Muchas personas terminan el día con la sensación de estar mentalmente agotadas, incluso cuando no han realizado tareas especialmente exigentes. Aunque suele atribuirse este cansancio al trabajo, algunos especialistas señalan que parte del problema podría estar en otro lugar: la dificultad creciente para desconectarse y permanecer unos minutos sin estímulos.
Hoy es habitual llenar cualquier espacio vacío con contenido. Durante los traslados se escuchan podcasts, en las filas se revisan redes sociales y hasta las comidas suelen transcurrir frente a una pantalla. El resultado es una jornada en la que el cerebro recibe información de manera casi ininterrumpida.
Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que los momentos de aparente inactividad cumplen una función importante. Cuando dejamos de enfocarnos en tareas externas, entra en acción una red cerebral conocida como “modo predeterminado”. Lejos de permanecer inactiva, esta red se encarga de organizar experiencias, procesar recuerdos, reflexionar sobre situaciones recientes y dar sentido a lo vivido.
El problema surge cuando esos espacios desaparecen. Al recibir estímulos de manera constante, el cerebro tiene menos oportunidades para realizar ese trabajo interno. Algunos expertos describen este fenómeno como un estado de “atención parcial continua”, en el que siempre estamos pendientes de algo nuevo, pero rara vez concentrados por completo o descansando de verdad.
Esa acumulación de información sin procesar puede traducirse en una sensación de saturación mental que no siempre se resuelve durmiendo más horas. En otras palabras, no se trata únicamente de cansancio físico, sino también de una sobrecarga cognitiva.
Diversos estudios han mostrado, además, que muchas personas experimentan incomodidad cuando se quedan a solas con sus pensamientos durante algunos minutos. Esa tendencia ayuda a explicar por qué recurrimos casi automáticamente al teléfono cada vez que aparece un momento libre.
Frente a este escenario, los especialistas no proponen grandes cambios ni retiros de desconexión. La recomendación es mucho más sencilla: recuperar pequeños espacios de silencio a lo largo del día. Caminar sin auriculares, esperar unos minutos sin revisar el celular o comer sin una pantalla delante pueden convertirse en oportunidades para que el cerebro recupere parte de su equilibrio.
Al principio, estos momentos pueden resultar extraños o incluso incómodos. Pero con el tiempo permiten reintroducir pausas que favorecen el procesamiento mental y reducen la sensación de saturación permanente.
Los expertos aclaran, de todos modos, que estas estrategias están pensadas para el cansancio cotidiano. Cuando el agotamiento es intenso, persistente o está asociado a situaciones como una crisis personal, un duelo o una sobrecarga severa, es importante buscar apoyo profesional.
Con base en El Tiempo/GDA