Uno de los lugares comunes en torno al rugby en Uruguay es que es un deporte elitista y clasista. Pero cuando se trata de Fénix —el equipo armado por la fundación homónima que este jueves 29 celebra su gala solidaria anual— ese lugar común no aplica. Porque sus integrantes no provienen de las clases más privilegiadas de Montevideo, sino de los estratos más marginados de la sociedad uruguaya: son ex privados de libertad.
La Fundación Fénix trabaja desde hace una década con privados de libertad en distintas cárceles para acercar a esas personas a la reinserción social, y uno de los caminos elegidos es la práctica del rugby. Y no solo durante el tiempo en el cual se cumple la pena. El vínculo con el deporte persiste aún luego de recuperar la libertad.
De hecho, el equipo volvió recientemente de la provincia argentina de Misiones, a donde viajó para enfrentarse a otros equipos de rugby integrados por exprivados de libertad y, también, pasear.
Jonathan Rodríguez fue uno de los que participó del viaje. Rodríguez tiene cuatro reclusiones en su historial, sigue jugando al rugby y participa como voluntario en Casa Fénix en Maldonado, un hogar que aglutina a varios como él. Ahí se realizan varias actividades destinadas a facilitar la reinserción de quienes salen de la cárcel —como cursos de capacitación en distintos oficios y carreras—, y también se organizan partidos.
Haberse integrado a las actividades de la fundación durante una de sus reclusiones fue un hito decisivo en su vida. Entre otras cosas, logró su hasta ahora más largo período de sobriedad (lleva más de un año sin tomar alcohol) y, también, se enamoró del rugby.
—¿Qué es lo que más te gusta de ese deporte?
—Me cambió la manera de pensar, es un deporte muy noble. Es un deporte donde no hay ningún tipo de discriminación. Todos pueden jugar, seas alto, bajo, gordo, flaco, podés ser un estratega o no tener ninguna estrategia... Eso es mágico.
En su caso, el rugby fue el talismán que lo llevó hasta Misiones, a medirse contra equipos de otros países, conocer las Cataratas del Iguazú y las ruinas jesuíticas de San Ignacio: “Ya había viajado antes, pero nunca de esta manera —para pasear—, sino para trabajar. Y haber visto las ruinas fue increíble. Estaba como gurí con juguete nuevo, muy contento, era un ambiente de mucha felicidad. Porque yo soy muy de las cosas culturales, ¿viste? Las tradiciones, los bailes típicos, todo eso”.
Ya de regreso, Rodríguez continúa yendo a distintos cursos para adquirir oficios que puedan darle oportunidades laborales. “Estoy aprendiendo a soldar, y ya empecé a trabajar en una empresa que construye casas modulares, pero también estoy haciendo un curso para recibirme de terapeuta de adicciones. Porque la adicción es algo que te acompaña toda la vida”, cuenta.
A juzgar por sus palabras, el rugby probablemente lo acompañará toda la vida. O al menos mientras pueda jugarlo. Entre otras cosas porque, como cuenta el presidente de la fundación Gonzalo Mieres, ha habido una notable mejora en el equipo. “No es la primera vez que vamos a jugar a Argentina contra otros equipos, pero sí fue la primera vez que les jugamos de igual a igual. Nos enfrentamos a dos equipos muy fuertes y no ganamos, pero jugaron muy bien. Eso los motivó muchísimo para seguir entrenando y mejorando. El rugby sigue siendo un espacio de relacionamiento entre 'Los Fénix' que van saliendo en libertad de distintas unidades. Algunos se conocen porque estuvieron en la misma unidad, otros no, pero todos son Fénix igual: vivieron lo mismo en distintos lugares y una vez que recuperan la libertad, forman parte de este grupo, que tiene un sentido de pertenencia increíble”.
Para continuar construyendo un camino hacia una reinserción luego de una condena carcelaria, la fundación realiza actividades como la cena beneficio el 29, que se hará en MACA, el museo de arte contemporáneo de Pablo Atchugarry en Manantiales, a las 20 horas. Lo recaudado se destinará a construir una Casa Fénix en Montevideo, que se sumará a los hogares que ya existen en varios departamentos del país, de los cuales la de Maldonado es el más desarrollado.
Casa Fénix, más que un lugar, es un concepto para quienes comienzan a rehacer su vida luego de haber estado en la cárcel. Según Mieres, “algunos de los jugadores viven ahí, y ven los casos de otros que pasaron por ahí pero que ya tienen un lugar propio, con trabajo, con familia e hijos, algo que ellos —los que todavía no lo lograron— quieren alcanzar. Es como mirar hacia un futuro que desean. A la vez, los que ya pasaron por ahí miran hacia atrás y lo ven con alegría. Esto no es solo para jugar al rugby, sino también un lugar donde se construye un grupo, una familia en la que apoyarse”.