Rafael Beltrán (41 años) lo define como “una picardía”. Entre octubre y noviembre se estarán estrenando varios productos en los que él aparece. Muchos son personajes pequeños, pero no se queja. “No me puedo quejar”, insiste quien desde que puso un pie en la televisión, allá por 2004 con la serie 10 Mandamientos (Canal 10), no paró de trabajar. La picardía está en que, si bien ven la luz en 2026, son trabajos que fue haciendo en distintos momentos de su carrera.
El que sin duda lo tiene más entusiasmado es el que estrenará el próximo jueves, la película uruguaya Carne (en Argentina se estrena el 19 de noviembre). “En lo personal es como el estreno estelar porque tengo un personaje significativo y es una película que yo creo que va a generar su impacto”, lanza y la expectativa crece. Apenas agrega que es un film de género indefinido, como los que le gustan a él como espectador. “Tiene cosas de thriller, de suspenso, mucho humor negro, mucha tensión, tiene su cuota de sangre”, describe este amante del thriller psicológico, “tanto para la lectura como para el audiovisual”, apunta.
Pero volvamos unas semanas atrás. A Rafael se lo puede ver en la serie chilena Catedrales (Prime), como un profesor de voleibol del que se sospecha por la muerte de la protagonista; en la serie mexicana Timbiriche (VIX), que cuenta la historia de la banda de dónde salieron figuras como Thalía y Paulina Rubio y en la que hace de productor musical, y en la argentina Juan se alquila (Flow), una especie de Los simuladores que encabeza su amigo Nico Furtado y en la que funciona como antagonista en uno de los episodios. También es un jefe de seguridad en 17 capítulos de Margarita (HBO) y en futuros meses se estrenarán una película que rodó en Brasil y la tercera temporada de la argentina Porno y helado (Prime), donde comparte capítulo con Natalia Oreiro.
“Los tiempos del audiovisual”, dice, porque hay cosas que filmó hace más de dos años. Y medio en broma agrega: “Siempre con acentos”, dado que le tocó ser chileno, mexicano y hablar en portuñol. De todas maneras, aclara que hoy en día no importa si se habla con algún acento, la globalización lo cambió todo. “Ya no tenemos que explicar de dónde vienen las personas, todos formamos parte de una misma cosa. Eso abrió la cancha para que los actores podamos ir y venir y formar parte de historias de otras culturas”, celebra.
Pero, por otro lado, lamenta que Uruguay esté un poco rezagado en cuanto a lo que exige para sus actores cuando producciones extranjeras vienen a filmar al país. “Estamos muy desamparados porque, de repente, no hay tantos personajes de relevancia”, advierte. “Y siempre cuando vos das como país base, hay cosas que también tenés que exigir. Como al músico extranjero que se le pide que tenga un telonero local”, reflexiona y lo hace sin importar que él haya tenido suerte y haya metido algún rol un poco más importante. “Pero siguen siendo chicos para lo que uno pretende”, acota.
Considera que exigir personajes importantes ayuda a ganar visibilidad para que luego los proyectos lleguen solos, “porque a la industria le sirve la cara conocida”, argumenta. “Pero tiene que haber herramientas desde el país para que eso pase”, insiste.
También tuvo su oportunidad de emigrar, pero la dejó pasar entre otras cosas porque se define como muy familiero. Fue en 2021, cuando una directora de casting, de las más importantes de Europa, lo convocó directamente para ser parte de la serie española Los hombres de Paco. Eso hizo que luego le propusieran ser parte de otra serie, pero enfermó de covid y tuvo que bajarse. No se quedó quieto y dirigió teatro, aunque no se considera un director.
“Pasamos muchas cosas en un semestre, como que todo funcionó. Me volví a Uruguay para pasar las fiestas con intenciones de volver; de hecho dejé medio ropero en la casa de un amigo en Madrid, pero cuando llegó el momento, energéticamente no tenía ganas. Tenía más ganas de estar con mi familia y después empecé el vínculo amoroso con Pauli”, señala haciendo referencia a la actriz Paula Silva, con la que ha actuado en varias oportunidades también. “Nunca nos faltó trabajo acá”, destaca. Pudieron irse juntos a España, pero los afectos y su perro Pipi, un medio galgo rescatado, fueron claves para que prefirieran apostar al Uruguay.
De Paula se hizo amigo allá previo a la pandemia, cuando rodaron En el pozo. “Ha sido de las experiencias audiovisuales más lindas”, asegura del film dirigido por Bernardo y Rafael Antonaccio, con los que se ha vuelto a cruzar en varios proyectos, al primero como locacionista y al segundo como director de fotografía. “Con ellos y el resto del equipo tenemos un grupo de WhatsApp que todavía está activo, algunos forman parte de nuestro grupo íntimo de amigos”, comenta.
Independiente
Como todo uruguayo, Rafael quería ser futbolista. Jugó al baby fútbol y luego probó suerte en las inferiores de Nuevo Juventud —“soy de Pueblo Victoria”, informa—, Liverpool, Danubio y Bella Vista, donde lo llegó a dirigir su padre. En el medio tuvo un tiempo como basquetbolista en Capurro.
Pero el teatro siempre estuvo latente, el problema era que no daba con el curso adecuado. Hasta que en el Liceo N° 11 del Cerro se hizo un grupo de amigos que empezó a ir a estudiar actuación al Teatro Florencio Sánchez. Y allá marchó él también. “Fue donde hice mi primer taller y ya en el primer año protagonicé un capítulo de 10 Mandamientos. Muy rápido se materializó en algo profesional o que quería parecerlo, y muy rápido me envolvió todo ese mundo”, cuenta.
Luego vendrían las publicidades y el reconocimiento de la gente, lo que le permitió que sus padres no tuvieran nada para objetar. “A mi viejo le decían ‘vi a tu hijo’ y hay algo cholulo que si te nombran a tu hijo, pensás ‘estará haciendo bien las cosas’”, cree. Ayudó que eso también vino acompañado de un rédito económico.
Estudió en la Escuela del Actor, donde conoció a Nico Furtado y se hicieron muy amigos. “Muy rápido empecé a estar muy ocupado”, recuerda sobre sus inicios teatrales, un espacio en el que también ha hecho mucha cosa y que le dio el premio Florencio a Mejor Actor de Comedia por No entrar, no molestar en 2023.
La comedia es un género que no le gusta mucho consumir, pero disfruta haciéndolo. Por estos días, por ejemplo, integra el elenco de la exitosa Extraña pareja. “Es un tipo de humor muy sano, por momentos hasta naif, muy abarcativo. Eso también explica por qué agotamos casi todas las funciones y hay un lindo aplauso. Es un entretenimiento funcional al público más masivo”, destaca de la obra que protagonizan Coco Echagüe y Álvaro Armand Ugón en el Teatro Alianza.
Rafael remarca que siempre quiso ser un actor independiente. “La libertad de elegir no tiene pago. Yo elijo los trabajos que quiero hacer y el que no me cierra por algún motivo, simplemente pongo una excusa y no lo hago. Al fin y al cabo somos conductores, no solamente entretenemos. Hay obras que son más para entretener, otras pueden generar algo en el otro; en eso también se basan mis elecciones y mi equilibrio”, asegura.
No tiene un género ni una plataforma de preferencia, en cada uno encuentra algo para rescatar. “En todo hay aprendizaje, desafíos y cosas que me gustan. Yo creo que te oxidás si hacés una sola cosa. Me parece que el actor que hace mucho audiovisual no puede descuidar el teatro y además hay un cambio de proyección si hacés audiovisual”, reflexiona.
También escribe, pero esos textos aún no se han materializado. “He escrito mucho teatro que se puede hacer audiovisual y he escrito audiovisual minimalista que puede ser teatro”, cuenta pensando en que en Uruguay los recursos son escasos. Y aclara que es exigente en la forma de encarar las cosas, o las hace bien o no las hace. “No me gusta nada a media tinta, prefiero esperar a que estén dadas las condiciones”, sostiene.
Actualmente tiene trabajos en vista, pero nada concreto por comenzar. Mientras espera el momento, mantiene esas rutinas que tanto le gustan, como jugar al fútbol con colegas actores todos los lunes, cosa que hace desde hace 10 años bajo la organización de Leandro Núñez, o salir a correr tres veces por semana 10 kilómetros terminando con la puesta del sol. “Es un espacio mío; estoy una hora sudando, pensando y haciendo autoterapia”, señala.
El próximo personaje no tardará en llegar y él intentará que esté lo más alejado a su personalidad posible porque no le gusta el actor que hace de sí mismo, si bien lo disfruta como consumidor final. “Me he empezado a desafiar cada vez más. Para mí, algo que se parezca a la excelencia interpretativa es alguien que se desarma y que, manteniendo la misma verdad, ves en él personas distintas. Es un oficio que se debe a la transformación; el verdadero actor se tiene que transformar y no solo crece como intérprete, crece como ser humano”, sentencia.