Papel descartable o secador de manos: qué dice la ciencia sobre la higiene y la dispersión de microbios

¿El secador de aire o el papel? Lo que tus manos arrastran después de lavarlas y la verdad detrás del viral experimento sobre la higiene en los baños públicos.

Secado de manos
Secado de manos.
Imagen: Freepik.

Lavarse las manos es una de las medidas más eficaces para reducir la transmisión de microorganismos, pero la higiene no termina cuando se cierra la canilla. El método que se utiliza para secarlas también puede influir en la cantidad de microbios que permanecen en la piel y en la posibilidad de dispersarlos en el ambiente.

Un experimento difundido en redes sociales por el laboratorio español Sacim comparó dos formas de secado habituales en los baños públicos: el papel y el secador eléctrico. Después de tomar muestras e incubarlas durante 48 horas, el equipo observó crecimiento microbiano en ambas.

El resultado, sin embargo, tiene una limitación importante: encontrar microorganismos en una muestra no permite determinar por sí solo qué método de secado es más higiénico. Para establecerlo, es necesario comparar la cantidad y el tipo de microbios antes y después del secado, así como las condiciones en las que se realizó la prueba.

En el procedimiento difundido por Sacim, una persona se lavó las manos y luego utilizó papel para secarlas. Después, apoyó la mano sobre un recipiente destinado a recoger una muestra. El proceso se repitió con un secador eléctrico y se preparó una segunda muestra.

Ambos recipientes se incubaron durante 48 horas para observar si se desarrollaba crecimiento microbiano. El laboratorio también tomó una muestra del aire expulsado por el secador y detectó microorganismos tras el mismo período de incubación. A partir de estos resultados, el equipo señaló que no podía concluir que uno de los métodos fuera superior al otro, ya que en este tipo de pruebas influyen numerosas variables.

Baño, inodoro
Persona sentada en el inodoro.
Foto: Freepik.

El hallazgo sirve para recordar que ni el aire ni las superficies están necesariamente libres de microorganismos. No obstante, el experimento difundido no permite establecer cuántos de ellos llegaron a las manos, si representaban un riesgo para la salud o si uno de los métodos transfirió más que el otro.

Los dos sistemas tienen características distintas y su desempeño depende, entre otros factores, del diseño del dispositivo, la higiene del baño y la forma en que se utilizan. El papel descartable permite retirar el agua mediante la absorción y la fricción. Una vez utilizado, se desecha, lo que evita tener que tocar nuevamente el mismo material para secar las manos. Su efectividad también depende de disponer de suficiente papel y de usarlo correctamente.

Los secadores eléctricos, en cambio, eliminan el agua mediante una corriente de aire. Según el tipo de aparato, el flujo puede contribuir a dispersar gotas y partículas en el entorno. La magnitud de esa dispersión depende del dispositivo y de las condiciones de uso.

Por eso, no alcanza con comprobar que hay microorganismos en el aire o en una superficie para afirmar que un secador es menos higiénico. Es necesario evaluar la transferencia de microbios y su relevancia para la salud, no solamente su presencia.

En consecuencia, el experimento de Sacim no demuestra que ambos métodos sean igualmente seguros ni permite afirmar que el papel sea siempre superior. Para responder de forma concluyente se necesitan pruebas comparativas controladas y reproducibles.

Más allá del método elegido, hay una medida fundamental: no dejar las manos húmedas después de lavarlas. El secado forma parte de la higiene porque la humedad residual puede facilitar la transferencia de microorganismos a otras superficies. Para reducir el riesgo de contaminación, conviene:

  1. Mojarse las manos y aplicar jabón.
  2. Frotar las palmas, el dorso, los espacios entre los dedos, los pulgares y las uñas durante al menos 20 segundos.
  3. Enjuagarse bien para retirar el jabón.
  4. Secarse completamente con papel descartable o con un secador que funcione correctamente.
  5. Evitar tocar superficies innecesarias inmediatamente después del lavado.

La recomendación central no cambia: lavarse las manos con agua y jabón y secarlas bien ayuda a reducir la transmisión de microorganismos. Aunque el papel puede ofrecer ventajas en determinadas condiciones, el ensayo difundido en redes no basta para establecer un ganador universal entre ambos métodos.

Con base en El Tiempo/GDA

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