancos oficiales, la flexibilidad impositiva y otras medidas que tienden a aliviar la situación pese a la severa limitación de recursos.

Para algunos, tal vez por razones ideológicas o quizás por otras como la de atracción del votante para que más adelante le devuelva el pasado statu quo político y su participación en él, la restricción de los recursos para sortear la situación no es un problema. Para ellos, el problema económico y social que genera la pandemia es subsanable con nuevos recursos a los que se puede acudir. Proponen la política empleada reiteradamente desde 2007. Extraerlos de las mismas fuentes, de las personas con mayores ingresos y riqueza. Recursos que de creciente recaudación, financiaron parte del aumento significativo del gasto público —en gran medida improductivo—, que requirió además la casi triplicación del endeudamiento público.

Consecuencia

Gravar el ingreso y la riqueza de la población con altos ingresos y patrimonio en las circunstancias actuales, no aportaría muchos recursos en el corto plazo —y menos en el mediano plazo—. Volver sobre las mismas bases imponibles de impuestos directos es un paso ya conocido, que tiene sus consecuencias inmediatas, como no dar una solución definitiva al problema y complicar aún más la salida de la crisis. Se debe tener presente las consecuencias económicas de una acción de ese tipo. Los impuestos el ingreso y sobre el patrimonio disminuyen el ahorro, que es lo que financia las inversiones. Son a su vez éstas, las inversiones, las que impulsan la producción y el empleo. Si el ahorro disminuye, es muy probable que la salida de la crisis, cuando la pandemia finalice, sea muy lenta y culmine con una nueva normalidad por largo tiempo con un desempleo más alto que el actual, un gasto público más desbordante y un endeudamiento en crecimiento inconveniente por sus consecuencias sobre el futuro financiero de nuestro país.

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