OPINIÓN

Argentina y Brasil: los vecinos no nos ayudan mucho

La situación de los vecinos no impulsará a la actividad económica de nuestro país en el corto plazo.

Foto: El País
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El verano es la estación del año en la que el sector turismo recibe el mayor impulso a su actividad debido al aporte de las visitas de los habitantes de los países limítrofes. En las últimas dos temporadas, el aporte no ha sido bueno.

En el verano del 2020 el número de visitantes brasileños disminuyó por las diferencias cambiarias y lo mismo ocurrió con el número de argentinos que son los que habitualmente más aportan al sector en el lapso diciembre-marzo. En el verano de 2021 a la causa anterior se sumó la pandemia que desde abril de 2020 comenzó a tener efectos negativos adicionales al llevar a restricciones en el ingreso al país de extranjeros en general y de los de la región en particular. Por las razones señaladas, los dos principales consumidores de servicios del turismo uruguayo no brindaron a nuestro país el impulso estacional conocido.

Los dos países limítrofes no son socios comerciales importantes solamente en el comercio de servicios turísticos. También lo son en la exportación e importación de mercaderías. Si bien Argentina ha perdido significación en la última década, Brasil se afianza como comprador de más de la quinta parte de lo que Uruguay exporta y vendedor a nuestro país de casi, también, la quinta parte de lo que acá se importa. Tan solo China, pese a la distancia, le ha superado en los últimos años como mayor socio comercial de nuestro país.

Para poder anticipar lo que suceder en el corto plazo —y tal vez en el mediano —, tanto con las corrientes comerciales de servicios como con las de bienes con los países de la región, importa ver el estado actual y las perspectivas de los determinantes principales de las citadas corrientes, tanto de los que influyen sobre las exportaciones como los que lo hacen sobre las importaciones.

Argentina muestra una situación recesiva desde mediados de 2019 y aún desde antes. Su nivel de actividad está levemente por debajo del previo a la pandemia cuando ya se ubicaba muy por debajo —15%— del nivel del año anterior, lo que implica que su ingreso, que es la contraparte del PIB y que es el principal determinante del consumo y de la inversión, ha venido en una tendencia negativa que no se revertirá rápidamente. Al menos eso es lo que anticipan quienes contestan la encuesta de expectativas del Banco Central argentino. La inflación se ubica por encima de 50% en términos anuales y la devaluación del tipo de cambio oficial le sigue de cerca, pero con la devaluación del dólar paralelo superando a la tasa de inflación por lo que, en consecuencia, el valor del dólar se ha hecho sumamente caro, además de estar restringida su compra.

En resumidas cuentas, si la recesión disminuye la demanda por productos en general y la de los importados en particular, y si la devaluación relevante —no la del tipo de cambio oficial—, supera ampliamente a la inflación, estamos en presencia de precios externos menores a los nuestros o, lo que es lo mismo, enfrentamos una capacidad de competencia argentina mayor a la de las producciones uruguayas. Los precios relativos de las mercaderías y de los servicios uruguayos son sensiblemente más altos a los similares argentinos y eso tiene una influencia negativa sobre nuestra actividad económica.

Difícilmente las exportaciones hacia ese vecino crezcan y también es difícil que el sector turismo pueda mejorar con cierto vigor en la temporada veraniega que en setiembre ya se comienza a preparar.

Vale recordar que, según estimaciones del instituto argentino de estadísticas (Indec), el turismo emisivo ha caído a la tercera parte en el último año. Tal vez exista cierta recuperación con destino a nuestro país por el levantamiento de las severas barreras para el ingreso que se tenían en ambos países hasta ahora pero, de todos modos, dados los indicadores económicos señalados, es difícil que la recuperación del turismo en la estación veraniega sea muy pronunciada. Por otra parte, el levantamiento de las barreras mencionadas tanto en nuestro país como de parte de Argentina es probable que provoque aumentos en las compras de uruguayos en el vecino país y que, además aumenten las importaciones desde ese origen.

En el caso de Brasil, la situación macroeconómica es relativamente diferente. La economía se encuentra en crecimiento y ya se ha llegado al nivel de producción anterior a la pandemia pero con un desempleo mayor, 14.5%, lo que reflejaría que recuperar la producción se puede hacer con menor empleo, y con una inflación en alza —9%— pero que ha sido significativamente más baja que la devaluación del signo monetario brasileño, el Real. Ello se refleja, como en el caso de Argentina, en una mayor competitividad de la producción transable brasileña frente a la uruguaya, lo que implica que es altamente probable que no haya mejoras significativas en el turismo receptivo desde ese origen y que las exportaciones de bienes no crezcan vigorosamente una vez que alcancen el nivel que tenían antes de la pandemia. Y, por otra parte, es también probable que se manifiesten más naturalmente —también en este caso como en el de Argentina al levantarse barreras para el movimiento de personas—, compras de empresas y personas uruguayas en el Brasil.

A mi juicio, entonces, la situación regional no impulsará a la actividad económica de nuestro país en el corto plazo. Es necesario, pero parece difícil, que los países de la región aceleren su producción —y así el ingreso—, para estimular su consumo y sus importaciones y que, además, haya una mejor relación de precios relativos con nuestro país, lo cual, también, dudo que ocurra en el corto plazo.

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