Respirar es una de las funciones más automáticas del cuerpo humano. Lo hacemos unas 20.000 veces al día sin pensar en ello. Sin embargo, detrás de cada inhalación y exhalación se esconde un proceso mucho más complejo de lo que parece. De hecho, la forma en que respiramos podría ofrecer pistas sobre nuestro estado emocional, nuestra salud mental e incluso nuestro rendimiento cognitivo.
Así lo explicó el físico y doctor en Neurociencia Gustavo G. Díez durante una entrevista para BBVA Aprendemos Juntos, donde destacó que la respiración está estrechamente conectada con distintos circuitos cerebrales que participan en las emociones, la atención y la memoria.
Aunque solemos pensar que la respiración es un proceso puramente fisiológico, en realidad está influida por múltiples regiones del cerebro. "Si te dan una buena noticia, tu respiración cambiará y será un poco más profunda", explicó Díez. Según el especialista, estos cambios no dependen únicamente de las áreas cerebrales responsables del control consciente de la respiración, sino también de estructuras más antiguas desde el punto de vista evolutivo, como la amígdala o el córtex cingulado.
Por eso, cuando sentimos miedo, ansiedad, alegría o sorpresa, nuestra manera de respirar también cambia. Incluso un susto repentino puede provocar una breve pausa respiratoria antes de que el cuerpo vuelva a su ritmo habitual.
La pausa que podría indicar depresión
Uno de los hallazgos más llamativos que mencionó el investigador surge de estudios realizados en laboratorio sobre salud mental. Los científicos analizaron la pequeña pausa natural que se produce al final de cada exhalación, justo antes de volver a inspirar. Aunque suele pasar desapercibida, esa pausa parece contener información valiosa.
"Cuanto más variable era esa pausa de una respiración a otra, más correlacionada estaba con síntomas de depresión", señaló.
Este tipo de descubrimientos abre la puerta a una posibilidad fascinante: que en el futuro puedan desarrollarse biomarcadores capaces de detectar o monitorear trastornos mentales a partir de patrones respiratorios.
Si bien todavía se trata de un campo de investigación en desarrollo, los expertos consideran que la respiración podría convertirse en una herramienta complementaria para evaluar el bienestar psicológico de forma sencilla y no invasiva.
Qué ocurre en el cerebro cuando retenemos el aire
Las técnicas de respiración consciente suelen incluir momentos de retención del aire. Y, según la neurociencia, estos ejercicios pueden desencadenar cambios fisiológicos importantes.
Cuando una persona retiene la respiración, aumenta temporalmente la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en el organismo. Lejos de ser un simple residuo metabólico, este gas cumple funciones relevantes en distintos tejidos.
Díez explicó que el aumento de CO₂ provoca que los vasos sanguíneos cerebrales se dilaten para proteger al cerebro. Como consecuencia, aumenta el flujo sanguíneo cerebral. Este fenómeno, conocido como vasodilatación cerebral, podría influir en diversos procesos cognitivos. Algunas investigaciones sugieren que una mejor perfusión sanguínea favorece funciones como la memoria de trabajo, la atención y el rendimiento mental.
En los últimos años, la ciencia ha comenzado a prestar cada vez más atención a la relación entre respiración y salud mental. Diversos estudios han encontrado que prácticas como la respiración lenta, consciente y diafragmática pueden ayudar a reducir la activación del sistema nervioso asociada al estrés y la ansiedad.
La explicación es que ciertos patrones respiratorios activan el sistema nervioso parasimpático, responsable de las funciones de descanso y recuperación del organismo. Esto puede traducirse en una disminución de la frecuencia cardíaca, una mayor sensación de calma y una mejor regulación emocional.
Para Díez, apenas estamos empezando a comprender el verdadero alcance de esta conexión. "Estamos empezando a entender cómo la respiración puede ayudarnos a mejorar la salud mental y las funciones cognitivas", afirmó.