El diagnóstico de cáncer y sus tratamientos pueden tener consecuencias que van más allá de los síntomas físicos. Una de ellas es el Chemobrain o cerebro postquimio, un fenómeno asociado con dificultades de memoria, atención y concentración que pueden afectar a algunas personas durante el proceso oncológico y después de finalizar el tratamiento.
Olvidar una cita, encontrar la palabra adecuada o concentrarse al leer puede convertirse en un desafío que afecta el trabajo, los estudios y las actividades cotidianas.
En el marco del Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, el Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic) destacó la importancia de reconocer estos cambios y atender las necesidades cognitivas y emocionales de los pacientes.
Según Tatiana Manrique Zuluaga, directora de Campos, Programas y Proyectos de Colpsic, el Chemobrain puede hacer que una persona necesite más tiempo y esfuerzo para recordar información o realizar tareas que antes le resultaban sencillas. Por eso, sostuvo, el cuidado oncológico debe contemplar la salud cognitiva y emocional incluso después del tratamiento.
¿Cómo se manifiesta el cerebro postquimio?
El Chemobrain puede provocar olvidos frecuentes, dificultades para aprender información nueva, lentitud al procesar lo que se escucha o se lee y problemas para organizar actividades, seguir instrucciones o tomar decisiones.
Aunque su nombre lo relaciona con la quimioterapia, estos cambios no necesariamente se deben solo a ese tratamiento. Pueden aparecer antes, durante o después de la intervención médica y estar vinculados con distintos factores, como el propio cáncer, otros tratamientos, el dolor, la fatiga, los trastornos del sueño, la ansiedad o la depresión.
También pueden intervenir procesos inflamatorios y alteraciones en la comunicación entre las células cerebrales. Estos mecanismos pueden afectar la memoria, el lenguaje, la atención y las funciones ejecutivas, que permiten planificar, organizar tareas y resolver problemas. Las consecuencias pueden extenderse a la vida laboral, familiar y social, dificultando la autonomía de quienes atraviesan la enfermedad.
El impacto emocional también importa
El cáncer puede generar miedo, tristeza e incertidumbre. Los cambios físicos, las molestias del tratamiento y las modificaciones en la vida familiar o laboral también pueden afectar la autoestima y las relaciones personales. Incluso después de finalizar el tratamiento, algunas personas mantienen el temor a una recaída.
Colpsic advierte que el malestar emocional no implica necesariamente un trastorno psicológico, pero recomienda buscar ayuda profesional cuando es intenso, persistente o interfiere con la vida cotidiana.
A su vez, el dolor, el cansancio y los problemas para dormir pueden agravar las dificultades cognitivas. Por eso, minimizar los síntomas o exigir a los pacientes que se mantengan positivos todo el tiempo puede dificultar que expresen sus preocupaciones y reciban el apoyo necesario.
Evaluación y acompañamiento para mejorar la calidad de vida
El reconocimiento temprano de los síntomas permite orientar la atención. Entre las herramientas destacadas por Colpsic se encuentran dos abordajes complementarios:
- Acompañamiento psicooncológico: ayuda a abordar las necesidades emocionales y sociales de la persona con cáncer y su familia.
- Evaluación neuropsicológica: permite identificar las funciones cognitivas afectadas y orientar estrategias de rehabilitación adaptadas a cada paciente.
También es importante comunicar los olvidos y los problemas de concentración al equipo médico. Para organizar las actividades diarias, pueden resultar útiles las agendas, los recordatorios y la división de tareas complejas en pasos más pequeños. Planificar las actividades que requieren mayor esfuerzo para los momentos de más energía también puede facilitar su realización.
El objetivo es que la atención oncológica no se limite a tratar la enfermedad, sino que contemple la salud mental, la autonomía y la calidad de vida de los pacientes.
Como recuerda Colpsic, los efectos cognitivos y emocionales pueden persistir después de finalizar el tratamiento. Por eso, el seguimiento y el acompañamiento deben continuar cuando sea necesario, para ayudar a las personas a recuperar sus actividades, mantener sus vínculos y afrontar la recuperación con apoyo adecuado.