La sensación de recibir una pequeña descarga al tocar a otra persona es algo bastante común y, muchas veces, despierta curiosidad. Aunque hay quienes lo relacionan con una conexión especial o con un intercambio de energía, la ciencia tiene una explicación mucho más concreta: se trata de un fenómeno asociado a la electricidad estática y al movimiento de cargas eléctricas entre cuerpos.
Todo comienza en la estructura básica de la materia. Tanto las personas como los objetos están formados por átomos, que contienen protones con carga positiva, neutrones sin carga y electrones con carga negativa. En condiciones normales, existe un equilibrio entre las cargas positivas y negativas, por lo que los cuerpos son eléctricamente neutros.
Sin embargo, ese equilibrio puede alterarse cuando determinados materiales entran en contacto o se frotan entre sí. Como consecuencia, algunos cuerpos acumulan una carga eléctrica mayor de la habitual.
Cuando los electrones se ponen en movimiento
Las partículas que se desplazan con mayor facilidad son los electrones. Cuando una persona o un objeto acumula un exceso de ellos, adquiere una carga negativa que tiende a compensarse al entrar en contacto con otro cuerpo que presenta una carga diferente.
Ese intercambio ocurre en cuestión de segundos y genera una descarga breve conocida como electricidad estática. Es precisamente esa liberación repentina de energía la que puede percibirse como una pequeña chispa o una sensación similar a un pinchazo.
Los especialistas explican que este proceso suele producirse cuando dos materiales se rozan, especialmente en superficies aislantes y secas. Como resultado, ambos cuerpos adquieren cargas opuestas que luego pueden descargarse al entrar en contacto con un tercer elemento.
Por qué ocurre más en invierno
Las condiciones ambientales también influyen. Las descargas estáticas suelen ser más frecuentes durante el invierno o en lugares con baja humedad, ya que el aire seco favorece la acumulación de electrones sobre la piel y distintos materiales.
En cambio, cuando el ambiente es más húmedo, las cargas eléctricas tienden a dispersarse con mayor facilidad, disminuyendo las posibilidades de experimentar estas pequeñas descargas al tocar a otra persona o a un objeto conductor.
Un fenómeno cotidiano y sin riesgos
La electricidad estática está presente en numerosas situaciones de la vida diaria. Uno de los ejemplos más conocidos son los rayos que se producen durante las tormentas, originados por la acumulación y posterior liberación de cargas eléctricas en la atmósfera.
Sin embargo, las descargas que suelen ocurrir entre personas tienen una intensidad muy baja y no representan un riesgo para la salud.
La ciencia también ha comprobado que algunos materiales favorecen más que otros la generación de carga eléctrica. Determinadas combinaciones pueden provocar una acumulación de cargas positivas o negativas que, tarde o temprano, buscarán recuperar el equilibrio mediante una descarga. Y es en ese momento cuando aparece la conocida sensación de que alguien “pasa corriente”.
En base a El Tiempo/GDA
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