Qué comer para revertir el hígado graso: dieta recomendada y hábitos para evitar la cirrosis

Guía completa sobre esta enfermedad hepática y el hábito diario que ayuda a frenar el daño en el hígado y pocos asocian con la salud hepática, según expertos.

Ilustración en 3D del hígado
Ilustración en 3D del hígado.
Imagen: yodiyim/Getty Images/iStockphoto.

Redacción El País
Silencioso, progresivo y cada vez más frecuente, el hígado graso se ha convertido en una de las afecciones hepáticas más comunes de la actualidad. Lejos de estar asociado únicamente al consumo de alcohol, los especialistas advierten que los hábitos cotidianos —qué se come, cuánto se mueve el cuerpo, cómo se controla el peso y qué lugar ocupa el alcohol— son determinantes para definir si el hígado se mantiene sano o avanza hacia el daño.

Desde la Mayo Clinic explican que esta enfermedad, también conocida como enfermedad hepática esteatósica, se produce cuando se acumula un exceso de grasa en el hígado. En muchos casos aparece vinculada a alteraciones metabólicas, aun en personas que beben poco o nada de alcohol. Esta forma se denomina MASLD y suele estar asociada a obesidad, resistencia a la insulina y otros desequilibrios del metabolismo.

Cuando el cuadro progresa y la grasa hepática se acompaña de inflamación y cambios en la estructura del tejido, la enfermedad puede evolucionar hacia una variante más grave: la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH). En esta etapa se desarrollan fibrosis y lesiones que, si avanzan, incrementan el riesgo de cirrosis, insuficiencia hepática e incluso cáncer de hígado. Por eso, los especialistas subrayan la importancia de detectar el problema de forma temprana.

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Consulta médica.
Foto: Canva.

El peso, el factor de mayor impacto

Entre todos los factores de riesgo, el peso corporal aparece como el más determinante. Según datos clínicos, hasta dos tercios de los adultos con obesidad y cerca de la mitad de los niños con esta condición pueden desarrollar MASLD. De ese total, aproximadamente un 20 % progresa hacia MASH. Aunque influyen también la genética, la edad, el sexo y otros factores, el exceso de grasa corporal concentra gran parte del riesgo.

Ante este escenario, el control del peso es la principal estrategia de protección. Una reducción sostenida puede mejorar los análisis hepáticos, aumentar la sensibilidad a la insulina y favorecer la recuperación de la estructura del órgano. Para lograrlo, los expertos recomiendan combinar cambios en la alimentación con mayor actividad física; en determinados casos, también se consideran tratamientos farmacológicos o cirugías, siempre bajo indicación médica.

La dieta saludable es otro de los pilares fundamentales. Una alimentación equilibrada, sumada al ejercicio regular, se asocia con mejoras claras en la evolución del hígado graso. Al mismo tiempo, resulta clave abordar enfermedades que suelen acompañar esta condición, como diabetes, prediabetes, hipertensión, colesterol y triglicéridos elevados, así como trastornos del sueño, entre ellos la apnea.

Desde la Mayo Clinic también recuerdan la importancia de mantener al día las vacunas recomendadas, en especial contra las hepatitis A y B. Estas infecciones pueden generar complicaciones graves en personas con daño hepático previo, por lo que la inmunización reduce un riesgo adicional. En pacientes con enfermedades crónicas, otras vacunas pueden ser indicadas según criterio médico.

Alimentación saludable
Plato de comida saludable.
Foto: Freepik.

Hábitos que suman y conductas a evitar

Entre las prácticas que pueden resultar beneficiosas, los especialistas destacan el consumo moderado de café negro con cafeína. Estudios han asociado la ingesta de hasta tres tazas diarias con una progresión más lenta de la fibrosis hepática. Aun así, aclaran que el café no reemplaza una alimentación adecuada ni el ejercicio.

En contraste, el alcohol representa un riesgo incluso en pequeñas cantidades para quienes ya tienen hígado graso. Su consumo puede acelerar la cicatrización del tejido y aumentar la probabilidad de cirrosis, especialmente en personas que han pasado por cirugías bariátricas, ya que el organismo se vuelve más sensible a sus efectos. Por ese motivo, la recomendación suele ser evitarlo o limitarlo estrictamente según indicación médica.

También se desaconseja el uso de suplementos y productos que prometen “desintoxicar” el hígado. La hepatóloga Blanca C. Lizaola-Mayo advierte que muchos de estos preparados carecen de respaldo científico y pueden resultar perjudiciales. En su lugar, insiste en que el hígado cumple naturalmente su función de depuración y que cuidarlo depende de decisiones sostenidas: alimentación equilibrada, control del peso, actividad física regular y seguimiento médico personalizado.

En base a El Tiempo/GDA

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