Bajo la presión de EE.UU., Cuba acelera una drástica reforma económica

El presidente Miguel Díaz-Canel dijo: “si no hay riqueza, no hay nada que distribuir. Si no hay riqueza, no hay justicia social”.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, habla junto a una imagen del fallecido líder cubano Fidel Castro.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, habla junto a una imagen del fallecido líder cubano Fidel Castro.
Foto: AFP

La economía cubana está en ruinas, los cortes de luz pueden durar 30 horas y la administración Trump, con una presión constante sobre Cuba, sigue anunciando nuevas maneras de privar al gobierno comunista de los fondos que tanto necesita.

El gobierno cubano, en respuesta a la peor crisis de su historia moderna, anunció recientemente una profunda reestructuración económica. El paquete de 176 medidas permitiría una mayor participación de la empresa privada y flexibilizaría el control del gobierno cubano sobre la actividad económica de la isla.

Cuba niega que las medidas estén diseñadas para apaciguar al gobierno de Donald Trump, que exige que la isla adopte cambios económicos y políticos radicales, pero pocos expertos aceptan esta negación. Los discursos oficiales han enfatizado la necesidad urgente de reactivar una economía debilitada que se está derrumbando bajo décadas de gobierno centralizado y la creciente presión de Washington, al tiempo que insisten en que Cuba seguirá siendo un país socialista.

Los economistas afirman que el plan, aprobado apresuradamente por la Asamblea Nacional cubana representa un cambio drástico. Es la primera vez desde la revolución de 1959, que dio paso al régimen comunista, que el gobierno se ofrece a ceder el control total del comercio.

Pero aunque el gobierno cubano afirma que permitirá la banca privada y que los particulares posean más de una empresa y propiedades inmobiliarias, los expertos se muestran escépticos.

Una transición radical hacia un sistema similar a los de Vietnam o China, que abandone una economía estrictamente controlada por el Estado y de planificación centralizada para adoptar una economía mixta flexible y de mercado, sería difícil de lograr a menos que la administración Trump flexibilice las sanciones.

Algunas empresas extranjeras han comenzado a retirarse de Cuba por temor a infringir las recientes normas estadounidenses que dificultan aún más hacer negocios en el país. Para que regresen, no solo tendrían que cambiar las regulaciones cubanas.

Además, el gobierno cubano tiene un grave problema de credibilidad, según los expertos. Los funcionarios ya han anunciado cambios económicos anteriormente, para luego retractarse sin explicación. Cuba carece de estado de derecho y separación de poderes, y a menudo incumple con sus obligaciones financieras. Es un entorno empresarial notoriamente arriesgado.

Algunos expertos compararon el ambicioso paquete de incentivos diseñado para fomentar la inversión extranjera en Cuba con una escena recurrente de la tira cómica "Peanuts": Lucy intentando convencer a Charlie Brown para que vuelva a patear el balón.

¿Qué planea hacer Cuba?

El paquete incluye la expansión del incipiente sector privado, con mayor libertad para importar y exportar sin interferencia estatal.
— Por primera vez, las empresas cubanas podrán contratar a más de 100 empleados, un límite destinado a evitar el crecimiento excesivo del sector privado. Los empresarios también podrán ser propietarios de múltiples empresas privadas, poniendo fin a una práctica restrictiva y a una queja recurrente del sector privado.
— Los cambios abren la puerta al desarrollo inmobiliario privado en la isla y proponen transformar las empresas estatales en empresas comerciales privadas con participación accionaria. Esto permitiría a los bancos privados ingresar al sector financiero cubano, que antes era exclusivamente estatal.
— El gobierno también planea eliminar la prohibición a 70 de las 125 actividades comerciales que hoy están restringidas, pero no especificó cuáles. Las empresas están altamente reguladas en Cuba y las prohibiciones gubernamentales son muy amplias; incluyen la compra al por mayor, la venta directa de miel al público y la fabricación de calzado ortopédico.
— Las propiedades estatales ahora también pueden venderse a empresas y particulares nacionales y extranjeros, incluidos los cubanos residentes en el extranjero. Incluso se permite que las cadenas de comida rápida abran franquicias en la isla.
— Reconociendo que su red de seguridad social se está debilitando, el gobierno cubano quiere transferir la responsabilidad de las residencias de ancianos y otros programas de bienestar social a empresas privadas.

¿Qué opinan los expertos al respecto?

La mayoría de los expertos afirma que las ideas resultan familiares: los economistas las han propuesto durante décadas. Otros opinan que tal vez no sea demasiado poco, pero probablemente demasiado tarde para rescatar la economía o satisfacer a Estados Unidos.
Los expertos también creen que algunas medidas violan la Constitución cubana, que consagra el socialismo. A los economistas les preocupa que el gobierno cubano haya anunciado una serie de medidas, todas a la vez, sin un cronograma ni un plan claro sobre cómo implementarlas o financiarlas.

“Algunas son bastante radicales”, dijo Pedro Monreal, economista cubano. “El problema no es tanto si llegaron tarde o temprano, sino si son factibles, si realmente pueden funcionar”.
Daniel Torralbas, exanalista de políticas del Ministerio de Economía y Planificación de Cuba, afirmó que, si bien muchas preguntas siguen sin respuesta, “sin duda” los cambios “son los más profundos” que el gobierno cubano ha anunciado desde que asumió el poder en 1959.

“Pero eso no significa que vayan a funcionar, ni que se vayan a implementar todas a la vez, ni que vayan a tener éxito”, dijo Torralbas, quien actualmente estudia en Londres.

Varios expertos advirtieron que algunas medidas, como la apertura de activos estatales a la propiedad privada, impensables incluso hace unos meses, podrían abrir la puerta al amiguismo.
Pavel Vidal, economista cubano que imparte clases en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, afirmó que tales cambios son arriesgados. Sin supervisión, transparencia y un marco legal claro, dijo, podrían dar lugar a tráfico de influencias.

“Pueden crear oportunidades para la corrupción, la búsqueda de rentas y las transferencias opacas de activos a élites con poder político o acceso privilegiado a la información”, dijo Vidal.

¿Qué dicen los leales al gobierno cubano?

El primer ministro Manuel Marrero declaró sin rodeos que la acumulación de riqueza en manos privadas —un tabú comunista en Cuba durante décadas— ya no estaría prohibida. Reconoció explícitamente “el crecimiento legítimo del patrimonio financiero y material de personas jurídicas e individuales”.

El presidente Miguel Díaz-Canel añadió: “Si no hay riqueza, no hay nada que distribuir. Si no hay riqueza, no hay justicia social”.

Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, afirmó que el gobierno reduciría la burocracia y otros obstáculos para la realización de negocios.
Declaró a un periódico de los Emiratos Árabes Unidos que Cuba estaba “abierta a los negocios”.

¿Pero qué hay de Washington?

El Departamento de Estado de Estados Unidos, en respuesta a preguntas, declaró que el presidente Donald Trump continuaría ejerciendo presión para impulsar reformas económicas y políticas mucho más sustanciales.

El Departamento de Estado afirmó que Trump busca “hacer de Cuba un destino atractivo para la inversión” y permitir que las empresas privadas crezcan de manera que contribuyan al desarrollo y la recuperación de la isla cubana, y que “brinden al pueblo cubano la libertad, la dignidad y las oportunidades que merece”.

La pasada semana, el Departamento de Estado anunció nuevas sanciones contra más empresas financieras estatales cubanas, así como contra un miembro de la familia Castro.

“Estas graduales ‘reformas económicas’ son modestas, largamente esperadas y, en última instancia, meras señales de humo superficiales del régimen cubano”, declaró el Departamento de Estado.

Activistas cubanos como la defensora de la libertad de expresión Yoani Sánchez y el disidente José Daniel Ferrer coincidieron en gran medida, subrayando que la extensa lista de cambios no incluía ninguna mención a la libertad política ni a un sistema multipartidista.

“Cuba no necesita medidas paliativas”, afirmó Ferrer, “sino una profunda transformación económica y una transición política completa”.

-Este artículo se publicó originalmente en The New York Times.

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