La menopausia no solo marca el final de la etapa reproductiva, sino que también implica cambios hormonales que pueden afectar la salud metabólica. Entre ellos, aumenta el riesgo de desarrollar hígado graso, una enfermedad caracterizada por la acumulación de grasa en el hígado que, en sus etapas iniciales, suele no provocar síntomas.
La hepatóloga Ana María Vaquero explicó, en una entrevista con el programa Buen Día de Teletica, que la disminución de los niveles de estrógenos durante la perimenopausia y la menopausia reduce uno de los mecanismos naturales de protección del hígado.
Según la especialista, los estrógenos cumplen un papel importante en el metabolismo. Además de favorecer una distribución más saludable de la grasa corporal, ayudan a reducir la acumulación de grasa en el hígado y mejoran la sensibilidad a la insulina. Cuando sus niveles disminuyen, aumenta la probabilidad de desarrollar alteraciones metabólicas que favorecen la aparición del hígado graso.
La especialista aclara que la menopausia, por sí sola, no provoca la enfermedad. El riesgo depende de la combinación de distintos factores, entre ellos: sobrepeso u obesidad, acumulación de grasa abdominal, resistencia a la insulina, diabetes, colesterol elevado e hipertensión arterial. Por ese motivo, algunas mujeres atraviesan la menopausia sin desarrollar hígado graso, mientras que otras presentan un riesgo mayor.
Los expertos coinciden en que mantener un estilo de vida saludable puede reducir significativamente la probabilidad de desarrollar esta enfermedad. Las principales recomendaciones incluyen:
- Mantener un peso saludable.
- Consumir alimentos ricos en fibra.
- Reducir el consumo de azúcares y productos ultraprocesados.
- Realizar actividad física de manera regular.
- Dormir las horas suficientes.
- Mantener controlados la diabetes, el colesterol y la presión arterial.
Además de disminuir el riesgo de hígado graso, estas medidas contribuyen a prevenir otras alteraciones metabólicas frecuentes durante esta etapa de la vida.
Uno de los principales desafíos del hígado graso es que, en la mayoría de los casos, no produce síntomas durante sus primeras etapas. Muchas personas descubren que lo padecen recién durante un control médico o al realizarse estudios solicitados por otro motivo. No obstante, la fatiga persistente y el aumento de la circunferencia abdominal pueden ser señales que justifican una evaluación médica.
Con base en El Tiempo/GDA
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