A más de 10 mil kilómetros de Uruguay, en la ciudad de Pamplona, España, un uruguayo dirige un laboratorio que se dedica a desarrollar una nueva generación de inmunoterapias que minimicen los efectos adversos de los tratamientos actuales para enfermedades como el cáncer, el asma y la psoriasis, entre otras. Se trata de Franco Bernasconi Bisio, oriundo de Salto, doctor en Medicina Aplicada y Biomedicina por la Universidad de Navarra e ingeniero en Biotecnología por la Universidad ORT Uruguay.
Franco trabaja en Nanogrow Biotech, una startup fundada en Uruguay por Lucía Vanrell —su tutora de tesis— y Nicolás Galmarini, con sede en Pamplona. La empresa se dedica al desarrollo de terapias basadas en nanoanticuerpos para tratar enfermedades autoinmunes, alergias y cáncer. Habló con El País acerca de sus desarrollos y el impacto que pueden tener en la calidad de vida de los pacientes.
— ¿En qué consiste el trabajo de Nanogrow Biotech?
— Nos dedicamos al desarrollo de nanoanticuerpos —o nanobodies, como se les suele llamar—, un tipo especial de anticuerpos derivados de los camélidos, que son un grupo de mamíferos que incluye a las llamas y los camellos. Estos anticuerpos poseen propiedades que los hacen únicos a la hora de aplicarlos como agentes terapéuticos y diagnósticos. Nosotros aislamos la región variable —porque los anticuerpos tienen una región conservada y otra variable que es la responsable del reconocimiento de un antígeno en particular— y obtenemos una molécula que es capaz de unirse específicamente a algo que puede ser, por ejemplo, un marcador tumoral o una molécula implicada en un proceso inflamatorio. De esta manera, podemos tratar enfermedades como el cáncer o de origen inmunitario como las alergias y las autoinmunes.
— ¿Es una empresa 100% de origen uruguayo?
— Sí. Nos gusta decir que tenemos genética uruguaya y epigenética navarra. La empresa se fundó en Uruguay en 2021 y abrió su sede en Pamplona, España, —dentro de la comunidad de Navarra— en 2024, aunque estamos operativos aquí desde mayo de este año. También colabora con organizaciones españolas, argentinas y brasileñas, y tiene una sede operativa en Estados Unidos.
Sabemos que no somos los primeros en generar este tipo de proteínas; de hecho, el hallazgo data de principios de los ‘90 y muchos grupos de investigación se han dedicado al desarrollo de estos anticuerpos. Pero lo que sí tenemos es un desarrollo propio y un know-how que tiene que ver con cómo optimizar el proceso para que sea más rápido y más específico de acuerdo a lo que buscamos.
— ¿Cómo es eso?
— Desarrollamos dianas moleculares, es decir, identificamos y validamos un target molecular para una enfermedad —por ejemplo, un tipo de cáncer o una enfermedad autoinmune—, que es la molécula a la que queremos dirigirnos con los nanobodies para bloquear su actividad e impedir que funcione. Luego, generamos nanoanticuerpos contra esa diana, los seleccionamos mediante métodos precisos y evaluamos su actividad biológica con el objetivo de crear terapias localizadas.
Nuestro abordaje es integral, de la mesada a la clínica. Partimos de identificar la diana molecular más adecuada para una enfermedad, que es la molécula a la que queremos dirigirnos con los nanobodies para bloquear su actividad e impedir que funcione. Luego, con técnicas de biología molecular, generamos bibliotecas de nanoanticuerpos dirigidos contra esa diana, los seleccionamos y evaluamos su actividad biológica en sistemas celulares. Una vez aislado el candidato más prometedor, evaluamos formulaciones —como la inyectable, la oral, la nebulizada o la tópica—, con el objetivo de crear terapias localizadas. Conocer y participar en todas estas etapas nos permite seleccionar de forma inteligente los mejores nanobodies para cada caso y ahí está nuestro diferencial. Además, al complementar la parte experimental con métodos computacionales implementando inteligencia artificial, trabajamos en estrategias para mejorar aún más nuestra plataforma.
Las inmunoterapias —tratamientos que utilizan el propio sistema inmunitario de la persona para combatir enfermedades— han tenido un gran éxito en la última década y han revolucionado la manera en la que tratamos el cáncer y las enfermedades autoinmunes, pero todavía presentan dos claras limitantes. Primero, que tienen un costo alto, lo que restringe el acceso. Segundo, que pueden generar efectos adversos graves en los pacientes. Por eso, lo que buscamos en Nanogrow es crear una nueva generación de inmunoterapias que disminuyan el costo de los tratamientos y aumenten su seguridad, es decir, que provoquen menos efectos secundarios. Y para esto es clave el hecho de que sean terapias locales. Si logramos aplicar los terapéuticos solamente en donde tienen que actuar y no en todo el cuerpo, podemos evitar efectos adversos en otros tejidos.
Además, como los nanobodies son más sencillos en su estructura y diez veces más pequeños que los anticuerpos monoclonales que se utilizan hoy en la mayoría de los tratamientos de inmunoterapia, pueden juntarse con otras moléculas para generar proteínas de fusión con funciones distintas. Y su gran estabilidad —a diferencia de los monoclonales— permite que resistan a formulaciones más complejas como tópicas, orales y nebulizadas. También es importante que se producen fácilmente y son escalables con un alto rendimiento y bajo coste.
— ¿En qué etapa están ahora?
— Tenemos varios desarrollos para cáncer, enfermedades autoinmunes y alergias. El más avanzado es una molécula para el tratamiento de tumores sólidos que se conoce como inmunocitoquina. Estamos terminando los estudios preclínicos con buenos resultados y esperamos este año empezar la tramitación ante la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) para un primer estudio en humanos. Ahora mismo estamos recaudando fondos porque los ensayos clínicos son muy costosos. Y también tenemos desarrollos en fase preclínica avanzada para enfermedades como colitis ulcerosa, asma, dermatitis atópica y psoriasis.
— ¿Qué significa para vos ser parte de estos avances?
— Es un gran orgullo como científico porque mi visión personal siempre fue aportar un granito de arena a algo que pueda mejorar la calidad de la vida de las personas. Aún hay mucho trabajo por hacer, obviamente. Y hay que fomentar que la gente se anime a indagar en la ciencia porque esto se construye en equipo. No hay científicos estrellas, sino que el conocimiento se comparte. Juntos, podemos desarrollar nuevas terapias más accesibles, que palien las falencias de las actuales y que den mejores resultados. A veces basta con una visión adicional o un consejo de un colega para hallar la solución que uno no ve en el momento.
Me enorgullece mucho formar parte de Nanogrow Biotech y también estoy muy contento de haber tenido la oportunidad de desarrollar mi tesis doctoral en la Universidad de Navarra y haber estudiado en la Universidad ORT, que me abrió las primeras puertas de mi vida académica. Dediqué mi carrera científica en torno al desarrollo de nanobodies porque creo firmemente en su potencial. Por más que lo que hacemos parezca un avance mínimo y que el impacto tangible se vea a largo plazo —para que una terapia salga al mercado los procesos regulatorios son extensos y hay un trabajo detrás inmenso—, no hay nada que me motive más a trabajar que saber que lo que hago puede sacarle el sufrimiento a alguien o salvar la vida de la gente.
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