Hace dos semanas, antes del recrudecimiento de los enfrentamientos en Medio Oriente entre Estados y Unidos e Israel con Irán, me refería en mi columna —La economía no crece ni crecerá lo proyectado—, a las perspectivas de la economía uruguaya y señalaba que “realizar proyecciones macroeconómicas es un trabajo difícil, pues implica estimar las variables que rigen la actividad económica y,como lo muestra la evidencia, en la casi totalidad de las experiencias de proyecciones, aún las de corto plazo, los resultados no son los inicialmente esperados”.Agregaba: sin la influencia de factores exógenos o del exterior, se deberían esperar, en 2026, resultados macroeconómicos menos satisfactorios que los proyectados por la conducción económica.
En la semana en que se publicó la columna —la primera de marzo—, se agravó la situación en Medio Oriente y provocó efectos importantes sobre los mercados en general.Apreciación del dólar a nivel mundial; reducción de rendimientos de títulos financieros a nivel global; reducción de valores bursátiles de renta variable; aumento de precios internacionales que alcanzan a los de la mayoría de las materias primas y, en consecuencia y como corolario, a la producción y precios delos productos finales que las emplean como insumos. A la fecha que escribo esta columna, los mercados han reaccionado ante la conflagración, pero no ha habido medidas macroeconómicas oficiales, ni locales ni en países relevantes. Ante esta nueva situación de fuerte cambio en la influencia de factores externos y exógenos pues ocurren al margen de los de la combinación de políticas que lleva adelante la conducción económica de nuestro país, es sin dudas inevitable, pero difícil, la revisión y cambios en su programa con atención a los efectos adversos que puede recibir la producción de distintos sectores productivos locales y el empleo en ellos.
Efectos
El cierre del pasaje de naves petroleras por Ormuz, entre Omán e Irán, por el que se transporta el 20% del petróleo que abastece a Occidente, ha provocado —como ocurriera en 2022 por la guerra Rusia-Ucrania—, una apreciación de 28% del precio del petróleo en una semana (52% desde fin de año). En nuestro país, desde el comienzo de este mes el precio de los combustibles no ha reconocido esa suba de su insumo básico y seguramente deberá ser ajustado al alza al menos temporalmente. La crisis ha provocado también, rápidos efectos alcistas de precios de productos agrícolas —soja (8%), maíz (7%) y trigo (14%)—,y de la carne (7%).
Desde el punto de vista financiero, se deben destacar los efectos inmediatos de la crisis de Medio Oriente tanto sobre las paridades cambiarias como sobre los activos financieros de renta fija y de renta variable.El valor del dólar ha aumentado ante la mayoría delas monedas del mundo.En la primera semana de marzo mejoró ante el euro (2.4%), el yen, la libra y el yuan así como también sobre las monedas regionales: el peso argentino (1,2%) y significativamente ante el Real brasileño (5.4%) y Uruguay (5%). Los valores de las empresas a nivel mundial han declinado en general, si se les refleja los precios accionarios que cotizan en las principales bolsas de valores del mundo, las que declinaron fuertemente en la semana inicial del mes provocando un “efecto riqueza” negativo adverso al gasto y la producción.
Consecuencias
Es probable que la única reacción con efectos de corto plazo de los principales mercados financieros del mundo haga más expansiva o mantenga las características actuales de sus políticas monetarias. La Reserva Federal —la más relevante a nivel global—, podría reducir en 25 puntos básicos su tasa de interés de referencia a 3.25%-3.5% para evitar agudizar el problema actual de un mercado laboral en Estados Unidos, con desempleo en suba reciente y a pesar de una inflación mayor a la deseada. Tendrá poco efecto favorable.
La situación podría llevar a algunas naciones —en especial a Estados Unidos y a otras en retaliación—, a optar hasta la finalización del conflicto en Medio Oriente, a una política comercial más restrictiva —aumentos arancelarios— para protección de la actividad local.
Desde el punto de vista local, las consecuencias de lo que ocurre en Medio Oriente están asociadas al comportamiento del precio del petróleo y de las materias primas exportables; a lo que suceda en la región y finalmente,a las restricciones comerciales que se pueden enfrentar para exportar al resto del mundo.
El inevitable ajuste en el precio de los combustibles por el alza en su insumo básico, tiene efectos contractivos del consumo privado y de la inversión lo que afecta a la baja a la actividad productiva de bienes y servicios. El precio de los productos del agro es favorable para el sector agropecuario hasta que haya ajuste de precios de sus insumos. Si a lo anterior se suma la probable menor actividad externa ya señalada, que reduce el comercio, el efecto exterior neto por el lado de los precios internacionales de los productos señalados y por el menor nivel de actividad de los países en general, es recesivo.
La reacción en cuanto a neutralizar los efectos señalados no se puede llevar adelante con la política fiscal actual, pues exigiría ir por el mecanismo de menores tributos y mayor gasto del sector público, una combinación de medidas imposible de implementar con el actual presupuesto y la orientación política del gobierno. A lo sumo, lo que se podría llevar adelante es una política monetaria más expansiva que la actual que sea un estímulo algo mayor pero con el riesgo de su transitoriedad por la repercusión tanto en una mayor inflación como a una mayor devaluación. Lo mejor para nuestro país es una pronta finalización de la conflagración, para evitar una recesión.