Las singulares historias de las mascotas que terminaron embalsamadas en museos de Uruguay

Coquimbo, Martín, Foque y la gallina de Diego Lamas conservan el afecto que los unió a sus dueños.

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Coquimbo fue el fiel perro de Venancio Flores y luego de Julio Herrera y Obes
DARWIN BORRELLI

"Coquimbo me llamé: del héroe el sueño mil veces he velado en la campaña”. Eso dice el collar de un perro que sorprende a quien visita el Museo de la Casa de Gobierno. Coquimbo alguna vez perteneció a Venancio Flores y lo acompañó durante sus campañas militares, al punto de que las crónicas de la época lo describieron como “un soldado más”. Después de la muerte de Flores, pasó a manos de Julio Herrera y Obes y terminó a los pies de su féretro.

No fue la única mascota que los uruguayos de los siglos XIX y XX se negaron a perder del todo. En las colecciones de los museos del país se conservan también una gallina que perteneció al coronel Diego Lamas, el canario de Juan Zorrilla de San Martín y otros animales que alguna vez ocuparon un lugar dentro de la vida de sus dueños.

Un perro y dos presidentes.

“Era un perro criollo, no era un perro cimarrón”, explica Fernando Rodríguez Sanguinetti, director del Museo de la Casa de Gobierno, delante de Coquimbo, la mascota fiel de Venancio Flores, que hoy acompaña la pintura que hizo Juan Manuel Blanes sobre su asesinato. El animal, de pelaje entre grisáceo y dorado, se conserva en un notable estado y mantiene intactos buena parte de sus rasgos.

Según la versión más difundida, Coquimbo apareció durante la batalla librada el 2 de junio de 1863 a orillas del arroyo del mismo nombre, en Soriano. Era un perro que andaba suelto hasta que se acercó a Flores y permaneció junto a él. Desde entonces, el perro lo acompañó durante sus campañas militares, incluida la Guerra de la Triple Alianza. “Se le aparece en la batalla a Flores, de alguna manera lo defiende y está allí con él y Flores lo adopta como propio”, cuenta Rodríguez Sanguinetti.

La relación llegó hasta el último día de Flores. El 19 de febrero de 1868, cuando el general fue asesinado, Coquimbo estaba junto a él. Crónicas y testimonios de la época indican que intentó impedir que su dueño saliera de la casa, alertándolo del peligro.

Después de la muerte del general, el perro pasó a manos de Julio Herrera y Obes, entonces secretario de Flores y futuro presidente de la República. Coquimbo murió cuatro años después. Fue embalsamado y permaneció con Herrera y Obes durante décadas, incluso cuando este terminó en una situación económica muy precaria.

“Una de las cosas que no remató ni vendió fue a Coquimbo”, dice Rodríguez Sanguinetti.

Al morir, le colocaron un collar fechado en 1872. En él aparecen el escudo nacional y una figura femenina que representa a la República. Una inscripción, escrita en primera persona, recuerda al general: “Coquimbo me llamé: del héroe el sueño / mil veces he velado en la campaña. / Siempre fiel le seguí, y hoy mi recuerdo / la memoria del mártir acompaña”.

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Detalle del collar de Coquimbo
DARWIN BORRELLI

Cuando Herrera y Obes murió, en 1912, Coquimbo fue colocado a sus pies durante la capilla ardiente. El perro había acompañado a Flores hasta su muerte y, después, había permanecido junto a quien lo heredó. Décadas más tarde, terminó formando parte del acervo del Museo Histórico Nacional y recién volvió a estar a la vista del público cuando llegó al Museo de la Casa de Gobierno.

La fidelidad de Coquimbo pertenece a una historia mucho más antigua que la del Uruguay del siglo XIX. Desde Argos, el perro de Ulises que lo reconoce al regresar a Ítaca después de 20 años —contado en La Odisea—, los perros han ocupado en la literatura y en la memoria colectiva un lugar particular como símbolos de lealtad.

El canario y el poeta.

Juan Zorrilla de San Martín tenía en su casa un pequeño zoológico. Había pavos reales, tortugas y otros animales que incluso viajaban con la familia cuando se trasladaban desde la Ciudad Vieja hasta Punta Carretas para pasar el verano. Pero entre todos ellos había uno que ocupaba un lugar especial: Martín, un canario que andaba suelto por la casa.

“Se le posaba en los dedos y le arreglaba los bigotes”, recuerda el artista Ramón Cuadra, quien conoce la historia del animal a través de la familia Zorrilla. El canario se acercaba al poeta cuando este se sentaba y permanecía con él.

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Martín era la mascota preferida de Juan Zorrilla de San Martín

Martín vivió apenas unos días después de la muerte de su dueño. Cuando Zorrilla murió, el 3 de setiembre de 1931, el canario dejó de cantar y poco después murió. “Así de grande era el amor que tenía Zorrilla hacia el canarito y el canarito hacia Zorrilla”, dice Cuadra a Domingo.

La familia decidió entonces conservarlo. Lo mandaron embalsamar y, cuando el museo abrió sus puertas en la antigua casa de veraneo, Martín quedó allí como parte de la casa y de la memoria de su antiguo dueño.

La gallina de la familia Lamas.

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El coronel Diego Lamas tiene a esta gallina como mascota
Museo Histórico Nacional

En una de las sedes del Museo Histórico Nacional hay otra mascota inesperada: una gallina. Perteneció al coronel Diego Lamas y, según la documentación del museo, había sido apartada del gallinero y tratada como un miembro más de la familia.

La relación afectiva era tal que, después de la muerte de Lamas en un accidente hípico, en 1898, la gallina adquirió un carácter casi sagrado entre la colectividad política blanca. Incluso Ana Lafone, esposa de un dirigente cercano, bautizó una receta como “huevos a la Diego Lamas”, en su homenaje.

La gallina también fue fotografiada en vida. El Museo Histórico Nacional conserva una imagen en la que aparece junto a sus huevos, colocados delante de ella. No estaba empollándolos: la escena había sido preparada para registrar las actividades cotidianas de un integrante de la familia.

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Retrato de la gallina de Diego Lamas
Museo Histórico Nacional

Después de su muerte, en 1900, Sabas Canosa fue el encargado de la taxidermia. Este le escribió a los familiares de Lamas: “Deseando que la respetable Señora Madre de Uds. encuentre y reconozca en la preparación adjunta, la verdadera gallina histórica y grato recuerdo de ella...”

El perro marino.

Foque llegó al Capitán Miranda en 1987, apenas dos días antes de que el velero escuela partiera en uno de sus viajes de instrucción más largos. Tenía alrededor de un año y medio y era un perro mestizo. Algunos registros lo describen como un pomerania, aunque en el Museo Naval consideran que era mestizo. Se subió al barco y no volvió a bajarse. Durante los siguientes 12 años navegó junto a la tripulación. Recorrió 222.761 millas náuticas y pasó por decenas de puertos. Su costumbre de permanecer cerca de la primera vela, a proa, terminó dándole el nombre: Foque.

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Foque en uno de sus viajes en el Capitán Miranda
Museo Naval
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Foque con su uniforme de marino en el Museo Naval

Con el tiempo dejó de ser simplemente la mascota del barco. Se convirtió en un miembro más de la tripulación y hasta recibió un grado militar. En 1994, durante el XIV Viaje de Instrucción, fue ascendido a Cabo de Primera Clase y tenía su propio uniforme, confeccionado de acuerdo con las antiguas normas del ceremonial naval.

Foque murió en Grecia en 1999, durante su duodécimo viaje. Su muerte también revela hasta qué punto se había convertido en uno más de la tripulación. Según relata Mario Mascarello, director del Museo Naval, existió la intención de despedirlo en el mar, envuelto en la bandera, como a un marino muerto en combate. Pero la tripulación se opuso. Entonces, el cuerpo fue trasladado de regreso a Uruguay, refrigerado durante el viaje y posteriormente embalsamado. La tripulación hizo una colecta para pagar el trabajo. Después lo entregaron al Museo Naval, donde permanece hasta hoy.

Hoy, Foque es una de las piezas que más llaman la atención durante las visitas escolares. Hay desde una canoa indígena a objetos vinculados a la batalla de Trafalgar o al Graf Spee, pero un perro embalsamado consigue convertirse en el protagonista de la visita. “Los niños, cuando lo ven, se sorprenden”, cuenta Mascarello. “De todo lo que hay, quizás es lo que más recuerdan”.

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