Tomar un antibiótico puede ser necesario para combatir una infección, pero estos medicamentos no distinguen entre las bacterias que pueden resultar perjudiciales y muchas de las que forman parte de nuestra microbiota. Ahora, una investigación publicada en la revista científica Nature encontró otro elemento que podría influir en ese delicado equilibrio: una alimentación con abundante azúcar durante el tratamiento.
El estudio, realizado en pacientes sometidos a trasplante de médula ósea, observó que una mayor ingesta de azúcar durante el uso de antibióticos se asociaba con una disminución más marcada de la diversidad de microorganismos intestinales y con un aumento de determinadas bacterias. Los resultados abren una pregunta interesante sobre qué ocurre en el intestino mientras se utilizan estos fármacos, aunque los propios investigadores advierten que sus conclusiones no pueden trasladarse directamente a todas las personas que toman antibióticos.
El intestino alberga billones de microorganismos que participan en procesos como la digestión y el funcionamiento del sistema inmunitario. El conjunto de esas bacterias, hongos y otros microorganismos constituye el microbioma intestinal, cuya diversidad es considerada un componente importante de la salud.
Los antibióticos pueden alterar ese ecosistema porque, al combatir las bacterias responsables de determinadas infecciones, también pueden afectar a microorganismos beneficiosos. Por eso, uno de los aspectos que interesa a los investigadores es comprender qué factores pueden agravar o atenuar esas alteraciones. La alimentación es uno de ellos.
Uno de los hallazgos que llamó la atención fue la relación entre una mayor ingesta de alimentos ricos en azúcar, el tratamiento con antibióticos y el aumento de Enterococcus, un grupo de bacterias que puede formar parte de la microbiota intestinal pero que también incluye especies capaces de provocar infecciones. Al analizar las muestras y los registros alimentarios de los pacientes, los investigadores observaron que la diversidad del microbioma disminuía durante el tratamiento y que esa reducción era mayor cuanto mayor era el consumo de azúcar.
Según los datos del estudio, la diversidad del microbioma disminuyó un 24 % por cada 100 gramos adicionales de azúcar consumidos en la dieta durante el período analizado. El hallazgo llevó a los investigadores a plantear que el azúcar podría favorecer, en determinadas circunstancias, el crecimiento de algunos microorganismos mientras los antibióticos reducen otras poblaciones bacterianas.
¿Significa esto que hay que eliminar el azúcar al tomar antibióticos? No necesariamente. Este es uno de los puntos más importantes para interpretar los resultados. El estudio no demuestra que consumir azúcar durante un tratamiento antibiótico vaya a provocar problemas intestinales en todas las personas ni establece que sea necesario eliminar completamente este alimento cuando se toma un antimicrobiano.
Los participantes de la investigación eran pacientes sometidos a trasplante de médula ósea y habían recibido tratamientos que también pueden modificar profundamente la microbiota. Por eso, los propios investigadores señalan que es necesario realizar más estudios para determinar hasta qué punto estos resultados se aplican a otras poblaciones.
¡Aunque los resultados no justifican una prohibición general del azúcar durante cualquier tratamiento antibiótico, sí vuelven a poner el foco en la calidad de la alimentación. Reducir el consumo habitual de dulces y alimentos ultraprocesados y priorizar alimentos ricos en fibra, como frutas, verduras y otros alimentos de origen vegetal, puede contribuir a una alimentación más favorable para la salud intestinal.
La investigación, sin embargo, no plantea que la dieta pueda reemplazar un tratamiento médico ni que una determinada alimentación permita evitar los efectos de los antibióticos. Por ahora, el principal aporte del estudio es mostrar que los medicamentos no actúan en el organismo de manera aislada: lo que ocurre en el intestino también puede estar condicionado por la alimentación y por el ecosistema de microorganismos que allí habita. Entender esas interacciones podría ayudar, en el futuro, a encontrar estrategias para proteger mejor la microbiota durante determinados tratamientos.
Con base en El Tiempo/GDA