¿Y si la clave para proteger y reparar la piel del daño solar estuviera en la Antártida? Investigadores uruguayos no solo confirmaron que es así, sino que, además, desarrollaron un ingrediente activo para productos cosméticos basado en fotoliasas antárticas, enzimas capaces de reparar el ADN afectado por la radiación ultravioleta (UV). El proyecto surgió en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar) y cuenta con el respaldo del Instituto Antártico Uruguayo (IAU) y el Ministerio de Defensa.
La iniciativa dio origen a Antarka, una startup de base científica integrada por los uruguayos Célica Cagide, licenciada en Bioquímica, máster en Microbiología y doctora en Biotecnología; Juan José Marizcurrena, licenciado en Biología y doctor en Biotecnología y Betania Martínez, licenciada en Biología y máster en Biotecnología; y el argentino Stefano Valdesolo. La doctora Cagide conversó con El País acerca del proyecto y su impacto en la salud humana.
— ¿Por qué se interesaron en estudiar microorganismos de la Antártida?
— Juan José, Betania y yo trabajamos con microorganismos desde hace más de diez años con el fin de entenderlos, ver qué herramientas tienen y cómo podemos aplicarlos a nivel sanitario o industrial. En particular, nos enfocamos en microorganismos antárticos porque tienen la característica de ser capaces de crecer en un ambiente súper extremo, con temperaturas muy bajas y altísima radiación ultravioleta. Si bien hay variaciones anuales, el adelgazamiento más severo de la capa de ozono se forma principalmente sobre la Antártida; además, hay muchísimas horas de luz durante el verano y la superficie totalmente blanca la refracta más. Por eso, se dan condiciones que no existen en ninguna otra parte del planeta. Y los microorganismos que crecen y se desarrollan ahí han adquirido herramientas a lo largo de su evolución que les permiten resistir. Fue así que, luego de un estudio profundo acerca de cuáles son esas herramientas moleculares y cómo funcionan, entendimos que podíamos dar un salto hacia su aplicación para la salud humana.
— ¿Qué descubrieron respecto a estos microorganismos?
— En su tesis de doctorado, Juan José encontró una colección de microorganismos antárticos que tienen una enzima llamada fotoliasa, molécula que repara el daño que causa la radiación UV en el ADN. Cuando la radiación impacta en un organismo, lo primero que se genera es daño en el ADN y ese daño, cuando se acumula en el tiempo, puede generar fotoenvejecimiento y también enfermedades, como cáncer de piel. Entonces, si bien se sabía de la existencia de estas enzimas, el descubrimiento tuvo que ver con encontrarlas de forma súper potente en ciertos microorganismos de la Antártida, establecer un método para obtenerlas y probar qué tan efectivamente podían reparar el daño. La Udelar y el Instituto Antártico Uruguayo (IAU) patentaron este hallazgo en 2018. Y luego comenzó el camino que llevó a Antarka —en 2025— a la firma de un acuerdo de transferencia tecnológica para avanzar hacia la comercialización de nuestros desarrollos.
— En humanos, ¿esta enzima logra prevenir el daño, revertirlo o ambas cosas?
— Ambas. Antarka se fundó en 2023 con el fin de recaudar fondos para probar la efectividad de esta enzima —se requería una inversión de dinero que no hubiera podido obtenerse a nivel académico— y observamos que no solo tiene un efecto preventivo sino también correctivo. Más del 80% del envejecimiento de la piel resulta de la radiación UV y al reparar el daño vimos un aumento en la firmeza y elasticidad, y una disminución en las líneas de expresión.
Primero hicimos ensayos in vitro para validar que la tecnología funcionara y que el ADN se reparara. Después, realizamos ensayos ex vivo en explantes de piel humana. De esta manera, probamos que la enzima penetrara en la barrera cutánea y cumpliera la función de llegar hasta el núcleo de las células. Lo siguiente fue hacer pruebas de seguridad —lo que tiene que ver con toxicología y alergenicidad— y, una vez terminado, empezamos a probarlo en nuestra piel, de forma casera. Observamos efectos visibles en pocas semanas y decidimos pasar a un ensayo clínico. Para eso, nos contactamos con una empresa extranjera que realizó la prueba en un panel de 30 personas y fue entonces que comprobamos el efecto no solo en la reparación del daño sino también en la firmeza, elasticidad y líneas de expresión.
— ¿Cómo comercializarán el desarrollo?
— Nos posicionamos como una empresa B2B, es decir, buscamos abastecer a las marcas cosméticas. Hoy es con este ingrediente activo —que es nuestro caballo de batalla, pero la idea es continuar con la investigación y trabajar en la plataforma de microorganismos antárticos para desarrollar más ingredientes. Tenemos otros desarrollos que están en etapas anteriores. Las marcas, por su parte, podrán incluir el ingrediente en cremas, sérums u otras presentaciones.
— ¿Hay alguna marca interesada?
— Por cuestiones de confidencialidad no puedo dar nombres, pero sí, en Uruguay y el mundo. Grandes empresas formuladoras y marcas cosméticas están super interesadas y ya están testeando nuestro activo. La aplicación de las fotoliasas antárticas en la industria fue disruptiva y además los efectos correctivos generaron mucho interés. Incluso, hicimos estudios epigenéticos que muestran una reversión en el reloj biológico de la piel.
— No solo es un tema de estética sino también de salud porque impacta en el ADN, ¿no?
— Exactamente. Apuntamos al área cosmética porque es un mercado muy dinámico, pero sí, hay un efecto claro en la salud cutánea y un potencial para la prevención de cáncer de piel y enfermedades asociadas.
— Y qué importante es la salud del planeta para la salud humana… Sin los microorganismos de la Antártida, nada de esto sería posible.
— Totalmente. De hecho, somos privilegiados, como país, de tener una base científica en la Antártida y formar parte del tratado antártico, un acuerdo internacional que designa a este lugar como una zona de paz y ciencia. Los integrantes de Antarka formamos parte de un equipo de investigadores de Udelar que tiene acceso a esa fuente infinita de información para seguir estudiando e innovando. Y a partir del acuerdo de transferencia tecnológica —porque quienes financiaron la patente en 2018 fueron Udelar y el IAU, que son los propietarios—, Antarka licenció de forma exclusiva la explotación comercial del descubrimiento, pero por supuesto que Udelar y el IAU obtendrán regalías.
— ¿Qué significa para ustedes impactar de esta manera en la salud humana?
— Es valiosísimo. Nos dedicamos a la biotecnología y desde un inicio buscamos lograr un impacto real en la vida de las personas. Y este activo nos permite hacer eso de forma masiva porque se incorporará en productos cosméticos que la gente usa todos los días. Escalar el proyecto, dirigir la empresa y hablar con actores que son monstruos de la industria cosmética es un desafío, pero creemos en el valor que tiene lo que hacemos y eso es lo que más nos motiva.
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