Redacción El País
La obsesión por vivir más —y con mejor calidad— ha llevado a algunos defensores de la longevidad por caminos poco convencionales. Uno de los casos más conocidos es el del biohacker estadounidense Bryan Johnson, de 48 años, cuya filosofía se resume en el lema “no mueras”.
Entre dietas estrictas, controles constantes y rutinas extremas, Johnson puso el foco en la salud sexual masculina, en particular en la función eréctil, que considera un posible marcador del envejecimiento saludable.
Recurre con frecuencia a medicamentos como Cialis, a aplicaciones de bótox peneano y a sesiones de terapia por ondas de choque de baja intensidad destinadas a mejorar el flujo sanguíneo. Según sostiene, las erecciones nocturnas serían un indicador clave de la salud general.
“Las erecciones nocturnas son un marcador muy importante. Los hombres que no las presentan tienen un 70% más de probabilidades de morir prematuramente”, aseguró Johnson en 2024.
Otros referentes del bienestar físico, como el entrenador Ben Greenfield, también han contado experiencias con ondas acústicas e incluso inyecciones de células madre para optimizar la vitalidad sexual. La pregunta es inevitable: ¿hasta qué punto la salud del pene puede anticipar la expectativa de vida?
La disfunción eréctil como señal temprana del organismo
Según especialistas en medicina regenerativa, la salud peneana se evalúa a través de múltiples variables: disfunción eréctil, libido, función orgásmica y satisfacción sexual.
La disfunción eréctil (DE) está reconocida desde hace años como un posible aviso precoz de enfermedades cardiovasculares, ya que puede aparecer entre dos y cinco años antes de un infarto. Esto se explica porque las arterias del pene son más estrechas que las del corazón o el cerebro y suelen mostrar antes los efectos del daño vascular.
Además, el deterioro neurológico asociado al envejecimiento y a patologías como la diabetes, el Parkinson, el Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares también interfiere en la erección. Los cambios hormonales —especialmente la disminución de la testosterona— reducen la libido y dificultan mantener una respuesta sexual adecuada.
Los médicos añaden un factor menos visible, pero decisivo: el bienestar emocional.
La felicidad y la satisfacción sexual se vinculan con una mayor longevidad, mientras que la disfunción persistente suele ir acompañada de estrés e infelicidad, dos variables asociadas a peor salud general.
Señales de alerta que no deberían ignorarse
Con el paso del tiempo es habitual notar erecciones menos firmes o más difíciles de sostener, así como cambios en las erecciones matutinas y nocturnas. Sin embargo, alteraciones bruscas en su frecuencia o calidad —sobre todo si se suman aumento rápido de peso, fatiga o falta de aire— requieren una evaluación médica inmediata.
Algunos biohackers monitorizan estos parámetros con sensores nocturnos y siguen indicadores como el flujo sanguíneo peneano o la salud prostática. Aun así, expertos aclaran que las erecciones suelen ser un marcador más relevante que las variaciones en el volumen seminal, que también pueden cambiar con la edad.
Tratamientos, biohacking y los límites de la evidencia científica
Para los profesionales de la salud, el pilar de la longevidad sigue siendo sencillo: dieta saludable, ejercicio físico regular y buena salud metabólica.
Una alimentación rica en frutas, verduras y fibra, con menos ultraprocesados y carnes rojas, protege los vasos sanguíneos. El entrenamiento de fuerza para ganar masa muscular también es clave, ya que el músculo se asocia con un envejecimiento más saludable. Se recomiendan al menos 30 minutos diarios de actividad aeróbica, aunque se advierte que el ciclismo prolongado puede aumentar el riesgo de disfunción eréctil por la presión constante sobre el perineo.
Fármacos como Cialis, usados en dosis bajas, ayudan a mejorar el flujo urinario y la erección. En cambio, otras técnicas populares entre biohackers generan debate: las ondas de choque podrían estimular la formación de nuevos vasos, pero sus versiones más suaves tienen efectos limitados. El bótox peneano ofrece resultados temporales y las inyecciones de células madre continúan en fase experimental, sin aprobación regulatoria ni evidencia sólida.
Algunas clínicas exploran alternativas como el plasma rico en plaquetas, obtenido de la propia sangre del paciente, aunque su eficacia aún se investiga.
Entre promesas de biohacking extremo y datos respaldados por la medicina, los especialistas coinciden en una conclusión: la salud sexual masculina puede aportar pistas valiosas sobre el estado general del cuerpo, pero no reemplaza los hábitos saludables, los controles médicos ni justifica intervenciones sin sustento científico.
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