Cada año, la Clínica Universidad de Navarra ofrece una única plaza para médicos especialistas de cualquier parte del mundo que deseen cursar el Programa de Formación Avanzada en Medicina Paliativa. En 2025, el ganador del concurso fue el doctor uruguayo Mateo Godoy Pintos, oncólogo salteño con formación en cuidados paliativos. “Acompaño procesos que son complicados para el paciente y su entorno, y es un camino que me llena y me hace sentir pleno”, expresó.
A pocas semanas de terminar el programa que le permitió tratar pacientes de España y el mundo —muchos llegan a esa clínica porque es pionera en áreas como oncología y hematología, entre otras—, conversó con El País sobre cómo es el trabajo en cuidados paliativos, qué mitos existen y cómo podemos ayudar —médicos o no— a las personas con síntomas difíciles de controlar o que están cerca del final de la vida.
— ¿Cómo ha cambiado el concepto de cuidados paliativos y qué significa hoy?
— Antes, cuidados paliativos era sinónimo de muerte; de un paciente terminal que estaba a punto de fallecer. Sin embargo, en los últimos años hubo una transición importante y hoy se consideran cuidados integrales y continuos que se dan en paralelo a otros tratamientos y están vinculados al control de síntomas. Incluso tratamos pacientes que luego se curan y salen del esquema de cuidados paliativos, es decir, no necesariamente se trata del final de la vida. En áreas como cardiología, nefrología o neumología suele haber pacientes que conocemos de forma precoz y seguimos durante meses o años; sobre todo, en el caso de enfermedades crónicas que evolucionan con empujes y remisiones.
Cuando un paciente es derivado a cuidados paliativos, lo primero que aparece es la cara de susto y la pregunta de cuál es el motivo, si no está en una etapa terminal de su vida. Pero una vez que nos conoce, comienza a vernos como un equipo de seguimiento y control de síntomas. Es un proceso personal y también de educación a nivel de la comunidad médica y la sociedad en su conjunto.
— ¿Qué tipo de síntomas definen si un paciente requiere cuidados paliativos?
— En el caso de los médicos de familia, pueden ser síntomas que aparecen en un estadío precoz de la enfermedad. Pero, en los centros de salud, los equipos de cuidados paliativos —integrados también por personas expertas en trabajo social, psicología médica, psiquiatría, nutrición y rehabilitación— siguen enfermedades más complejas y síntomas de difícil manejo que pueden ser físicos, emocionales o sociales.
— ¿Cómo cambia la experiencia del paciente y la familia cuando se aplican buenos cuidados paliativos?
— Tenemos mucha experiencia, por ejemplo, con el dolor de difícil manejo. Trabajamos con opioides potentes —morfina, fentanilo, metadona— y cuando los fármacos no bastan tenemos la pata psicológica y psiquiátrica. Vemos al paciente en su casa, observamos cómo se comporta en sociedad; tenemos una mirada global que impacta muchísimo. En los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), por ejemplo, utilizamos fármacos para la disnea y es un antes y un después. Una cosa es vivir todos los días con falta de aire y otra es llevar una vida normal, ir al supermercado y al baño y no necesitar ayuda de nadie. El control de síntomas es fundamental para estas personas.
— En cuanto a los cuidados paliativos en el final de la vida, ¿cómo pueden ayudar a las personas a morir dignamente?
— Primero, estando presentes, poniendo el hombro, dando un abrazo. Y obviamente acompañando con el conocimiento médico. Así, en el 90% de los casos se logra una muerte tranquila y en paz, no solo para el paciente sino también para el entorno. Tanto el nacimiento como la muerte son procesos que están perfectamente planeados. Suena extraño, pero es verdad. Muchas veces, los pacientes utilizan los días, semanas o meses finales para cerrar asuntos pendientes; por ejemplo, acercarse a un hijo con el que no se hablaban o a un hermano con el que no tenían relación, o también afianzar vínculos existentes. Nosotros, los médicos, nos sentamos a su lado, les tomamos la mano y los acompañamos hasta el final, y ellos son nuestros grandes maestros. Es un proceso natural y todo cuadra de una forma casi perfecta.
— ¿Tuviste alguna experiencia en cuidados paliativos que te haya transformado o marcado de alguna forma?
— Muchísimas. Antes de ingresar al programa de la Universidad de Navarra, trabajaba en cuidados paliativos domiciliarios en Uruguay y pude conocer a cada uno de los pacientes de forma profunda. Pasaba a ser un integrante más de la familia. Y recuerdo un montón de historias; sobre todo, de pacientes más chicos que yo, que tengo 33 años. Esos son los casos que más me impactan y me dejan más aprendizajes: vivir lo mejor posible, rodearme de seres queridos, disfrutar de la familia y de los amigos. Ninguno está libre de atravesar una enfermedad compleja y estas vivencias le dan mucho más valor a las cosas cotidianas.
— ¿Cómo podemos los demás acompañar ese proceso de la mejor forma?
— Justamente así: acompañando, estando. Es algo que la familia suele hacer bien, aunque, a veces, el no accionar genera un sentimiento de culpa o inutilidad. Siempre remarcamos que lo mejor que uno puede hacer en ese momento es estar presente y que incluso eso ayuda posteriormente a lo que son las etapas del duelo y a transitarlo de la mejor forma posible. Alcanzar un vaso de agua, acomodar la cama, poner música que a la persona le guste. Son cosas simples y también las más importantes.
— ¿Cómo están los cuidados paliativos en Uruguay?
— Muy bien. Como parte del programa, este mes participo en el Atlantes Global Observatory of Palliative Care de la Universidad de Navarra, un centro colaborador de la Organización Mundial de la Salud que realiza estudios sobre el desarrollo de los cuidados paliativos en el mundo, y hace pocas semanas publicaron el Atlas de Cuidados Paliativos de las Américas, donde se vio que Uruguay está en el primer lugar en el ránking de las Américas y en el puesto número 17 a nivel mundial. Tenemos una excelente cobertura y hay muchísimos servicios de medicina paliativa especializados. Obviamente queda muchísimo por construir; sobre todo, en cuidados paliativos pediátricos para el interior del país. Pero la verdad es que a nivel regional y mundial nos miran con lupa.
¡Mirá si elegirán a un uruguayo!
En 2023, la jefa del servicio de cuidados paliativos donde trabaja el doctor Mateo Godoy Pintos en Uruguay, le contó sobre el programa de la Universidad de Navarra y de la posibilidad de acceder a la Beca Clinical-Fellow María Ordoñana, que financia la estancia formativa de los candidatos que lo necesiten. “Mirá si van a elegir a un uruguayo”, pensó el médico. Pero se la jugó. Y ganó.
“Fue una mezcla de emoción, susto y alegría… Sentí la enorme responsabilidad de representar a nuestro país en una universidad tan prestigiosa”, expresó. Viajó en diciembre de 2024 con mucha ilusión y un año después puede afirmar que fue una experiencia transformadora. “Mi idea es volver a Uruguay y volcar todo lo aprendido”, finalizó.
-
En cinco años Uruguay podría tener un método original para detectar cáncer a tiempo con un análisis de sangre
Científicos uruguayos convierten una enzima de la Antártida en un activo para una piel más joven y saludable
Qué es un aneurisma, por qué puede no dar señales previas y por qué su rotura puede ser fatal